José Martí, el adolescente infidente de Nelton Pérez Martínez
Desconozco si alguna vez se ha propuesto, específicamente como lectura para adolescentes y jóvenes, alguna obra premiada en el estimado certamen Alejo Carpentier que convoca anualmente el Instituto Cubano del Libro. Y como, en consideración de renombrados escritores y críticos, no existe literatura para determinadas edades sino buena o mala literatura, en esta ocasión les propongo el título Infidente, de Nelton Pérez Martínez, Premio Alejo Carpentier de 2015 –publicado de inmediato por la Editorial Letras Cubanas y presentado en diciembre de ese año en un memorable Sábado del Libro–, para celebrar además el aniversario 165 del natalicio del Héroe Nacional cubano, una conmemoración que estará presente durante todo el 2018 en los ámbitos culturales patrios.
Este es un texto dedicado a imaginar la estancia de dos meses de un Martí de 17 años, previa a su destierro en España, en la Isla de Pinos o Isla de la Juventud, como se conoce actualmente esta tierra chica que enriquece el archipiélago cubano. Acogido en la Finca El Abra, propiedad de José María Sardá, un rico comerciante catalán amigo del padre Don Mariano, el flaco y desgarbado José Julián, recién salido de las canteras de San Lázaro y bajo la grave acusación de infidencia, redirecciona los caminos de su vida, medita larga y profundamente sobre la existencia, y experimenta el amor primero y prohibido en el cuerpo sensual y también adolescente de una hermosa esclava, de nombre Dolores, cuyo fruto, llamado Víctor Hugo, permanece en el limbo de la historia oficial cubana, aunque se registra como parte de las fuerzas del general Lacret en la Guerra de Independencia de 1895.
Las peripecias martianas van en paralelo con las vivencias de otro joven, Mandy Lizaso Medina (quizás en este calificativo va un homenaje al propio Waldo Medina, insigne figura local de no poca importancia histórica), quien las investiga para su tesis de grado, pues estudia Historia en la Universidad de La Habana poco más de un siglo después (1979-1980), en un escenario igual de convulso pero bajo otras circunstancias y referentes temporales.
Es interesante el enfoque logrado por el autor sobre la personalidad del joven héroe. Como es sabido, a pesar de sus padres españoles –ella de Valencia, él de Islas Canarias–, al José Martí adolescente, soñador futurista y estudioso de las más avanzadas y embarazosas corrientes de pensamiento de su época bajo la guía de su maestro Rafael María de Mendive, se le despertó pronto el sentimiento de independencia y nacionalismo al percibir las injusticias y abusos de la metrópoli para con lo que consideraban su patio de servicio: las tierras colonizadas hacía ya tres siglos, y los nacidos en ellas, fueran hijos de españoles o peor aún: de cualquier otra descendencia, que empleaban en régimen de esclavitud. Resulta casi increíble tanta genialidad de quien a los 16 años de edad escribiera una obra poética de matices tanto románticos como modernistas en ciernes, como lo es el poema “Abdala”, donde traspola el conflicto hispano-cubano –y su propia historia familiar, en especial su relación con la madre y hermanas– hacia las remotas tierras de África; y logra transmitir a través de una dramaturgia impresionante, la noción y el valor de conceptos como nacionalidad y patria. Y en esta contradicción con sus padres y sus ideales sociales y políticos se centra Nelton Pérez Martínez, recontextualizando constantemente cada concepto y cada experiencia hacia el siglo veinte, alternándolas sobre la piel del universitario a quien preocupan y duelen iguales cuestiones.
Una de las aristas más curiosas y logradas de la obra es el manejo del lenguaje según la época, el estrato social y la formación intelectual de cada personaje, lo cual manifiesta la investigación acuciosa del autor en materia de estilística, pues remeda con éxito el hablar exclusivo no sólo del propio Martí, pleno de delicadezas lingüísticas y conocimiento profundo del castellano, sino de los españoles y de los distintos esclavos que lo rodeaban según su zona de procedencia en cada caso, lo cual amerita el reconocimiento a una labor de verdadera erudición. De la misma forma podemos disfrutar de una exhaustiva descripción de la naturaleza pinera, sus aves y plantas, sus paisajes y vistas desde diversos puntos de mira, a través de los lozanos ojos del Maestro.
Las motivaciones para escribir esta novela se hallan en la propia vida del autor, pues es la Isla de la Juventud su patria chica más reciente, de la cual conoce todos sus vericuetos y tradiciones. Así creó un relato para el Concurso Waldo Medina, ganado ya por Nelton en dos ocasiones, pero esta vez no pudo entregarlo en el plazo exigido, y decidió investigar y profundizar en su obra, expandirla al presente construyendo otro plano centrado en una ficción contemporánea análoga, enriquecida con experiencias intensas que vivió en parte, al estar presente en los mismos lugares que describe en su narración. Mas no solo se nutre de casos reales ocurridos en su entorno más cercano, sino de vivencias de amigos, vecinos, conocidos y parientes, que vuelca de manera artística en las páginas que serán justamente galardonadas. Este otro relato confiere vigencia y actualidad a la dimensión humana de los conflictos tratados, pues el joven universitario sufre de manera parecida la incomprensión de sus semejantes durante el éxodo migratorio por el Puerto de Mariel, cuando su familia se expatría definitivamente y él se queda para presenciar situaciones tan dolorosamente viscerales como las vividas por el objeto de su estudio. Sin embargo, un detalle que atenta contra la excelente dramaturgia de la obra en general es la consecución demasiado apresurada del desenlace de este plano narrativo.
Para recrear la visión de la querida Isla de 1870, Nelton acude a los esbozos de Raymundo Cabrera, contemporáneo de Martí y padre de Lidia Cabrera, quien también fuera deportado al terruño en su época. Cita igualmente el autor como influencia, su lectura de la obra de Guillermo Cabrera Infante entre otras referencias epistolares y verbales que, de tantas, es imposible enumerar. En especial homenajea, otorgándole el rango de personaje, a una importante fuente que le ofreció inestimable ayuda documental: Carmen, la tutora del estudiante; y aparece literal la referencia a Raúl García Martí, sobrino del Apóstol por la vía de su hermana Rita Amelia, quien murió en un asilo del Cerro y fue enterrado como un desposeído en 1982, en una tumba incierta del Cementerio de Guanabacoa. Considero más que suficiente la mención de estos elementos para despertar la avidez suprema del lector interesado en conocer misterios y acontecimientos de los que apenas se había especulado sobre la vida del Maestro, o que han permanecido ocultos a la vista pública y que, como Miguel de Cervantes a través de su Quijote, Nelton nos entrega o sugiere como veraces, mediante el guiño de la ficción, sin el más mínimo temor al escándalo y con la precisión de un científico investigador que aporta datos, citas, notas y referencias a través de un suculento formato literario.
Como jurados de este premio fungieron tres escritores de la actualidad literaria cubana: Francisco López Sacha, Dazra Novak y Rafael de Águila. Michel Encinosa Fú fue el editor y corrector de estilo de la obra, que incluye diferentes formas elocutivas que se alternan y dinamizan la diégesis (diálogo, narración, descripción), distintos géneros literarios (epistolar, lírico, épico), así como croquis y esquemas como el de la casona de El Abra, construcción única en Cuba que merece una restauración y un mantenimiento constantes por ser una transculturación de las masías catalanas, un valor que pone en evidencia el autor para la historia del arte arquitectónico nacional. El diseño de cubierta fue realizado por Alfredo Montoto Sánchez a partir de las ilustraciones del artista de la plástica cubana Carlos Reyna, otro aporte que dignifica plásticamente esta edición.
Nacido en 1970 en el poblado de Manatí, provincia de Las Tunas, Nelton Pérez Martínez egresó de la primera graduación del Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso” que dirige el destacado escritor y periodista Eduardo Heras León. Ha sido merecedor de numerosos premios y reconocimientos locales, nacionales e internacionales, no sólo en narrativa de ficción, como Apuntes de Josué 1994, que cuenta con una edición ibérica del 2001 y El Enigma y el Deseo, Premio de Novela Erótica “La Llama Doble” 2004; sino también en ensayo con El escritor y sus laberintos: Guillermo Vidal, Premio de la Ciudad de Nueva Gerona del 2000, y en poesía, donde podemos encontrar los títulos Epístolas Insulares, Premio Paco Mir 2005; Conteos nocturnos, Paco Mir 2010 y Soledades concurridas, de grata lectura. Además, su poemario Maldito evangelio insular, obtuvo el Premio Internacional Letras en la Frontera 2013, a cargo de la UNAM-San Antonio, en Texas, Estados Unidos. Pérez Martínez ha sido jurado en varios certámenes literarios nacionales y participa activamente en las Ferias Internacionales del Libro, presentando y promoviendo las creaciones de otros colegas. Asimismo, colabora con publicaciones digitales cubanas y tiene un espacio mensual para la literatura en su amada Isla de Pinos, donde otrora pasara el infidente José Martí dulces días previos a su partida a través del océano, rumbo al destierro.
