Roberto Méndez Martínez, un escritor de este tiempo
No es difícil demostrar que los laureados sentimos alegría, lo que resulta más complicado es decir exactamente por qué. Podría aventurarme a explicar que porque este premio demuestra que muchas horas de trabajo no fueron inútiles y también porque nos señala ante los lectores como creadores de nuevos mundos, dignos de ser compartidos y también porque cuando se extienden por el planeta la indiferencia hacia los libros auténticos y una de sus más peligrosas consecuencias, el más ramplón pragmatismo, encontramos, aquí y ahora, un oasis, una apuesta por la cultura y por la auténtica universalidad.
Es cierto, no hay muerte más terrible para un escritor que ver ignorada su obra, inéditos sus empeños, o ultrajadas sus escrituras por la miseria, la desidia o la mala voluntad. Porque eso significaría que no ha podido cumplir con la misteriosa función de la literatura: ilustrar, sanar, hacer más perfecto al mundo al convertir en poesía sus misterios. Eso lo sabía José Lezama Lima, y con una cita suya quiero dar fin a estas palabras: “¿Misión de la literatura? Quitarle horas al sueño y profundizar el sueño. Llegar como Marco Polo al KublaKhan. Como Coleridge, ensoñar a KublaKhan. Buscar el camino del caballo como en la cultura china y encontrar el de la seda. Quedarse absorto, preguntar por qué algunos campesinos se persiguen delante de un árbol sagrado como la ceiba.
Los anteriores planteamientos son fragmentos de las Palabras de Agradecimiento, en nombre de los laureados, del prestigioso escritor Roberto Méndez Martínez, durante el recién concluido certamen de entrega de los Premios de la Crítica Literaria 2017. Méndez Martínez es distinguido esta vez por su obra Plácido y el laberinto de la ilustración, “en la que problematiza los temas abordados, el estilo seminovelesco que asume en los capítulos y el afán sacralizador al mismo tiempo sobre una figura de la literatura cubana todavía en deuda con la crítica y con la Academia”.
Merecedor de diversas distinciones, en este siempre infatigable hombre de letras sobresalen no solo su modesta y sincera contribución en la siempre difícil búsqueda de nuevos mensajes en relación con hechos y figuras de la literatura cubana y la Historia, sino también su amplio bagaje cultural que lo hacen ser una de las personalidades de la escritura contemporánea más comprometida y exquisita con los estudios e investigaciones de nuestros padres pensadores, y de la vida y la obra martiana en general.
Durante un breve contacto con este escritor durante el otorgamiento de los Premios de la Crítica Literaria, expresó:
Estoy iniciando una tarea de documentación para mi próxima novela, algo que siempre realizo con mucha seriedad, como si fuese a escribir un ensayo, al necesitarse de mucha información al respecto. No obstante no me he resignado a cerrar mi ciclo de ensayos sobre poetas cubanos —ciclo iniciado anteriormente con José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Plácido—, y es probable que la próxima figura a trabajar llegue a ser nuestro José Martí, visto especialmente a partir del tema de la espiritualidad de su obra. Esto nace de un ensayo breve que me solicitó la Academia Cubana de la Lengua, con vista a la edición que se llevará a cabo por la Real Academia de la Lengua de las Obras Escogidas de José Martí. Habrá un breve trabajo de mi autoría acerca de este tema, pero haciéndolo sentí que podía convertirse en un libro.
Acerca del género Ensayo, quien escribe no olvida su respuesta hace un tiempo durante una entrevista que le realizase para el sitio web Librínsula Digital, de la Biblioteca Nacional José Martí:¿Qué el ensayo para usted?
Es algo extremadamente personal: es tomar la pluma y discurrir sobre un tema en particular aunque no haya citas, o bibliografía con libros de los dos últimos años, o aunque no haya eruditas notas a pie de página. Hay dos mundos diferentes: uno, el de la investigación literaria, artística, filosófica y otro, el del ensayo, que supieron cultivar maravillosamente tantos autores cubanos. Martí es uno de los ejemplos más versátiles de la ensayística cubana y universal.
Cuando Martí se sienta a escribir sobre Emerson, Whitman o sobre Nuestra América, está realizando una labor enteramente personal que no tiene nada que ver con ese estilo mucho más académico de un José Antonio Saco, quien toma notas, emplea tablas, coloca referencias… porque está escribiendo una historia de la esclavitud extremadamente erudita. Lo que escribe Saco en un tomo, Martí lo resuelve de manera brillante tan solo en una página.
El género ensayístico en la actualidad opina que no desaparece, sino que a veces está pecando entre nosotros de ser demasiado informal, erudito, con muy poca impronta personal del autor, y esto es algo que hay que evaluar mejor en los concursos literarios que se convoquen. Estimo que el mejor ensayo no es aquel que tiene mayor cantidad de información, ni bibliografía más actualizada, es aquel que dice algo nuevo.
