Aguas que juegan
Aguas que juegan es el título de la tertulia que conduce la locutora Lucía Pérez Velázquez, de la emisora provincial Radio Cadena Habana, y tiene como sede habitual la sala García Lorca del capitalino Centro Cultural Dulce María Loynaz (CCDML).
Los objetivos fundamentales de dicha tertulia, donde participan estudiantes de las enseñanzas primaria y secundaria básica, son incentivar la apreciación estético-artística de la literatura, así como la promoción de la producción intelectual y espiritual de la poetisa y escritora Dulce María Loynaz (1902-1997/Premio Cervantes de Literatura 1992 y Premio Nacional de Literatura 1987), la literatura infanto-juvenil y la obra de los pequeños príncipes que cultivan la prosa y el verso para enriquecer la mente y el alma de niños y adolescentes.
En esa ocasión, la invitada especial fue la poetisa y narradora Magaly Sánchez Ochoa, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Con la delicada voz de Dulce María, como telón de fondo, Sánchez Ochoa le explicó al público cómo fue que se le despertó la vocación hacia la literatura, dirigida a niños, adolescentes, jóvenes y adultos: por un hecho que le sucediera durante la lucha frontal contra la sanguinaria dictadura batistiana; situación de la que fuera testigo de mayor excepción. A partir de ese momento, comenzó a gestarse y desarrollarse la escritora que —desde esa ya lejana época— lleva en lo más profundo de su mundo interior.
Posteriormente, leyó algunos relatos cortos que —según precisó— le brotaron del alma, al igual que la poesía y la música. Por otra parte, destacó el valor de la lectura para ensanchar el universo cultural de quienes —al decir martiano— “saben más de lo que parece”; por esa razón, “para ellos trabajamos [con amor y pasión], porque son los que saben querer”.
La intelectual habanera recomendó a niños y adolescentes que asistieron a esa cita vespertina, que interiorizaran e incorporaran a su estilo de vida el hábito de la lectura, no solo para adquirir disímiles conocimientos, ya que —para el Apóstol— “leer es crecer”, sino también para echar a volar la imaginación y la fantasía que identifican a esas edades privilegiadas del ciclo vital humano.
Una vez finalizada su puntual exposición, Magaly Sánchez Ochoa le cedió la palabra a una adolescente que escribe poesía y prosa, ha participado en varios certámenes poético-literarios, y ha obtenido numerosos reconocimientos. Para satisfacer las necesidades cognoscitivas y espirituales del auditorio, leyó algunos de los textos laureados en dichos concursos.
Por último, se estableció un fluido diálogo acerca de temas relacionados con la literatura infanto-juvenil, cómo los poetas y narradores que escriben para los Ismaelillos deben liberar su yo niño, conocer al dedillo los cuadrantes esenciales en que se estructura la personalidad infanto-juvenil, y utilizar los mismos códigos lingüísticos empleados por los príncipes enanos para comunicarse entre ellos.
