"Soy ante todo una obsesiva de las palabras"

Cuando entre los correos promocionales que envía el Instituto Cubano del Libro, leí por el 2014 el nombre de mi colega Yenys Laura Prieto, como invitada al espacio Páginas inéditas, no supuse que la joven fuera, además de una excelente periodista, poeta; sin embargo, bastó escucharla hablar de poesía y conocer algunos de sus trabajos líricos para asumirla como una garantía dentro del ramo.
Por esos días había ganado el premio Alejandra Pizarnik, por un proyecto de poemario titulado Memorias de un hombre adyacente. Hoy gana uno de los más prestigiosos certámenes que tienen lugar en la Isla, el David de Poesía, que otorga la UNEAC, por el libro Secuencia de baile popular.
Te oí en una ocasión defender con razones poderosas el verso libre. Secuencia de baile popular los acoge. ¿En el poemario están los resortes emocionales que sacuden en estos tiempos a Yenys Laura? ¿O solo aparecen algunos?
–Creo que el poema es un acto de extrema libertad. El simulacro también es parte de la escritura, pero incluso el camuflaje entraña siempre una verdad, una apuesta que nos revela. El verso libre soy yo misma estallando, fluyendo, muriendo a veces, oxidándome. Disfruto esa libertad aunque no demerito el valor de la poesía rimada. Prefiero el verso libre porque dialoga mejor con mis velocidades, con mi mundo interior. Los resortes emocionales que me sacuden han cambiado poco. Escribo porque siento miedo. Le temo al desgaste, a la desidia, a la corrosión de todo lo que amamos, a la contundencia del silencio.
Entre las tantas que pueden hallarse ¿cuál es la emoción que reverencias en el poemario?
–Es difícil definir una sola emoción. Creo que el libro es un estallido entre la fe y el descreimiento, entre lo que nace y lo que muere, entre lo liso y lo poroso. Crece sobre esas contradicciones. Por eso puede ser un libro difícil. La “secuencia” no es solo una continuidad de paisajes yuxtapuestos al azar, es también un tejido que dialoga con verdades más profundas sobre nuestra condición de cubanos. Es un libro tenso que escapa de las postales de viaje, que se construyó con muchas preguntas y que a veces parece más cerca de la sociología o la antropología que de la poesía misma –pero solo si negamos la transversalidad del discurso poético.
El “baile popular” es quizás el pretexto que me permite dialogar con los giros, los sonidos, las cadencias, las caídas, las improvisaciones, de nuestro espacio común. Sin embargo; no es un cuaderno sobre danza, sino sobre ciertas “ritualidades”, ciertas “devociones” que nos definen.
En la poesía que firmas está Cuba. ¿En qué dimensiones líricas sientes que es o está más ella?
–Cuba no es solo un espacio geográfico, determina una condición espiritual que tiene que ver con la resistencia, con la velocidad, con la presencia del agua, el salitre, como factores determinantes. Soy cubana y me interesa discursar sobre lo que somos, sobre lo que hemos sido, sobre nuestras esencias; no sin el miedo a equivocarme, no sin el temor de errar.
Antes de escribir poesía, hay un proceso interior que avisa. Descríbeme qué sucede en ti cuando estás a punto de hacer el poema. ¿Cómo es el proceso?
–Respeto a quienes confiesan escribir desde el oficio curtido. No es mi caso. Creo en el misterio de la palabra que te comienza a rondar, que se desgaja, que te sorprende. El poema llega de golpe, no me gusta reescribir, no me gusta dejarlo en pausa y volver después sobre él; aunque confieso que a veces es necesario ese proceso de pulido.
Ya hace tiempo que escribes, ¿cuáles empiezan a ser tus temas recurrentes, los que sabes te van a acompañar siempre?
–Escribo sobre las mismas pulsiones que mis ancestros. En el centro de todo está siempre el amor y la muerte. En ese sentido somos animales reescritos, revisitados, repetidos. No creo en la originalidad pero sí en la singularidad de la voz, y sobre todo en su derecho a existir en medio de esa polifonía. Me interesa abordar el viaje interior, la historia mínima de las personas que me rodean; del mismo modo en que aparece la familia, la casa, la relación con el cuerpo, pero también la historia y la cultura (a diferentes escalas) como construcciones sociales.
De la vida a los versos… ¿cuál es el misterio para conseguir escribir la vida?
–Nadie consigue escribir la vida sin secuelas. Aprendí que siempre es difícil cantarle a la bala.
Te apasionan los poetas malditos. ¿Crees que te han influenciado? ¿Por qué?
–Tengo un altar enorme donde está César Vallejo el primer poeta que leí con deslumbramiento en la adolescencia temprana, pero después encontré a los benditos “malditos”, a la poesía simbolista francesa, a los expresionistas alemanes, la poesía surrealista y tantos otros que me han invitado a “bailar” con ellos, a dejarme seducir.
De vez en cuando enciendo una vela a Baudelaire, Verlaine, Henry Michaux, Georges Bataille, Jean Arp, Adrienne Rich, Anne Sexton, Jacques Prévert, Wislawa Szymborska, Gottfried Ben… La lista es interminable y todas esas tumbas pesan sobre mi cabeza. A Cuba la sostiene una larga tradición poética de la cual me siento deudora. También en nuestro país tengo muchas sombras tutelares. Mi altar de vivos y muertos es muy grande.
¿Poeta o poetisa?
–Soy ante todo una obsesiva de las palabras, de su tejido. No me interesa que me nombren. A veces no sé qué soy. Pero tengo palabras y obsesiones. Y ellas abren el camino conmigo a cuestas. Me gusta el término de poeta, es más sencillo y nos iguala.
¿Qué es para ti, emocionalmente, un verso?
–El verso es siempre un desgarramiento, una sospecha, una duda.
¿Para qué sirve la poesía?
–La poesía sirve para sentir que no estamos solos. (Creo haberlo leído en alguna parte y quedó como una marca en mí). El verso descubre bellezas en nuestras fragilidades. A veces las palabras nos colocan en un núcleo que atenúa las durezas de la existencia. No sé si soy poeta –por respeto a mis muertos– pero puedo decirte que me aferro a ese centro desde donde escribo. Eso no significa que no sea consciente de la inutilidad final de la poesía, de su gesto trágico, pero como reza uno de mis versos "todavía me quedan muchas capas para resistir".
