Zardoyas a tiro de línea
La metáfora es una especie de madre contenedora del ejercicio de la figuración retórica. De ahí que la mayoría de las definiciones que la abordan parezcan incompletas y tiemblen al ser interrogadas en relación con el sinnúmero de tropos y figuras que en su composición se asocian. Desde las preceptivas clásicas hasta las de la semiología contemporánea, la acompañan y les sirven. Luego de años de estudiar el papel de la figuración en los distintos sistemas de expresión cultural, desde la creación individual profesional hasta las manifestaciones populares, me inclino a ceder ante la posibilidad de definirla. Apunto solo que el común del abultado conjunto de las definiciones consultadas estriba en el carácter sintético del sentido que adquieren los términos que la metáfora coloca en relación, para su propio sentido. Su capacidad de significación es tan potente, y tan abierta al juego de la polisemia, que con frecuencia podemos prescindir de la preocupación por las inexactitudes en el terreno árido de las definiciones.
Es lo que ocurre con el arte gráfico con que Zardoyas se expresa: las tradicionales definiciones de humor o dibujo reclaman constantes subversiones ante su sorprendente capacidad para metaforizar. La síntesis que entre significación y dibujo se produce integra los modos de figuración en un ejercicio metafórico inquietante, llamativo, capaz de sonsacar diversas reflexiones. En la mayoría de sus piezas no hay un sentido preciso de interpretación, sino un reclamo a trabajar con la metáfora, a reordenar el sentido, a metaforizar de nuevo si es preciso. Es la virtud primaria del arte que en la obra de Zardoyas se expande con naturalidad.1
Su línea es en principio clara, definida, ajena a los detalles de identificación del ser humano en que, paradójicamente, se concentra. Esta dicotomía entrampa las anfibologías a que conduce el sentido posterior de cada estampa y anuncia que el camino de su creación transita a través de la interpretación de dos elementos básicos para la creación humorística: el uso de la paradoja informacional y la revelación de conductas sociales disyuntivas.
¿Están desnudos o vestidos los desnudos personajes de Zardoyas? ¿Tienen o no rostro esos seres sin rostro? ¿Denuncian o subvierten el sentido social de las humanas actitudes que en sus viñetas se revelan?
Por ejemplo, ¿qué conclusiones sacaríamos al ver a un hombre cabalgar una PC, fusta y bridas en mano? Una interpretación inmediata y conformista satirizaría a un usuario torpe y despiadado de la tecnología. Con ello el objetivo de la pieza pudiera quedar feliz y resarcido. Sería válido y justo: mientras conmuta una risa inteligente y cómplice nos regala un dibujo de elegante síntesis. No obstante, y como ocurre en la mayoría de la obra de los humoristas gráficos, en la de Zardoyas se producen constantes sinécdoques y metonimias cuya significación depende de la relación establecida a partir de la propia norma del dibujo, de la sugerencia ilimitada del trazo sobre la superficie. Aunque el trabajo de este autor, valga la precisión, se desmarca de la anfibología pura de la línea para dotar de sentido el resultado.

Como bridas, este jinete de PC esgrime los cables conectores del monitor, cuya pantalla apunta hacia adelante, como una proa de barco o, justo, como una cabeza de caballo, en tanto el mouse figura una cola que termina por convertir al instrumento en una bestia. La lógica de representación del hecho presentado se quiebra a favor de la figuración; risa y sentido se asocian sin dar lugar a la posibilidad de separarlos. La manipulación del absurdo metonímico mediante el arte del dibujo –que relaciona arbitrariamente a una computadora con un caballo y a su usuario con un jinete, con espuela y todo en el tobillo– adquiere una lógica comunicacional que subvierte las normas de ese mismo absurdo con los elementos gráficos. Al renunciar al detalle, consigue recomponer el sentido justo a través del detalle, que adquiere un valor mucho más intenso en el sintético conjunto. Como es posible demostrar en muchos otros ejemplos relativamente análogos, la ruptura común que el arte del absurdo impone por definición de uso, se reconstituye a través de elementos asociados y detalles.
En otra estampa, un hombre asciende por la escalera que él mismo ha ido dibujando. Es en principio un resultado del ingenio que el propio oficio brinda, un acto de denotación estrictamente gráfica que confluye en la risa, aunque, una vez que ascendemos al ámbito del sentido y postergamos la risa de la que ya hemos disfrutado, esa escalera connota disímiles significados y conduce a un nuevo ámbito de análisis. Hay, pues, semiosis a partir del dibujo en apariencia elemental. La paradoja informacional de la escalera imposible que estamos presenciando completa su sentido con la escalera real que el artista se permite descubrir. No hay por qué describirla, aunque la descripción primaria es su punto de partida para dejar en el interior de la risa del receptor los posteriores caminos del ejercicio semiósico.

En otro cuadro de los varios que figuran conflictos en las relaciones de parejas, el hombre se inclina para abrir la gran gaveta que representa a los genitales de la mujer en tanto ella tira de una pequeña gaveta que sale de su cerebro. De la doble sinécdoque humorística gaveta-genitales pasamos a la metaforización del intercambio de valores en la relación. La gran gaveta femenina no es solo, aunque en principio lo sea, un espacio de erotismo vasto, sino también un interior que supera al masculino. Surge un conflicto de género que ha de llevarnos más allá de la dicotomía primaria de los sexos que la risa propone. Y ese conflicto genérico no solo arrastra la diferenciación sexual, o erótica, sino también la esencia entre individuo y colectividad. Todo sin más detalles que un elemento funcional cotidiano puesto en la inesperada relación que el ejercicio del humor reclama. Por ello la risa es menos exterior y mucho más duradera en la conciencia.

El empleo de la línea definida que representa a indefinidos personajes contiene la esencia dicotómica en la obra de Ramiro Zardoyas, un artista cuyo trabajo merece acercamientos valorativos que hagan justicia a la profundidad polisémica de sus mensajes. El recorrido por su página web es además recomendable para disfrutar, sencillamente, de un humor perturbador, inteligente y grato. Verlo a tiro de línea nos deja la placentera sensación de que necesitamos pensar más en lo que muestra, apoyándonos, qué bien, en el resorte de la risa.
1 Véanse varias colecciones de la obra del autor en el sitio Zardoyas.
