Fidel, exponente de la intelectualidad cubana

El proceso revolucionario era el centro de la vida intelectual del país en 1961. En junio, ya la Revolución controlaba directamente todo el sistema escolar y todos los medios de comunicación, y se planteaba la necesidad de transformar la Universidad; seis meses después se promulgó la ley de reforma universitaria. La mayor revolución intelectual de 1961 fue, con mucho, la Campaña de Alfabetización, un acontecimiento intelectual incomparable por su contenido, su alcance transformador y su trascendencia. La gran invasión no fue la de Girón, fue la de los alfabetizadores por toda Cuba. Los héroes intelectuales del año sesenta y uno se llaman Conrado Benítez y Manuel Ascunce, y la canción de tema intelectual más importante comienza así: “Somos la Brigada Conrado Benítez…"
Así planteó en su escrito Cincuenta años de Palabras a los Intelectuales1 el prestigioso ensayista cubano Fernando Martínez Heredia, al rememorar uno de los hechos más importantes de inicios del triunfo de la Revolución cubana en el que escritores y artistas, reunidos en la sede de la Biblioteca Nacional José Martí, -16, 23 y 30 de junio de 1961-, intercambiaron y debatieron junto a la dirección máxima de la Revolución y, en especial junto a su líder Fidel Castro, sobre el nuevo proyecto cultural revolucionario. El país se debatía dentro de un contexto de guerra abierta y encubierta del imperialismo norteamericano contra la Isla, con una secuencia de hechos políticos que trazarían el rumbo posterior de una joven y genuina Revolución en el poder. Entre otros hechos, podríamos citar la derrota infligida por nuestro pueblo contra una invasión mercenaria –la mayor derrota sufrida por el imperialismo en tierras de América Latina--, en abril de 1961; la aprobación, meses después, de un plan subversivo de agresiones contra Cuba (Operación Mangosta), además de la existencia de bandas contrarrevolucionarias –apoyadas y subvencionadas por el gobierno de los Estados Unidos--, en diversos puntos montañosos de la Isla.
No se trataba tan solo de la toma del poder político, sino también de la creación de una nueva cultura, diferente y superior a la del capitalismo que durante cerca de seis décadas estuvo presente política, ideológica y culturalmente en los predios intelectuales. Es por ello que, al cumplirse un año más de la partida física de Fidel, es fundamental analizar la importancia de lo acontecido durante aquella reunión y qué aportes ha dejado, como memoria histórica, para el desarrollo cultural cubano en estos momentos de cambios y transformaciones dentro y fuera de nuestras fronteras.
Una de las frases de las intervenciones de Fidel más llevada y traída durante años ha sido: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada…”, expresión que se ha tratado de tergiversar contrariamente a lo que significó en un momento determinado y dentro de un contexto de continuas agresiones desde el exterior, de actos vandálicos y, en lo fundamental, de profundo desconocimiento político-ideológico por parte de algunos quienes, al verse totalmente desarmados ante la nueva realidad cubana que iba surgiendo y se iba imponiendo, decidieron tomar el camino del exilio o del supuesto pronto retorno. Sin embargo, y retomando nuevamente otra expresión del Comandante en Jefe de aquella misma intervención, en tono inclusivo y antidogmático: “La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”, y añade: “La Revolución debe tener la aspiración de que no solo marchen junto a ella todos los revolucionarios, todos los artistas e intelectuales revolucionarios (…) la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario (…) La Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo”.
Comienza a esbozarse en Cuba y, para ejemplo de toda América Latina y el mundo, una nueva política cultural, desprovista de ataduras de otros valores y principios dominantes y expositivos, de una publicidad banal y desvalorizadora de las identidades de nuestros pueblos. Había que dar, de una vez por todas, configuración artística y fundamento conceptual a la imagen de Lo Cubano, esencialmente, a través de los medios de difusión --dominio hasta pocos meses antes del triunfo de enero de 1959, de consorcios extranjeros y de sus servidores nacionales--, al igual que era razón urgente la acometida de un sistema de publicaciones dirigido a renovar toda la interpretación y la temática de la historia socio-política del país.
Asimismo, y contra el rechazo a la injerencia y la penetración dominadora de Estados Unidos también se movía el reconocimiento de toda esa intelectualidad vinculada en un nuevo movimiento por mantener la identidad cultural, y en condiciones difíciles para la Nación, debido a la penetración a que se vio sometida durante décadas de dominación colonial y neocolonial. Eran momentos de definiciones y de unidad entre el pueblo revolucionario e intelectualidad revolucionaria, entre vanguardia política y vanguardia intelectual.
Los cambios se fueron manifestando a través del tiempo y de forma constante. Así se crean, inicialmente, la Casa de las Américas, el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); instituciones como el Ballet Nacional de Cuba (BNC) resurgen gracias al retorno de su primera figura, la universalmente reconocida bailarina Alicia Alonso.
Grandes obras de la literatura universal fueron editadas y vendidas a precios módicos para disfrute del pueblo, de manera muy especial, durante las ferias internacionales del libro, además de la celebración de tertulias literarias, históricas y científicas organizadas en importantes y céntricas zonas y calles de todo el país, actividades que cobran cada vez más interés por parte del público asistente.
Igualmente y, entre otras muchísimas tareas, fueron organizados los foros sobre estudios e investigaciones de la Historia de Cuba, no como reuniones cerradas, sino como tribunas abiertas distribuidas a todo lo largo y ancho del país. La Historia, como obra de la cultura popular, con vista a ser analizada e investigada a profundidad, con la mayor veracidad y crítica constructiva.
Mas, todo momento histórico nunca estará exento de cambios y transformaciones y, en estos momentos, constituyen elementos inviolables para cualquier intelectual y ciudadano de este pueblo no solo la unidad, sino también el ejercicio de la crítica; de la crítica constructiva. De esa acerca de la cual nuestro José Martí expresara:
Criticar no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrase impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intenso el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella (…) Criticar es amar.2
Y como figura creadora e impulsora de todo este gran movimiento y diálogo cultural entre pueblo e intelectualidad, la figura de Fidel, como otro exponente de la intelectualidad cubana. Otro honor que dignifica, fortalece y que exhorta a avanzar muy unidos todos en las enseñanzas y reflexiones del Líder de la Generación del Centenario.
1- Un texto absolutamente vigente. A 55 años de Palabras a los Intelectuales (junio de 1961). Ediciones Unión 2016. Compilación de Elier Ramírez Ca;edo.
2- Martí, José. Obras Completas. T. 15, p. 94. Fragmentos del discurso pronunciado por José Martí en el Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa, el 21 de junio 1879.
