Sed de Belleza, en Feria
En la actual Feria del Libro, nadie puede poner en duda el papel de vanguardia demostrado por los más jóvenes.
Santa Clara defiende y apuesta por la literatura joven del país, así se evidenció con la presentación de títulos en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba donde la poesía, narrativa y el ensayo se dieron cita para darnos a conocer lo mejor de un catálogo con una calidad y belleza que hace honor a su nombre: ¿Dónde estás? Ontología del teléfono móvil, de Maurizio Ferraris; El Quijote como juego, de Gonzalo Torrente Ballester; El juramento de Atocha, de Azzedine Mihoubi; Círculos de cal, de Yonnier Torres; Decimerón, de Yamil Díaz Gómez. Las seis en punto, de Elizabeth Reinosa Aliaga. País sobre las aguas, de Laura Domingo. Las herrumbres dormidas, de Dianet Espinoza Barbán. Geometría interior, de Yainier Salazar Benítez. PowerShot, de Yunior Fernández Guerra.
PowerShot “es una marca de cámaras fotográficas, y un título muy acertado para un libro, que además de girar en torno a la fotografía es eso, un disparo de poder, una denotación instantánea y poderosa tras la cual queda la imagen, impecable, dura, demoledora, desgarradora”. Fotografía y sexo, morbo y dinero. El ojo atento a toda imagen capaz de inspirar placeres sensoriales.
La propia Déborah editó y el título infantil Las seis en punto. La autora Elizabeth Reinosa Aliaga, comentó: "Lo concebí hace como ocho años, inspirada en el libro de Emerio Medina, El preferido de la Luna. La seis en punto es un lugar que existe en Cauto Cristo, está entre Holguín y Bayamo. Lo escribí para abrir una puerta a la imaginación de los niños".
Geometría interior, de Yainer Salazar Benítez, muestra la fuerza creativa de este manzanillero, con una prosa poética filosófica que resalta por su madurez: “Caos. Toda muerte implica génesis. Hemorragia de figuras cambiantes. Cuadro impecablemente blanco. O aparentemente impecable”.
Idiel García es el motor impulsor de estos jóvenes que han demostrado que editar libros es un arte, donde todos, diseñadores, correctores, editores deben ser multifacéticos. El producto artístico por el que trabajan es bello, y son profundos porque tienen mucho qué decir y saben cómo hacerlo.
