Un beso sincero y nunca tardío a la mujer cubana, de José Martí

Una vez más este día de celebración del 8 de Marzo hay que tener muy presente en nuestra memoria el Epistolario Martiano dedicado a la mujer lleno de amor, delicadeza y de canto a la vida y al futuro.
En el caso de la madre de José Martí, hasta la fecha se conservan seis epístolas dirigidas a ella. Una, escrita cuando siendo niño viajó a Hanábana con su padre; otra en la adolescencia, durante su permanencia en presidio, caracterizada por su gran carga emocional y tristeza. En cada una de las misivas dirigidas a la madre, Martí siempre alude a la confianza depositada en ella y, en especial, le comenta sin temor sus aspiraciones como joven de definitivo pensamiento revolucionario: “A otros puedo hablar de otras cosas. Con Ud. se me escapa el alma, aunque Ud. no pruebe con el cariño que yo quisiera, sus oficios”.
Igualmente está su petición a la lectura de sus versos, en la carta de enero de 1892, en la que le exhorta a que “lea ese libro de versos: empiece a leerlo por la página 51. Es pequeño, es mi vida”.1
Tres misivas se conservan del Apóstol dirigidas a sus hermanas. Una, dedicada a Ana y las demás a Amelia, todas desde el exilio. A Ana le escribió en España en 1873, y a Amelia desde Nueva York, en enero de 1882 y el 28 de febrero de 1883.
A ellas les hablaba con suma delicadeza, valorando siempre el lenguaje y la forma en que debía ser tratada una mujer, su imagen, la que amó intensamente. A sus hermanas las describe como mujeres de altos valores morales y de indiscutible belleza. Utiliza versos como los siguientes al dirigirse a ellas:
Corta es mi carta, mas si bien la peso,
me une a tu imagen tan estrecho lazo,
que es cada frase para ti, un abrazo,
y cada letra que te escribo, un beso.
En cada una de las misivas dirigidas a sus hermanas Martí les habla como el hermano mayor, siempre celoso a que atiendan sus consejos derivados de decoro, pureza y dulzura, atributos que deberán tener por siempre. A Amelia le aconseja que debe elegir bien a sus enamorados y no dejarse guiar “por el primer impulso romántico que le conmueva”, advertencia sincera y veraz a partir de sus experiencias vividas como hombre. En las despedidas de sus cartas lo hace muy tiernamente: “Nadie nunca se ha dado mejor abrazo que este que te mando. ¡Qué no tarde el tuyo!”.
Dirigidas a su esposa, Carmen Zayas Bazán, se encuentran tres misivas. Una, desde La Habana en 1879; las otras, desde Nueva York, en 1881 y 1882, caracterizadas por los especialistas de su obra “como informativas y escuetas”. En ellas se hallan algunos comentarios a sus proyecciones futuras, bien definidas: “Nada por mi placer, todo por mi deber; todo lo que mi deber permita, en beneficio de los míos (…) Si fuera dueño de mi fortuna, lo intentaría todo por su beneficio: lo intentaría todo. Mas, no soy dueño y apago todo sol, y quiebro el ala a toda águila”.
La vida y la obra de nuestro Héroe Nacional José Martí para siempre serán, entre otras muchas enseñanzas, experiencias personales y vivencias políticas y culturales, un beso sincero y nunca tardío a la mujer cubana.
1- Martí, José. Obras Completas. Tomo 27.
