"Cada escritor es una isla, un mundo"
A Anisley Miraz la conocí hace años en lecturas conjuntas, compartiendo antologías. Lleva en su obra literaria tanta humanidad como honestidad, valores que hoy comparte con nosotros en esta conversación.
¿Cómo te inicias en la literatura?
En mi caso puedo decirte que tuve una estancia en el vientre de mi madre un tanto convulsa, pero una infancia preciosa. Para mi suerte, crecí en un hogar inmejorable, lleno de amor y de esa magia con que los adultos buenos siempre obran a la hora de tratar con niños, sobre todo los abuelos. Ellos, mis abuelos, y mis bisabuelos, me dieron todo lo que una niña puede desear, y mucho más. De ellos aprendí a dar valor a las pequeñas maravillas, a valorar lo esencial, a ver un cosmos en ese patio inmenso donde soñábamos la vida, a creer en los duendes y los Reyes Magos, a tocar la cima del mundo en un simple columpio de madera. Y me compraron muchos, muchísimos libros, alimentaron mi apetito espiritual. Eso me ayudó a escribir. Escribí desde pequeña, era muy buena en Español-Literatura. Y me lo tomé en serio siempre. Luego me incorporé al Taller Literario de la Casa de Cultura “Julio Cueva Díaz” en Trinidad y trabajé con asesores muy buenos, sobre todo con un poeta, lamentablemente fallecido ya, que creyó en mí y me ayudó a impulsarme; Héctor Miranda.
¿Por qué escoges la poesía y no otro género más comercial?
Es una pregunta un tanto difícil de responder. La mayoría de mis libros son de poesía, aunque también escribo narrativa. La poesía para mí es como la piedra filosofal, como esa legendaria sustancia alquímica capaz de convertir metales como el plomo en oro o plata. También por creer que se trataba del elíxir de la vida, útil para el rejuvenecimiento y para alcanzar la inmortalidad. Ese encanto místico lo tiene la poesía, con ella puedes sentir que rozas la perfección, la iluminación, la felicidad. Siempre he dicho que es como mi arca de la alianza. Me deja ser tan triste como una despedida y proyectar cada uno mis sentimientos y emociones, ser altisonante o soñadora; me permite desarrollarme tanto como desvanecerme, me deja viajar a lo más recóndito de mí de la misma manera en que me impulsa a explorar las galaxias más remotas.
¿Quiénes son los escritores que te influencian?
De alguna manera puedo decirte que creo mucho en lo que nos han legado esos grandes poetas considerados “malditos” cuyo propio genio realmente fue la maldición de cada uno. Fueron escritores retratados como desiguales respecto a la sociedad y a los demás hombres. Tuvieron vidas trágicas y se entregaron la mayoría a ciertas tendencias autodestructivas como consecuencia de su son literario. Me encanta la poesía de Baudelaire con sus Flores del mal y de Verlaine. Lo que más me engancha de estos autores, de los que tengo quizás algunos vestigios expresivos, es que independientemente de su talento, fueron incomprendidos por sus contemporáneos y no obtuvieron éxito en vida, por llevar una vida bohemia, rechazar las normas establecidas (las reglas del arte y los convencionalismos sociales) y escribir textos libres y provocativos. Pero mi poeta preferido sin dudas es el checo Rainer Maria Rilke.
Hay quienes piensan en el proceso creativo como fruto de la inspiración, mientras que otros como trabajo diario. ¿En qué grupo estás?
Para mí el proceso creativo es en sí un trabajo diario. Yo lo veo de esa manera, trabajo todos los días; en cada hora, en cada segundo de mi vida estoy en función de crear, y no porque me lo imponga así, sino porque es lo que soy en realidad. Constantemente analizo y trato de reinterpretar lo que veo en las calles, los semáforos, la gente que pasa, un perro pulgoso, una palabra perdida, un puesto de flores... y voy definiendo sensaciones, intenciones, recursos expresivos… Claro, la materialización de lo que se quiere transmitir y el sacarlo a la luz es un proceso más complejo, pues lleva un alejamiento del propio texto para luego retomarlo y arreglar sus defectos. No debemos dejar que el corazón lo hago todo… Y así trato de escribir, equilibrando alma y mente, corazón y cerebro.
¿Consideras que la geografía limita las potencialidades de los escritores?
No considero que limite estas potencialidades; cada escritor es una isla, un mundo, y trata de desarrollar su talento en el ángulo en que se encuentre, en la ciudad que viva, en el paisaje que pueda disfrutar, aunque sea menos ameno o interesante que la perspectiva de otro, o carezca de sobresaltos y emociones. El oficio del escritor es precisamente dar aliento a lo muerto, como dijo Melquíades: “todas las cosas tienen vida propia, la cuestión es despertarles el ánima”. Pero sí creo que a los escritores de la capital o de las cabeceras de provincia, los que están más cerca de las editoriales, o trabajan directamente con ellas, les es más fácil publicar y estar al tanto de cuanto sucede en lo relacionado con la literatura, y caro, su obra puede alcanzar un mayor nivel de promoción y una distribución más amplia de la misma.
¿Consideras que existe una estructura adecuada que favorezca la promoción de los escritores y su obra?
Siguiendo esta línea, pienso que existen instituciones donde se trabaja con esmero para fines tales, lo que pasa es que —como sucede con otros centros laborales de este país— muchas veces no se cuenta con los recursos necesarios aunque haya un valioso capital humano. No se tienen los medios directos para lograr la efectividad de las promociones una vez que el libro está editado. Y hablando de este tema, en mi caso, no me ha resultado difícil (puedo decir que he tenido una suerte especial y he soy de hecho una persona bendecida, lo cual agradezco muchísimo) pero los mecanismos algunas veces resultan engorrosos y luego está lo del problema de la falta de papel y lo de minimizar el pago del del Derecho de Autor, etcétera. Esa estructura siempre puede mejorarse, hacerse más viable, y que en todo caso, favorezca a los autores.
Cuéntanos sobre tus planes y proyectos futuros.
¿Planes? Escribir, escribir, escribir… Sin cansancio, sin dejar de soñar. Y proyectos tengo varios. Este año ven la luz tres nuevos libros: El azul está en todas partes, de poesía infantojuvenil, que sale por Luminaria (Sancti Spíritus); Síndrome de Cotard, mi segundo libro de cuentos, afortunadamente acogido en la Editorial Hermanos Loynaz (Pinar del Río); y Rotten Gold, de poesía para adultos, por Ediciones Aldabón (Matanzas). Quiero desarrollarme más con la narrativa. Y nada, enviar a los concursos, a las convocatorias nacionales e internacionales que tenga a mano según mi modesto acceso a la información.
¿Cómo se siente un escritor cubano que se ha educado leyendo a Martí, Fidel, Ernesto Guevara, Abel Prieto, Miguel Barnet, Eusebio Leal y otras tantas figuras preponderantes en las letras y en el pensamiento?
Pues me siento cubana, me siento enraizada a la identidad que nos ha definido como pueblo, independientemente a mi propio sistema de principios, juicios y conceptos. La cultura de nuestra nación se ha forjado a través de grandes figuras como Martí y eso merece todo el respeto de los que vivimos en esta isla. Un país sin cultura es un país esclavo, un país muerto.
Por último, una interrogante que lleva a otra: ¿qué pregunta nunca te han hecho y quisieras responder?
Difícil, muy difícil, pero probaré ¿Qué tres cosas quisieras salvar además de tu cuerpo el Día del Juicio Final?
Pues te respondo: salvaría mi mente y todo su contenido, con la correspondiente carga de razones y memorias. Salvaría a los integrantes de mi hogar (incluidas mis mascotas a las que adoro) y una copia digital de los libros que he escrito.

Anisley Miraz. Sancti Spíritus (1981)
Narradora. Egresada del XVI curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Graduada de Diseño Gráfico en la Academia de Artes Plásticas “Oscar Fernández Morera”. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Promotora cultural, cofundadora del Proyecto Artístico Ilustrativo A cielo limpio. Colaboradora del proyecto Mi calle (Bulgaria). Tuvo a su cargo la antología de historias cubanas Tras las puertas. Entre otros, obtuvo el Premio de la Asociación Hermanos Saíz en el 2000, el Premio Fundación de la Ciudad Fernandina de Jagua 2003 (poesía para niños), Premio Vitral 2003 y 2004 (poesía).
