El umbral
El umbral, del dramaturgo turco Hasan Erkek, es el título de la obra que la agrupación Teatro Gaviota, jerarquizada por la experimentada actriz Lilian Dujarric, lleva durante todos los fines de semana del mes de marzo a la capitalina sala El Sótano.
La trama de esa puesta en escena gira alrededor de una familia de campesinos turcos que emigra de las montañas a la ciudad para mejorar las condiciones socio-económicas y de vida que la aldea natal, donde nacieron y crecieron los progenitores y la descendencia, no les pueden proporcionar.
Dicho núcleo familiar está integrado por los abuelos paternos, quienes se trasladaron a la urbe citadina en contra de su voluntad y añoran volver a las montañas, los padres y los tres hijos: dos varones (uno quiere estudiar Medicina en la Universidad de Estambul, mientras el otro padece de un marcado déficit intelectual, que adquiere en el momento del parto), y una bella chica en plena flor primaveral.
El elenco actoral lo configuran Misael Álvarez (Jalif), Migdalia Ferrer/Lilian Dujarric (Feride), Víctor J. Ariosa/ Juan Pablo Dalmau (Kéram), Yura López (Ipék), Adián Joel Adam (Mistik), Francia Colina (Elif), Gabriel Caballero (Durmúch), Blanca Colina (Mépaare) Elena Navarro/Elizabeth Rosales (Sevil) y Víctor J. Ariosa (Augurio).
Desde que comienza la obra, Tanatos (la muerte en el vocabulario psicoanalítico ortodoxo) anuncia la tragedia luctuosa que se cernirá sobre la familia de Jalif y Feride.
Las actuaciones estuvieron signadas por el uso inteligente que hacen los artistas que participan en esa puesta de los conocimientos teórico-metodológicos adquiridos en la academia y consolidados en la praxis teatral o en otros medios masivos de comunicación.
No obstante su buen desempeño artístico-profesional, habría que destacar —con letras indelebles— las actuaciones estelares de Adián Joel Adam y Yura López en Mistik e Ipék, respectivamente, ya que Adián caracteriza —con naturalidad y sin apelar a la sobreactuación u otro recurso histriónico— a un chico con retraso mental, cuya edad cronológica no se corresponde —en lo absoluto— con su edad emocional, que era —sin duda alguna— la de un pequeño príncipe.
Por otra parte, Yura le presta piel y alma a una chica seducida, embarazada y abandonada por un joven citadino que, al igual que Pepe, el Romano, en La Casa de Bernarda Alba, del poeta, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca, no aparece en el proscenio, pero su presencia se percibe durante una buena parte del desarrollo de la acción dramática, la cual adopta como eje simbólico una perdiz que atrapa Jalif en una de las cacerías realizadas en la montaña, y que —por derecho propio— se convierte en mascota, devenida confidente de las alegrías y tristezas de todos los habitantes de aquel hogar, mediatizado por el dolor, la intolerancia, la frustración (Kéram tiene que abandonar los estudios biomédicos y regresa al seno familiar, aunque —con posterioridad— retorna a la capital para proseguirlos), así como por las concepciones ético-morales prevalecientes en los habitantes de las montañas turcas.
En ese contexto dramatúrgico, llega —inexorablemente— la muerte que, al decir martiano, “arrastra y arrebata como el huracán”, y se lleva primero al inocente Mistik como consecuencia de un accidente en el que es atropellado por un auto cuando iba en la bicicleta que le comprara el padre para complacer un capricho infantil, y la última pérdida acaece cuando Ipék comprueba —mediante los resultados de un análisis— que está esperando un bebé, y que el hombre a quien ama con todas las fuerzas de su ser la había abandonado y marchado de la ciudad cuando conoció su estado de ingravidez.
Una vez conocida esa triste realidad, decide cortarle la cabeza a la perdiz, y luego, quitarse la vida mediante el ahorcamiento; dos decesos que —junto con el de Mistik— dejan heridas difíciles de cicatrizar en la esfera afectivo-espiritual de los demás miembros de esa familia.
He decidido finalizar con una frase que la doctora Aysegüll Yüksell utiliza para concluir las notas al programa: “El umbral es una [obra] que busca hallar respuestas a las preguntas, en vez de ofrecer respuestas previamente elaboradas, [lo cual demuestra] que no resulta nada fácil encontrar […] respuestas […]”; de ahí que esa puesta lo invite, estimado lector, a llegar a sus propias conclusiones.
