Carlos Zamora: «Debemos temer a la ausencia de la poesía»

Debemos temer a la ausencia de la poesía; debemos temer tanto al deshielo de los glaciales como a la frialdad de los sentimientos: la apatía y el pragmatismo materialista son también consecuencias perniciosas de un modelo social incompatible con los valores humanistas que han sobrevivido y que tienen a los poetas como abanderados.
Así expresó el escritor Carlos Zamora, tras participar en Miércoles de Poesía, espacio que mensualmente tiene lugar en la casa sede del Comité Provincial de la Uneac en Matanzas, coordinado por Alfredo Zaldívar Muñoa.
En declaraciones exclusivas a este sitio digital, Carlos Zamora añadió que siempre ha creído «en la poesía como antídoto contra la banalidad y la vulgaridad, dos males demasiado presentes en nuestro globalizado mundo de hoy», en tanto dijo asimismo sentirse seguro de no ser «un utópico, o un ingenuo, por el hecho de imaginar a la poesía al alcance de todos, como un elemento natural de la vida cotidiana».
El autor especificó que:
Si bien es cierto que adolecemos de una didáctica que desde las primeras edades motive la lectura del género, y que no podemos aspirar a que todos los estudiantes amen la poesía cuando sus maestros no siempre le enseñan a amarla sino acaso a repetirla, hay que insistir, desde la escuela, desde la casa, desde la sociedad en su conjunto, y hay que pensar no solo en la lectura de los libros: hay que fomentar entre las nuevas generaciones el buen gusto, la sensibilidad; eso permitirá disfrutar de la poesía en toda su magnitud: la que emana de todo arte verdadero, la que inspira la Naturaleza, el Amor, la grandeza del corazón humano.
En la Uneac matancera, el escritor ofreció un recital en el que recorrió varios momentos de su quehacer poético, desde sus libros iniciales hasta un cuaderno —ganador del Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres, en México— que ha entregado para su publicación, el próximo año, en Ediciones Matanzas, y otro en el que aún se encuentra trabajando.
Nacido en Matanzas en 1962, pero residente desde hace años en La Habana, Carlos Zamora es autor de varios títulos, entre los que destacan los cuadernos de versos Estación de las sombras (Sanlope, 2001; mención en el Concurso Internacional de poesía Nicolás Guillén, México, 1999) y Cada día la eternidad (Ediciones Unión, 2011); la novela En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido (Ediciones Unión, 2012; Premio de Narrativa Guillermo Vidal, 2011), el libro de cuentos La noche de Judas (Ediciones Matanzas, 2012) y la noveleta para niños y jóvenes A Puerto Blanco no llegan las lluvias (Ediciones Matanzas, 2012; Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, 2011).
En sus palabras a Cubaliteraria, Zamora manifestó que:
Las carencias y las dificultades cotidianas no pueden ahogar la poesía, y que, por el contrario, necesitamos de ella como escudo y como compañera: que el hombre tiene dos hambres, lo aprendimos de Onelio Jorge Cardoso, y ahora más que nunca debemos aprender a degustar ese maravilloso patrimonio que nos han legado los poetas, aprehender su esencia, alimentarnos con ese espíritu para encarar toda contingencia.
Me alientan los jóvenes que creen en los libros, que no son pocos; los adolescentes que tararean las canciones de Silvio, de Sabina, esos poetas que cantan; los muchachos que se intercambian versos, letras de canciones hermosas, de teléfono a teléfono. No es peligroso que bailen en la noche al compás de ritmos pegajosos y letras fáciles si un verso les enamoró en la tarde y lo compartieron.
Y luego, hay que promover la poesía para todas las edades y para todos los grupos sociales, el promotor de poesía y el poeta, compartirán esa misión como una suerte de cruzada por el futuro.