Si la década del veinte y el treinta del pasado siglo fue para los críticos reconocidos de reverdecimiento de la prosa de ficción cubana, tal vez el transcurso del tiempo nos conceda que, a principios del siglo XXI, la narrativa de la Isla conoció otra de sus mejores etapas. Ello dentro de una trayectoria caracterizada por la preeminencia en los terrenos de la poesía y el ensayo.
Mis conocimientos sobre lo que se escribe fuera de Cuba ahora mismo no me permiten incluir a los autores emigrados en las hipótesis, o más bien las impresiones, que les transmitiré a continuación. Me atrevería a asegurar, sin embargo, que lo que se publica hoy en mi país goza de tal variedad estilística, temática y generacional, que difícilmente pueda ser superada por períodos anteriores de nuestro quehacer en la narrativa.
Conduzco un espacio mensual en el Centro Dulce María Loynaz en el que invito a leer, los segundos martes de cada mes, a un autor reconocido. Parto de la premisa de que muestre al público un fragmento de una obra en evolución, bien sean cuentos o novelas. En los últimos tres años no he dejado de recibir gratas sorpresas. Una, entre las que recuerdo, fue la de un Miguel Barnet rejuvenecido con un relato largo, que semanas después lo convertiría en ganador del Premio Juan Rulfo 2007, de Radio Francia Internacional, con la tragicómica historia de un trasvesti: Fátima, Reina de la Noche, con cuyo título será llevada al teatro en Cuba próximamente.
La última me la dio Antón Arrufat, un Premio Nacional de Literatura que se está dando el lujo de superarse a sí mismo rebasados ya los 70 años. Tal es la impresión que tuve cuando escuché los dos capítulos de una novela provisionalmente titulada Cambio de escala. Ella prefigura, además de una lectura amena, un estudio linguístico y conceptual de la soledad y el envejecimiento, realzado por el mejor de los estilos. En la narración abundan cricunstancias actuales, contadas de modo tal que abarca el habla coloquial de los habaneros valiéndose de los giros locales más utilizados y vigentes.
Como soy frecuentemente jurado de concursos, me tocó en suerte conocer el volumen de cuentos inédito que obtuvo este año el Premio David, otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Cuerpo Público, de Mayreli Ramón Delgado, una mujer de 28 años, no tiene nada que envidiar a los mejores libros publicados por editoriales como Tusquets o Alfaguara (si es que ellas se dieran el lujo de publicar cuentos, y sabemos que apenas lo hacen).
Pero quizás el libro resulte inasequible para el mercado español, pues se trata de una obra sexualmente apabullante redactada como una confesión, que no excluye la crítica político-social, evadiendo con inteligencia el panfleto de cualquier signo, tan abundante en lo que de Cuba se publica en el mundo hoy, para desgracia de sus excelentes escritores.
Las sorpresas no se limitan a textos por publicar. Tenemos también las impecablemente bien escritas novelas de Ena Lucía Portela, aun cuando, en ocasiones, sus historias me resulten demasiado inverosímiles y carentes de una sensibilidad que conmueva. (Pero no descarto que ello se deba a mi anacrónico apego al realismo y a mis preferencias por géneros, como las telenovelas, que defiendo ante las críticas de sesudos académicos, estudiosos de los modos de manipulación que esos “engendros” latinoamericanos ejercen sobre el receptor). Ena Lucía ha sido publicada en España por Debate, si no recuerdo mal.
Pero si esto fuera poco tenemos también a Pedro Juan Gutiérrez, cuyos tres libros aparecidos en editoriales cubanas y otros en proyecto de evaluación por las editoriales (y que conste que las evaluaciones de las editoriales cubanas se basan solamente en la calidad y en los intereses culturales propios de cada una de ellas), permiten augurar un futuro éxito local semejante al que ha tenido en muchísimos países la obra de Gutiérrez, especialmente en la vieja Europa. No olvidemos que los cubanos somos tan descendientes de españoles como de africanos.
Perteneciente a la misma generación es Senel Paz, también conocido en España y el mundo, especialmente a través del cuento que sirvió de inspiración a la película Fresa y Chocolate, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, algunos de cuyos personajes son retomados por su autor en la recientísima En el cielo con diamantes, todavía en los stands ibéricos y en proceso de edición en Cuba.
Hasta aquí he hablado de los mayores y más conocidos narradores cubanos. Pero para que este trabajo fuera completo tendría que admitir una larguísima nómina de autoras y autores de todas las procedencias y edades que han realizado y realizan literatura de altos quilates, muchas veces ante la indiferencia de los editores extranjeros que encasillan a Cuba, como al resto de los latinoamericanos, pero mucho más a Cuba, en temas y estilos muy puntuales.
Creo que ya empieza a llamarse la atención sobre cierto estallido de una gran cantidad de autoras mujeres que aspiran a dialogar de tú a tú con sus complementos del sexo masculino y que comienzan a tener un público y una crítica del todo favorable y esperanzadora.
Temas como el racismo, el sexismo, la homosexualidad, la historia y ciertos asuntos universales y eternos como el amor, el poder, la soledad y el envejecimiento cubren la amplia gama conceptual que aspira a hacer pensar, divertir, experimentar y cumplir con todas o con selectas funciones de la literatura, imposibles de ser asumidas con el simple objetivo de vender.
La creación de premios y editoriales en el proyecto del ALBA y una cierta acogida en un mercado como el italiano, amortiguan un poco el desconocimiento que hasta ahora se ha tenido en otras partes de lo que se escribe verdaderamente en Cuba, a principios del siglo XXI.
Estas palabras son sólo el pretexto para un ensayo necesario sobre el asunto. Que por supuesto acometerán figuras como Jorge y Ambrosio Fornet, Zayda Capote, Francisco López Sacha, Nara Araujo, Mirta Yáñez, Luisa Campuzano, Cira Romero… Y todavía se me olvidan muchísimos nombres porque, a diferencia del Coronel garciamarquiano, los escritores cubanos sí tienen quienes les escriban, al menos dentro del patio.