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Un Nobel para una voz femenina
Marilyn Bobes , 20 de noviembre de 2007

Fue en la década del 70 cuando leí por primera vez a Doris Lessing en la edición cubana de esa extraordinaria novela que es Canta la hierba. Ahora su recuerdo vuelve a perturbarme cuando leo que ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura correspondiente a 2008 y, aunque no es la primera mujer que obtiene dicho reconocimiento, quizás sí sea la primera que representa eso que se ha dado en llamar el discurso femenino, tan controvertido como necesario en la literatura de principios del siglo XXI.

Aunque Lessing ha declarado innumerables veces que no militó en los movimientos feministas, reconoce que no está en desacuerdo con ellos pero nunca, afirma, necesitó integrarse a ellos para tomar conciencia. “Para eso basta con indagar en los personajes femeninos de los grandes novelistas —Tolstoi, Sthendal— y simplemente mirar alrededor”, ha declarado.

Y es ese equilibrio en su perspectiva de género, que no excluye la mirada arrasadora hacia los problemas políticos y sociales del mundo contemporáneo, lo que convierte a Lessing en una novelista mayor, capaz de provocar un escándalo universal en 1950 cuando en su única novela publicada en Cuba (la ya mencionada Canta la hierba), ambientada como la mayoría de sus historias en el Africa del apartheid, no vacila en explorar en los conflictos que se desprenden de las relaciones entre un hombre negro y una mujer blanca y casada.

Expulsada de Rhodesia del Sur (actualmente Zimbawe) por sus críticas al racismo, con independencia de su afiliación o no a algún partido, Doris Lessing pudiera ser descrita como una militante de principios inclaudicables.

Su novela El cuaderno dorado (1962), que muchos cubanos y cubanas tuvimos la oprotunidad de leer en la biblioteca de la Fundación Alejo Carpentier, ha sido considerada una biblia del feminismo. Más que ello, el texto es un análisis agudo de la vida interior de una escritora sensible y perceptiva. En ella, bajo esa divisa de “no hay donde ir, sino hacia adentro”, la novelista nos ofrece también el retrato íntimo de la mujer contemporánea, sin olvidar el humor corrosivo con que incursiona en el mundo de la televisión y el cine, dos expresiones típicas de nuestro tiempo.

Doris Lessing, una mujer de inaudita sobriedad y austeridad que nunca ha tenido ayudante ni secretaria ni agente literario, enaltece con este reconocimiento la voz literaria de las mujeres que en las últimas décadas no se conforman con ser retratadas por los hombres en el campo de las letras y asumen con valentía su propia voz en obras que ya no pueden ser silenciadas.

Las escritoras y las mujeres cubanas que ocupan una posición privilegiada en las manifestaciones artísticas y por ende también en la literatura, debemos sentirnos regocijadas de que, esta vez, la Academia Sueca haya colocado ese dedo que otorga tanta visibilidad en una autora que reúne todas las condiciones para convertirse en paradigma de lo que debe ser una mujer ante la página en blanco.

La increible zaga de Martha Quest, protagonista de la pentalogía Hijos de la violencia (1952-1969), considerada por muchos una alter ego o doble de la autora y que, como Lessing, crece en Africa del Sur y se establece en Inglaterra, es, en mi opinión, un ejemplo de lo que debe pedir el lector y la lectora a la literatura escrita por mujeres en el mundo de hoy.

Atendiendo a las posibilidades, la Editorial Arte y Literatura del Instituto Cubano del Libro debería quizás aprovechar esta ocasión para reeditar o publicar alguna novela emblemática de esta nueva Premio Nobel que ofrece, con su ejemplo, estímulo y legitimidad a lo que se ha dado en llamar discurso femenino, y que no debe ser tomado como el texto superficial de una protagonista quejosa a la que solo interesa su mundo afectivo desvinculado del contexto histórico.