Momentos de la diplomacia internacional en la trama de Cayo de Confites
La diplomacia oculta que se movió alrededor de los hechos vinculados a la expedición de Cayo Confites, determinó su desenlace desventurado. Más allá de posibles decisiones puntuales de los expedicionarios, las que también tuvieron un peso relevante, se impuso la política de guerra fría, que el imperialismo norteamericano recién inauguraba.
D. Wilson Young, embajador británico en La Habana, entendía que el viaje del general Genovevo Pérez Dámera, jefe de estado mayor del ejército cubano, a Washington tuvo que ver con el asunto de Cayo Confites y que a su regreso los cubanos “descubrieron” todo un arsenal de municiones pertenecientes a la expedición. Algunas figuras entendidas de la política estaban advertidas que lo de “Orfila” estaba vinculado estrechamente con lo de Cayo Confites. Cuando Genovevo todavía no había dado órdenes para ejecutar el operativo dirigido a desmontar la expedición como tal, el plenipotenciario británico conocía lo que se tramaba al interior del gobierno de Grau. En particular, sabía que se habían dado instrucciones a la marina de guerra cubana para desarmar a los combatientes anti-trujillistas1.
Precisamente el día quince de septiembre se reunió el embajador dominicano en Washington, Ortega Frier, con ejecutivos del departamento de estado. El ayudante del secretario de estado norteamericano, Norman Armour, ante los ansiosos reclamos de armas de parte del embajador, le informó que “la ayuda para obtener armas y asistencia militar no parecía ser el problema inmediato desde el punto de vista dominicano” por lo que confiaba “que el esfuerzo por resolver el problema de la tolerancia del gobierno cubano, al ayudar al movimiento revolucionario con asiento en su territorio, parecía ser el paso más importante” 2.
Por tanto, los norteamericanos confiaban en el éxito del operativo inicial que el general Pérez Dámera desataría ese mismo día. No obstante, para no abandonar del todo a Trujillo a su suerte, el nuevo sub secretario de estado, James H. Wright, le dirigió una misiva al contralmirante de la marina estadounidense Marshall R. Greer para que se le informara al departamento de estado “si la cantidad de municiones pedida era razonable, tomando en cuenta la necesidad de la República Dominicana de municiones suficientes para mantener el orden interno y resistir ataques armados”3.
Según un memorando del departamento de estado, el fiscal del distrito de Puerto Rico declaró tener suficientes evidencias para juzgar al agente de Trujillo, de origen norteamericano, George Stamets, por cargos de violación a controles de exportación de aviones desde esa isla caribeña sin permisos oficiales. El departamento de justicia deseaba saber si el departamento de estado concordaba en enjuiciarlo. Después de algunas consultas internas, el departamento de estado decidió “pedirle a la justicia que mantuviera el asunto en suspenso por el momento en vista de que Stamets es prácticamente el jefe de la fuerza aérea dominicana”. De esa manera se demostraba el compromiso de Washington con Trujillo4.
Contrario a ello, la otra cara de la moneda era que los vendedores de armas al movimiento expedicionario cubano-dominicano resultarían perseguidos por la justicia norteamericana. El departamento de estado recomendaba “fuertemente” y “agresivamente” al procurador general prosiguiera el caso contra Hollis B. Smith por haber violado las leyes que impedían exportar “armas, municiones e instrumentos de guerra”5. En tanto, el veinte y nueve de septiembre se informaba desde Miami que a solicitud del departamento de estado, Manolo Castro había sido detenido por exportación legal de municiones hacia Cuba6.Desde Washington también se cursaron instrucciones al embajador Norweb en La Habana para que sostuviera un encuentro con los pilotos norteamericanos comprometidos con la expedición revolucionaria y les aclarara “que los Estados Unidos se oponen fuertemente a cualquier conmoción civil y a la participación en las mismas de ciudadanos americanos” 7.Así de falsa, era la imparcialidad que pretendían aparentar los Estados Unidos de América.
En noviembre de 1947, aún cuando el gobierno norteamericano ya había levantado el embargo de armas a Trujillo, ahora procuraba resguardar su imagen y estaba estimulando al gobierno británico a que le vendiera armas al “Benefactor”. En un documento del Foreign Office, de fecha diecinueve de noviembre, se refiere que Washington le había solicitado a Londres que le vendiera naves de guerra y armas a la República Dominicana. Sin embargo, Gran Bretaña fue algo cautelosa en aceptar ese reclamo, todavía en esos momentos “se estaba considerando ese asunto en el departamento suramericano”. Todo parece indicar que el gobierno británico se encontraba en la espera de que las reclamaciones dominicanas sobre Cuba pudieran prosperar en las Naciones Unidas8.
Por otro lado, el embajador dominicano en Washington continuaría aplicando su táctica de usar a Haití como rehén ante los Estados Unidos. En un informe que hicieron especialistas del departamento de estado se daba cuenta que Ortega Frier “dijo que era una gran preocupación de su gobierno, que en el caso de que Haití sea utilizado como base, sería necesario que el ejército dominicano cruzase la frontera”. A esto se suma que para entonces Trujillo planificaba un plan de golpe de estado contra el gobierno haitiano de Estimé para imponer al coronel Paul Magloire9. Para colmo, el propio las autoridades haitianas apelaban a Washington para resguardarse de cualquier ataque; el embajador norteamericano en Por-au- Prince, Mr. Macbride, daba cuenta que el presidente Estimé le había puntualizado que “Haití no puede resistir ninguna agresión de ningún orden en vista de su posición indefensa y desarmada” y que en consecuencia “el gobierno haitiano se coloca bajo la protección de los Estados Unidos, en caso de que ocurriesen algunos ataques”. El presidente de Haití estaba muy preocupado por el arribo de cubanos, dominicanos y venezolanos a su territorio y que había ordenado a su embajador en La Habana no visar más pasaportes cubanos10.
Dentro del repertorio de medidas que podía utilizar el departamento de estado para impedir la salida del grupo de revolucionarios cubano-dominicano de Cayo Confites continuaba siendo prioridad activar los mecanismos del sistema interamericano y de las Naciones Unidas para poner al gobierno cubano en una situación embarazosa y obligarlo a actuar contra la expedición que se fraguaba. En ese sentido ya había contactos con la diplomacia dominicana para hacer un trabajo conjunto en los organismos internacionales. El quince de septiembre el embajador quisqueyano en Washington, Ortega Frier, sostuvo un encuentro con el director general de la Unión Panamericana, Dr. Lleras Camargo, a quien le planteo su preocupación por la conspiración de Cayo Confites. Por cierto, Lleras Camargo le reveló que Guillermo Belt, embajador cubano en Washington y representante por Cuba en la Conferencia de Río de Janeiro, le había manifestado su inquietud acerca de ese asunto. Belt había tenido conversaciones con la delegación norteamericana a Río de Janeiro y con el propio secretario de estado Marshall y según esta versión “estaba dispuesto a hacer cuanto estuviera en sus manos para que el proyecto de ataque desde Cuba se frustrara”. Finalmente Ortega Frier y Lleras Camargo acordaron activar los mecanismos de negociación interamericanos “para evitar que naciera entre la República Dominicana y Cuba un conflicto, o que el que pudiera existir ya se resolviera”. El caso era que las esferas diplomáticas, en lugar de haberse dispuesto a condenar al régimen tiránico de Trujillo, se estaban acondicionando para auxiliarlo como víctima de una invasión extranjera. Era la hora de los reclamos a las leyes internacionales, leyes de las cuales Trujillo se había burlado en más de una oportunidad.
Se estaba cerrando un círculo sobre el gobierno cubano para impedirle cualquier otro paso que no fuera liquidar la expedición. Evocando el derecho internacional de manera hipócrita, el secretario de estado norteamericano, George Marshall, emitió un discurso el dieciséis de septiembre en Naciones Unidas, que aunque estaba dirigido al caso de Grecia en particular, marcaría pautas para enjuiciar el caso dominicano.Ese día Marshall expresó:
La acción de un país al facilitar armas o ayudar de otro modo análogo a las fuerzas rebeldes contra un gobierno debe considerarse un acto de hostilidad y la asamblea general de las Naciones Unidas no puede permanecer impasible, como simple espectador, en caso de que un país miembro de las Naciones Unidas se encuentre en peligro de ataque desde el exterior.
Precisamente ese argumento fue el que Washington utilizó para justificar su actitud respecto a la conspiración de Cayo Confites11. Sin embargo, los Estados Unidos estaban facilitando el contrabando de armas a Trujillo, un gobierno que había dado muestras fehacientes de intervenir, para desestabilizar otros países de la región. Eso, sin contar la dictadura en que tenía sumido a su propio pueblo, así como las constantes violaciones a los derechos humanos de parte de los órganos represivos dominicanos.
Notas:
1. National Archives, London. Foreign Office 371, File 383.
2. Memorandum visita embajador Ortega Frier al Departamento de Estado, 15 de septiembre de 1947. En Bernardo Vega:Ob. cit. Tomo II 1947 p. 724-726
3. Carta del Sub Secretario de Estado, James H. Wright al Contraalmirante Marshall R. Greer ,18 de septiembre de 1947. En Bernardo Vega:Ob. cit. Tomo II 1947 p.742-743
4 Memorandum conversación 16 de septiembre de 1947. En Bernardo Vega:Ob. cit. Tomo II 1947 p. 734-735
5. Memorando Departamento de Estado, 19 de septiembre de 1947. En Bernardo Vega:Ob. cit. Tomo II 1947 p743-744
6. Resumen de prensa, 29 de septiembre de 1947. En Bernardo Vega:Ob. cit. Tomo II 1947 p.778
7. Informe Lovett, Departamento de estado a embajada EEUU en La Habana, 19 de septiembre de 1947. En Bernardo Vega:Ob. cit. Tomo II 1947 p.745
8. Carta de PS Stephens 19 de noviembre de 1947. National Archives, London, FO 371 file 2684
9. Ibidem
10. Informe embajada de EE.UU en Por-au – Prince, 15 de septiembre de 1947 En Bernardo Vega:Ob. cit. Tomo II 1947 p.730-731
11. Resumen de Prensa 18 de septiembre de 1947. En Bernardo Vega: Ob. cit. Tomo II 1947 p.740-741