Revistas re-vistas
(Partes I y II)
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Llega usted a Villa Clara, hoy mismo, y se encuentra con una provincia donde circulan, desde distintos soportes, seis revistas culturales. No es poco, dirá. De cara al diálogo con el lector, la circulación de ideas y debates culturales separados de la aridez unidireccional que caracteriza a los medios masivos —con lugar destacado para los de este territorio— podría parecerle suficiente.
No obstante, si ceñidos a la ejecutoria de los últimos años, nos atenemos a las publicaciones en formato de papel y a lo que confirman sus respectivas tiradas1, podríamos comprobar que de dichas revistas los lectores de todo el país recibirían —si salieran con la periodicidad propuesta— apenas unos nueve mil doscientos ejemplares. Añado que las tres cuartas partes de estos ejemplares (seis mil novecientos) se comercializan a través de librerías villaclareñas.
Al enlazar las cifras arriba convocadas con algunos índices demográficos, chocamos con la primera insuficiencia, pues si partimos de que al cierre de 2009 la población villaclareña es de 803 690 habitantes2, tendremos, tras un simple cociente, que de cada ciento dieciséis villaclareños, solo uno cuenta con la posibilidad de adquirir —y quizás leer— alguna de esas revistas. Y si ampliamos el diapasón territorial, confirmamos que de cada cuatro mil quinientos treinta y ocho habitantes del resto de la nación solo uno puede acceder a las informaciones y razonamientos en torno a nuestros procesos culturales3. Nos quedaría entonces encomendarnos a los buenos oficios del azar, con el sueño de que todos esos compradores sean lectores dispuestos además a prestar las revistas e incapaces de reciclar las páginas en usos cotidianos menos dignos.
Al anterior problema, que ya es mayúsculo, podríamos añadir uno de mayor magnitud aún, pues se aparta de lo puramente numérico y le asesta un golpe a nuestras publicaciones culturales periódicas en su principal esencia: la regularidad en la emisión de sus mensajes.
Para que una revista tenga pleno sentido cultural debe cumplir de manera estricta con su periodicidad, porque el impacto de una publicación —que no por gusto se define periódica— se mide partiendo de una lógica comunicativa que conmina al lector a esperarla, como en una cita amorosa, en el momento y lugar convenidos. Cuando una revista sale un mes, un trimestre, un semestre, o hasta un año después de lo que su periodicidad anuncia, deviene estafa al lector, que debe consumir el fiambre informativo —o informativo-reflexivo— como si se tratara de hechos que aún conservan, como valor, el grado de inmediatez que su amplitud cronológica promete. El pacto dialógico que malamente logra establecer una revista cuyo algoritmo de salida se trastoca anárquicamente es el de los encuentros casuales, holograma que la aleja del intercambio sistémico y sistemático con su posible seguidor y la remite automáticamente al diálogo fragmentario, o al monólogo atemporal, indiferente por completo a lo cercano en tiempo y espacio. En ese ciclo disfuncional el lector, traicionado, termina por alejarse de la veleidad cronológica de la publicación, con lo cual esta pierde sentido, sencillamente porque no cumple la principal función por la cual existe: generar o alimentar estados de opinión, cuestionar, modificar rumbos, condicionar actitudes.
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Un súbito paneo a la situación actual de las revistas villaclareñas nos enfrenta con el siguiente panorama:
Revista Signos
Fundada por Samuel Feijóo en 1969 y dedicada a los estudios y recopilaciones relacionados con la cultura popular, ejemplifica a la perfección la irregularidad señalada. Feijóo condujo Signos hasta su número 35, de 1985. Lo mismo editaba un número al año, que dos. O tres. Su poética editorial se basaba en el caos, incluso en lo tocante a su periodicidad. En 1988 —tras tres años sin salir por la enfermedad de Feijóo— el escritor Félix Luis Viera se hizo cargo del proyecto. A expensas de su gestión se editaron los números 36 al 42, entre 1988 y 1996; es decir: siete números en ocho años4. Pero Signos siguió marcada por la irregularidad en su salida, y gracias a esa característica los primeros cuatro números salieron entre 1988 y 1990; entre 1990 y 1995 no salió ninguno; en 1995 salió uno, y en 1996 el último del período de Viera. Ese último año asumí la dirección de Signos, y hasta 2009 se imprimieron dieciséis números, del 43 al 58, con la siguiente secuencia: dos en 1996 (uno dirigido por Viera y uno por mí); ninguno en 1997 y 1998; uno en 1999; uno en 2000; uno en 2001; uno en 2002; uno en 2003; dos en 2004; dos en 2005; dos en 2006; uno en 2007; uno en 2008 y dos en 2009. En todo el período en que la dirigí, solo en los años 2004, 2005 y 2009 la salida coincidió con lo que su cronograma proponía, aunque casi nunca con la fecha programada. Añadamos que en la etapa de Feijóo y Viera se producían tiradas de dos mil ejemplares, mientras en la última ha oscilado entre ochocientos y mil, y además debió refugiarse en el papel gaceta dada la escasez del bond (Feijóo la hacía en cromo). En los momentos de redactar estas líneas, el número 59 —último que preparé, correspondiente al primer semestre de 2010— se halla en poligrafía, ya con unos días de retraso en su terminación.
Es justo decir que en el cumplimiento del cronograma de 2009 influyó notablemente el que entonces la revista celebró sus cuarenta años de fundada y en función de ello se activó una notable voluntad institucional a favor de su regularización. Se trata de la misma voluntad que ha venido condicionando la estratégica decisión de asignarle el financiamiento en divisas que la poligrafía cubana comenzó a cobrar a partir de 1993. Pero 2009 fue un año excepcional, porque lo más común siempre fue que, unas veces por culpa del poligráfico, otras porque el financiamiento no alcanzaba para dos números al año, o faltaba en lo absoluto, Signos saliera cómo y cuándo lo permitía la coyuntura actuante.
Revista Islas
Es la más antigua de nuestras publicaciones culturales (en 2008 conmemoró sus cincuenta años) y no aparece en formato de papel desde que el número 155 conmemoró, precisamente, el medio siglo. Fundada también por Samuel Feijóo, en 1958, desde la Dirección de Publicaciones de la Universidad Central de Las Villas, y dirigida por él hasta 1968, se acogió a un perfil marcado por su singular concepción revistera, que como se ha contado en algunos sitios, entró en contradicción con algunos intereses del claustro humanístico5. A partir de esa fecha pasó a ser dirigida por un consejo editorial integrado por profesores de humanidades —renovado varias veces— y se acogió a un perfil más académico, para darle cabida en sus páginas a artículos de diverso corte estilístico enrumbados a la literatura, la lingüística, la historia, el pensamiento filosófico, siempre con una óptica que privilegia los estudios regionales. Hasta los años noventas mantuvo cierta regularidad en su salida, aunque mantuvo, desde el punto de vista comercial la misma filosofía que le imprimiera Feijóo, pues a ella no se podía acceder desde los estanquillos comerciales o librerías, sino a través del canje y en la distribución gratuita que con fines docentes se hacía en el ámbito universitario6. Uno de los méritos históricos de Islas es que en su etapa inicial estuvo investida de notables singularidades, pues dignificó editorialmente el profundo rastreo en la cultura popular del que fue pionero su fundador, y de esa forma estableció una de las líneas vertebrales de la cultura de la región, continuada después con Signos.
A estas alturas no me parece sano seguir alimentando el diferendo entre la Islas de Feijóo y la que la continuó, pues pese a lo traumático de los sucesos que en 1968 determinaron la salida de Feijóo de la Universidad, a lo largo de las décadas siguientes la revista trasladó con eficacia sus utilidades hacia un rumbo que ninguna otra publicación de la provincia sigue. No sé si estas virtudes han sido comprendidas en toda su amplitud por las autoridades responsabilizadas con la logística de la publicación, pues la azarosa trayectoria de los últimos diez años recoge que en determinado momento se pensó en pasarla completamente a versión digital, y que acumuló un notable atraso en su formato de papel7. Felizmente, al parecer, ese pensamiento ha cambiado, pues las últimas noticias confirman que además de estar casi al día la variante electrónica, en poligrafía se están procesando los números del 156 al 160 (los cuatro trimestres de 2009), y están casi listas, desde el punto de vista editorial, la 161 y 162, con lo cual se saldarían en tanto presencia física, aunque no desde el punto de vista comunicativo, las deudas, pues una vez más la irregularidad la obligaría a oficiar, por discontinua, como extemporánea vocera del perfil que cubre.
Revista Umbral
El número cero se publicó en 1999, y tras él se sucedieron hasta 2002, sin cubrir ninguna periodicidad —pese a que se la proponía trimestral— otros cuatro, procesados en talleres poligráficos, con cubierta en cuatricromía y encarte de color, ambos (cubierta y encarte) en papel cromo. A partir del número 5 comienza a procesarse con la tecnología Riso, a veces con cubierta de papel, otras de cartulina Bristol u otras de diversas características. La secuencia completa, hasta el día de hoy, registra la misma irregularidad. Baste saber que a la altura de julio de 2010, aún no se han puesto a disposición del público los números 34 (último trimestre de 2009), 35 (primer trimestre de 2010) ni 36 (segundo trimestre de 2010). Se trata de una revista trimestral que frecuentemente aparece de dos en dos. Hasta el número 17 se editó bajo la dirección de Jorge Ángel Hernández, y a partir de ella, hasta el 35, de Pedro Llanes. Recientemente asumió su dirección Ernesto Peña.
Umbral se caracterizó, sobre todo en su primera etapa, por el enfoque crítico de la actualidad cultural, y por su vocación polémica. En la segunda etapa, aunque esta cualidad no se perdió del todo, sí se atenuó notablemente y se concentró en reseñar, con espíritu más laxo, la actualidad cultural de la provincia, más otros materiales de radio geográfico más amplio.
Revista Guamo
Es la única revista en formato de papel que tiene periodicidad mensual, razón por la cual es la más vulnerable a los peligros de no cubrir la inmediatez informativa dado que su ciclo de envejecimiento es más corto. Es, además, una de las publicaciones de su tipo más desfavorecidas en los diversos cronogramas de impresión a que da respuesta la imprenta del Centro Provincial del Libro y la Literatura. Si sabemos que en julio de 2010 aún están por publicarse todos los números desde marzo, no harían falta muchos ejemplos más para verificar su lamentable ubicación en el reino del fiambre informativo.
La revista Guamo es continuadora de Cartacuba, tanto en su pauta de diseño y filosofía editorial como en el espectro informativo que cubre. Cartacuba proponía una mirada más informativa, menos impugnadora que Umbral, pues disponía de menos espacio, y de alguna manera se erigió alternativa para que divulgadores, escritores, funcionarios y periodistas a quienes no les interesaba la crítica de fondo, dieran a conocer materiales diversos sobre la realización de eventos, historia de las localidades, hechos puntuales de la programación cultural, reseñas breves de libros y semblanzas de personalidades. Guamo heredó esos objetivos de trabajo, pero con el paso del tiempo y la irregularidad en su salida, para huir del envejecimiento nonato de sus noticias, modificó in situ su perfil y recondujo su política hacia objetivos muy similares a los de Umbral, de manera que al unir esa metamorfosis con la reducción del perfil crítico de aquella, ambas publicaciones han acabado confluyendo en una similar filosofía informativa, algo que genera más vacíos que coberturas.
Revista Hacerse el Cuerdo
Editada por el Comité Provincial de la UNEAC y concebida como revista digital, se hospeda en el sitio Cenit, del Sectorial Provincial de Cultura. Su primer número circuló en marzo de 2006 y —contrario a la tendencia de las otras— ha mantenido una relativa estabilidad en su salida mensual hasta la fecha, sobre todo en los últimos tiempos. Desde sus inicios se propuso como perfil seguir la línea de discusión abierta y con enfoque crítico, no solo del arte, la literatura y el funcionamiento de las instituciones del territorio, sino sobre otros problemas de impacto social. Estos temas fueron potenciados al máximo por la amplia plataforma de debate que en su momento desplegó la preparación en la provincia del VII Congreso de la UNEAC, en 2008, con lo cual la publicación validó notablemente su enfoque. Hacerse el Cuerdo inició sus trabajos en pos de la línea que previo a él siguiera Umbral, y antes (finales de los 80’s e inicios de los 90’s) inaugurara Huella en su primera etapa8. Tras la realización del Congreso la publicación se propuso darle continuidad al debate en términos muy similares a los sostenidos en el cónclave, y una rápida mirada apreciativa nos permite confirmar que, pese a la espaciada agresividad de algún que otro crítico, goza de mayor madurez reflexiva y expositiva que sus antecesoras en esa línea.
Una novedosa metodología de la publicación se propone amplificar su universo lector, pues ante la certeza de que la Internet es patrimonio de una minoría, organiza con cada número un debate oral al que se invita a todas las instituciones e intelectuales interesados en esos análisis. Pese al esfuerzo descrito, el impacto de la revista continúa minoritario y gremial.
No solo la carencia de Internet de la mayoría, sino también la complicada ruta que debe seguir el cibernavegante para acceder a Hacerse el Cuerdo, alejan de manera apreciable a los posibles consumidores de sus «páginas»9. Las instituciones culturales por lo general muestran desinterés en esos debates y, cuando concurren, lo hacen con ánimos defensivos. Contribuye a esa indiferencia el que los implicados en críticas saben que «todo queda en casa», dado el casi nulo impacto mediático de la publicación y la falta de validación a que la somete la indiferencia solidaria con que las respalda la mayoría de las personas que conducen la política informativa del territorio.
Revista Cómo
Comenzó a circular, también de manera electrónica, en 2008, editada por la Asociación Hermanos Saíz. Aspira a una periodicidad mensual, que tampoco cumple. El que no estuviera inscrita en el Registro Nacional de Publicaciones Seriadas, ocasionó su cierre a poco de aparecer, y recientemente comenzó a circular de nuevo. Aún no se pueden sacar balances sobre su efectividad informativa, pero el que circule solo por la Internet, también la sitúa ante la dimensión del lector minoritario que accede a este servicio. Hasta el momento su perfil se aviene con el de la organización que la edita, pues pone el acento en destacar el protagonismo de los jóvenes en los procesos de creación artística y literaria e institucionales.
Notas:
1- Estas son: Islas (trimestral): 300 ejemplares por número; total anual: 1200. Signos (semestral): 1000 ejemplares por número; total anual: 2000. Umbral (trimestral) 600 ejemplares por número; total anual: 2400. Guamo (mensual): 300 ejemplares por número; total anual: 3600. Existen otras dos revistas: Hacerse el Cuerdo (mensual) y Cómo (mensual), pero circulan en formato digital.
2- Anuario Estadístico de Cuba 2009: www.one.cu/EstadisticaPoblacion/EstadisticaPoblacion.asp En lo adelante todos los datos estadísticos referidos a población provendrán de esta fuente.
3- La población total de Cuba es de 10 438 938 habitantes.
4- En realidad no son siete sino seis, porque el número 40 nunca se imprimió, debido a que dadas las agudas restricciones del llamado Período Especial, se imprimiría en Perú, en 1991, gracias al mecenazgo del poeta César Calvo. Marchó el mecenas hacia Perú, con los materiales procesados editorialmente y nunca más supimos de él, ni del número, que hoy es un fantasma en la colección de Signos.
5- Ver: Ramón Rodríguez Limonte; «Signos, un parto abrupto, pero feliz». Signos No. 58, Santa Clara, julio-diciembre de 2009. pp. 11-18. Ver también: Virgilio López Lemus: «Islas, Signos y Feijóo: lo insólito y lo contextual». Signos No. 42, Santa Clara, Cuba, pp. 199-206.
6- Ni Islas ni Signos de los períodos de Feijóo se comercializaban. El canje que Feijóo cultivó con esmero para las dos publicaciones aun hoy subsiste, aunque disminuido por la falta de sistematicidad en su salida y otras dificultades materiales, como la falta de sobres para los envíos. En el caso de Signos, a partir del período de Viera, se comenzó a comercializar.
7- El hecho de ser una publicación humanística en una universidad donde los perfiles técnico y agropecuario predominan ampliamente, tanto por su matrícula mucho mayor como por la amplia influencia de sus trabajos investigativos en la cultura material del entorno, ha perjudicado a Islas en no pocos momentos a la hora de acceder a la lista de prioridades de la institución. El interés que prestigiosas instituciones y personalidades del mundo han mostrado por la revista, gracias al canje estructurado por Feijóo, ha resultado el argumento más sólido para convencer a quienes le han mostrado indiferencia, pues gracias a Islas en lo fundamental se reciben publicaciones de todos los perfiles profesionales que interesan a la Universidad Central de Las Villas.
8- Huella, suplemento cultural del periódico Vanguardia. Circuló entre 1987 y 1991 y se caracterizó por un enfoque crítico inusual para esa época, perfil que le ocasionó frecuentes desaguisados con quienes dirigían la política informativa entonces. Entre 1993 y 1998 existió una segunda etapa de Huella, y en 2000 un pálido intento (con dos números) de sacar una tercera, pero ye habían abandonado la vocación crítica.
9- Para acceder a Hacerse el Cuerdo los lectores deben primero entrar a www.cenit.cult.cu luego abrir el vínculo Uneac y una vez abierto este, abrir otro: Hacerse el Cuerdo. Dada la lentitud de nuestra Internet, la revista está demasiado lejos de los ojos del navegante.