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La prosa de Carilda: más ella que nunca

Marilyn Bobes, 20 de octubre de 2010

 

La irreductible y gran poetisa matancera Carilda Oliver Labra publicó en 1949 su primer libro de versos Al sur de mi garganta, que revolucionó, por su osadía temática y estilística, las convenciones de un género que la ha ido convirtiendo hasta  hoy en una de las voces femeninas más desprejuiciadas y auténticas del panorama lírico hispanoamericano.

 

Tal afirmación es casi una verdad de Perogrullo que ningún crítico o lector se atrevería a desmentir. Pero hubo que esperar  más de cuarenta años para que nuestra Premio Nacional de Literatura 1997 diera a conocer esa faceta suya más inexplorada y desconocida que es su prosa, silenciosa y ejercida modestamente durante toda su vida, solo revelada en el primer lustro de este milenio.

 

La fecha elegida por la autora para publicar un libro inquieto y absorbente fue 2003. Titulado Con tinta de ayer, promovido por Ediciones Capiro de Santa Clara, bajo la colección Margen Apasionado, es un volumen que muestra a una prosista  inteligente, analítica y vital, quien echa por tierra cualquier interpretación de la escritora   —ya lo he dicho en otra parte, con otras palabras— como personaje casi mitológico encasillado por los estrechos límites de su erotismo irreverente. Pues menos sugerente  que en sus poemas, Oliver Labra queda aquí en evidencia como lo que es: mujer de  pensamiento y, sobre todo, penetrante y sagaz.

 

La labor ensayística y narrativa de esta escritora no puede separarse, sin embargo, de su biografía, ni de esa peculiar autenticidad que, junto con sus versos,  se desencadena a partir de una experiencia de vida.

 

Con tinta de ayer recoge en orgánica miscelánea testimonios, cartas, conferencias, cuentos y ensayos, cuyo hilo conductor es la condición de testimonios en los que la autora habla desde la más íntima asimilación de esa realidad donde lo subjetivo se convierte en ejercicio de interpretación, anclado en un profundo conocimiento intelectual pero también emotivo.

 

Este último elemento, en mi opinión, otorga a su prosa esa sensación de originalidad en la que la comprensión de los otros obedece a un desdoblamiento generoso, a una identificación  poco frecuente en la obra de otros críticos o cronistas que se enfrentan a sus análisis desde una perspectiva inflexiblemente racional.

 

La cuestión es que esta «Tinta de ayer» tiene en este milenio absoluta vigencia, nos muestra una Carilda cuya visión femenina del mundo se expresa a plenitud. Las cartas sin destinatario explícito, que intercala a lo largo del volumen, son tal vez una prueba de su excelencia en otro género prosístico: el epistolar,  que se expresa a través de una feminidad delicada y activa al mismo tiempo, sin mojigaterías ni inhibiciones, con el estilo de esa Gertrudis a la que ha sido capaz de desnudar desde el punto de vista sicológico como ningún exégeta hasta ahora, entre los muchos que lo han intentado.

 

En el libro publicado por Capiro se adelantan además tres cuentos que después formarían parte del cuadernillo A la una de la tarde, editado por Letras Cubanas en 2004 y con excelente introducción de Antón Arrufat.

      

“Incesto”, “La tarjeta” y “La ropa está tendida” manifiestan ese poder de síntesis y el impecable dominio de un idioma que Oliver Labra posee como virtudes esenciales, más allá del interés de sus anécdotas, muchas de ellas de confeso carácter autobiográfico.

      

“A la una de la tarde”, de 1990 es, por su parte, la radiografía de una pasión. La protagonista tiene la osadía de declarar que no cree en el amor ni en su permanencia, sino en el deslumbramiento, la consumación y el tedio posterior. Está harta de tenorios municipales, de casados adúlteros, de pederastas que fingen, de otros que armaban versos cursilones para proponerle la cama y, en general, de todos aquellos siervos que la amenazaban con la tradición.

 

 De esta manera revolucionaria, la escritora asume una pasión pasajera, un gesto de libertad nada reñido con la narradora que es fiel esposa en “Palomo Verde”, otro texto sumamente interesante en cuanto a su disección de esa frecuente rivalidad que se establece entre nuera y suegra, dentro de la familia cubana.

 

En la prosa de Carilda se mezcla el yo insoslayable, que garantiza su autenticidad, con la maestría estilística capaz de convencer al más exigente de los críticos y de los públicos.