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Un antiguo y nuevo rumbo para la poesía cubana
 

Marilyn Bobes, 27 de diciembre de 2010

    
He tenido la oportunidad de leer de una sentada El rumbo de los días, del poeta cubano Waldo Leyva, ganador del X Premio Casa de América 2010 convocado por la institución madrileña del mismo nombre y publicado por la prestigiosa colección española Visor.
    
Más allá de los hallazgos de este volumen que contiene poemas de excelente factura junto a otros que abundan en tópicos, me impresionó su inocultable sinceridad, aunque desde el punto de vista de la forma el poemario parece haber sido elaborado a partir del probado oficio del autor.
      
Me he preguntado entonces por la validez de la corriente conversacional en la poesía cubana después de un largo tiempo en que dicho estilo escritural padeció entre nosotros de un desprestigio por lo que parecía un agotamiento del lenguaje a inicios de la década de 1980.
      
Lo cierto es que, en este cuaderno, después de una toma de distancia, apreciable en Un rasguño en la piedra, Leyva vuelve a los modos característicos de sus orígenes para entregarnos un resultado híbrido que no teme el rescate de los recursos tradicionales (sonetos, haikus, rimas y asonancias) y que apela, sobre todo, a un coloquialismo depurado con el cual consigue algunos textos estremecedores, como el  magnífico: “A modo de elegía”, paradigmático homenaje a los muertos de la poesía cubana que desfilan por estos versos sin distinciones de estéticas ni calidades, amalgamados por citas y por el hilo conductor de sus  desapariciones tempranas.
     
El coloquialismo de Leyva es, a mi entender, auténtico y efectivo, porque busca el diálogo con un lector que, tal vez, participe menos en la receptividad del mensaje, pero se identifica más con el emisor y puede apropiarse, sin dificultades, de la sensibilidad con la cual el autor evoca el tiempo ido, desde una intimidad que recuerda aquella «conversación en la penumbra» con que el gran Eliseo Diego definía el deber ser de un poema.
      
En una nota de contracubierta Ledo Ivo afirma: «la mirada de Waldo Leyva no solo contempla. Es una mirada que escucha los rumores de la vida y el mundo». Y más adelante, agrega: «su poesía es ora clara como el agua más límpida, ora teñida de esa oscuridad que marca al ser nocturno y solitario».
    
Sin embargo, la oscuridad de Waldo Leyva no es morfológica sino conceptual. No busca códigos que requieran un gran esfuerzo para su desciframiento, sino la recuperación de un modo de hacer que parece cobrar un segundo aire en este siglo XXI.
       
En el poema que da título al libro, el autor declara:

No soy de los que deciden el rumbo de los días, y aun cuando el verso se presta a múltiples interpretaciones, encuentro en él la velada confesión de quien escribe sin la voluntad de innovar, siguiendo únicamente los dictados de esa voz interior con la que busca  por encima de todo, el amor de los otros.
    
En los últimos tiempos he observado una tendencia en ciertos poetas cubanos de mi generación, inclusive, de otras posteriores a volver a lo coloquial. En algunos casos esta vuelta está marcada por la utilización de recursos expresivos, fundamentalmente postmodernos que dan por resultado una especie de neo-conversacionalismo diferente.
    
Resulta interesante este rescate, pasados casi treinta años desde que esta forma de hacer abandonó los cánones de nuestra lírica a favor del exceso metafórico o el hermetismo epigonal de los origenistas.
    
En el caso del libro que nos ocupa, a no ser en la interesante relación intertextual del ya citado “A modo de elegía”, Waldo Leyva no hace otra cosa que recuperar el lenguaje característico de los 60 y los 70, aun cuando lo recupere con una altura mayor a la de sus libros anteriores.
       
De cualquier modo, El rumbo de los días es una obra que conmueve donde se manifiesta un savoir fair alcanzado por la sabiduría acumulada en el transcurso de los años. Su atmósfera nostálgica cautivará a muchos de los que ya rebasamos la juventud, aunque confieso que me hubiera gustado un poco más de creatividad  e invención.
          
Su lectura me ha hecho preguntarme, ¿es el conversacionalismo realmente un estilo agotado? La respuesta es indudable, solo la podrá dar el tiempo que será siempre nuestro mejor lector.