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La literatura de las mujeres en Cuba: ¿revisión del canon?

Marilyn Bobes, 21 de enero de 2011

La próxima Feria Internacional del Libro nos traerá la reedición de un título oportuno respecto a los estudios sobre la literatura escrita por las mujeres en Cuba: Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios, publicado por Ediciones Unión la primera vez en 2004 y cuyos valores adquieren ahora mayor visibilidad por cuanto se trata de un título subversivo en lo que ataña la revisión del canon a partir de una inteligente perspectiva de género.

Poco tiempo antes, las mujeres cubanas no fueron justamente valoradas en los estudios académicos y críticos que han contribuido a la formulación del canon. Pero la necesidad de rescate de obras que marcan pautas en una tradición construida sobre los presupuestos del pensamiento patriarcal, hace de esta compilación ensayística un libro imprescindible si se trata de desterrar los prejuicios que han conducido a la omisión o subvaloración de autoras fundamentales para la historia de la literatura en Cuba.

Desde la década del 90, y quizás desde mucho antes, Luisa Campuzano viene realizando este trabajo de descubrimiento. De esta manera, el ensayo que inaugura la selección, habla de una figura que la investigadora considera «la primera escritora cubana, poco o nada conocida en Cuba, porque el carácter transgresor de sus textos y de su persona le concitó la animadversión de sus contemporáneos y aun de estudiosos posteriores que intentaron disminuirla, ignorarla, escamotearla o que simplemente no se preocuparon por ella». Y está hablando de Beatriz Jústiz y Zayas, más conocida como la Marquesa Jústiz de Santa Ana.

Otras figuras como la Condesa de Merlin o Aurelia González del Castillo adquieren en estas páginas su justa dimensión, mientras el devenir de lo contemporáneo ocupa un extenso espacio que no olvida las interconexiones entre lo específicamente femenino y los contextos sociales de las escritoras, características que hacen a esta obra, una defensora de la literatura de género que no se limita al ghetto de cierto feminismo empobrecido por la estrechez de miras de sus teóricas.

En la nota de contracubierta de Las Muchachas de La Habana…esa gran intelectual cubana que es la doctora Graciela Pogolotti señala el desafío transgresor de estos textos surgidos al calor de los grandes debates de la historia.

Con su “Memorial Carlos III”-afirma Pogolotti- la Marquesa Jústiz de Santa Ana anuncia la aparición de una escritura femenina vinculada al diseño de un proyecto nacional. La Avellaneda y la Condesa de Merlin, Aurelia Castillo de González, Dulce María Loynaz y las alfabetizadoras, vistas desde esa perspectiva, proponen una nueva visión de la literatura cubana.

Y es en esa nueva visión donde se realiza de manera implícita la revisión del canon que nuestras letras reclaman, donde, además de otros aspectos de importancia, como puede ser la supeditación de la autonomía del texto a los aspectos “ideológicos” de la obra, figura esta descalificación de la escritura de las mujeres, provocada por siglos de predominio institucional de lo masculino.

En este sentido, el título que Ediciones Unión reedita en ocasión de la venidera Feria del Libro no es solamente el resultado de un riguroso quehacer intelectual. Es también una pauta para una futura historia de nuestra literatura a partir de una necesaria y urgente revisión de lo tradicional.