Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 6 de diciembre de 2019; 4:55 AM | Actualizado: 04 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 202 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

César López en la circularidad del cuento (I)

Jorge Ángel Hernández, 21 de enero de 2011

En 2001, la Editorial Letras Cubanas reúne los cuentos publicados por César López en su colección Premio Nacional de Literatura.1 Un volumen de 244 páginas que retoma el nombre de su primer cuaderno de cuentos, de 1963: Circulando el cuadrado. Este acto circular se enmarca en la poética del autor y, por extensión, en la poética de varios narradores del absurdo, de Kafka a Virgilio Piñera. Consecuente con sus métodos creativos, la compilación reproduce los textos de sus dos cuadernos anteriores en el mismo orden en que fueron publicados, con la excepción de «El muro y los artefactos» (1965) y «Objetos provisionales» (1999), que aparecieran independientes y se incluyen en antepenúltimo y penúltimo lugares en esta edición. El ensayista Rogelio Rodríguez Coronel, a cargo del prólogo, llama la atención sobre la coherencia de toda la obra del autor, en verso como en prosa, y advierte que, entre la unidad poética de sus Libros de la Ciudad2 y sus textos narrativos, cruza un hilo conductor inadvertido en nuestra crítica.

Hay, no obstante, cierto grado de incoherencia cronológica en la argumentación del ensayista cuando «suma» los textos narrativos de César López a su producción poética, una vez que ha destacado el valor de esos Libros de la Ciudad. Si el primer volumen poético de esta saga es de 1967, con mención en el Premio Casa de las Américas del año anterior, en rigor, este se sumaría a su narrativa. El mismo Rodríguez Coronel aporta, sin embargo, la causa de esta incoherencia, asumida por consenso histórico: la poesía como género preponderante de la época y, a su propio juicio, la poesía como género de mayor nivel en el autor. De ahí que, antes de hablar del libro en cuestión, se refiera con merecidos elogios a su trayectoria poética.

Circulando el cuadrado (1963) apareció por Ediciones R, con doce ilustraciones de Chago —que bien hubieran podido rescatarse para esta ocasión— y diseño de Raúl Martínez. En su nota de presentación, ubicada en la solapa de contracubierta, se coloca una «aclaración previa» cuyo objetivo declarado es actuar «como agente de disolución para los equívocos que puedan surgir, en derredor de la obra». Es una advertencia a los imperativos de la inmediatez en la más convulsa de las etapas de la revolución triunfante. «Toda referencia rápida —aclara de inmediato— ha de ser desechada en este volumen de cuentos, sin que el autor por su parte niegue el mundo de las relaciones y dudosas influencias». La contingencia de las transformaciones sociales que el proceso revolucionario cubano imponía a la existencia ciudadana no se conjuga armoniosamente, ni con la atmósfera propia de la tradición del absurdo, ni con la permanencia de su asunción literaria. Por ello, se considera «preferible una búsqueda de la realidad opresiva que circunda al protagonista a través de sus diferentes estadios».

Así, se remite a inmediatos referentes que, desde el pensamiento, presionaban para reeditar las viejas polémicas de la era estalinista acerca del realismo socialista y del papel de los intelectuales en la revolución. «El método contemporáneo de aislamiento, en los países socialistas —escribe el cineasta y profesor Jorge Fraga, precisamente en 1963— es una “nueva” y “socialista” torre de marfil: la Torre de Anatema».3 «¿Cuál es la situación de los que permanecemos junto a la Revolución, unos más militantes, otros más pasivos, pero ninguno en contra de ella?», se pregunta, por su parte, el cineasta e intelectual Julio García Espinosa, para responder a punto y seguido:

La situación —no creemos pecar de indiscretos— es francamente desalentadora. Y lo es porque el ambiente casi en su totalidad carece de lucha. Más o menos hemos ido resolviendo nuestras condiciones de trabajo; cumplimos nuestra tarea diaria haciendo un cuadro, una sinfonía, un poema, una película; cogemos el fusil en los momentos en que la Revolución se ve en peligro. Y sin embargo no basta. Era y es necesario como elemento fundamental e ineludible la lucha ideológica. La lucha esta que se nos plantea como una necesidad para el desarrollo del pensamiento crítico fuera y dentro de nosotros mismos.4

Estas necesidades de confrontación ideológica, a partir de la propia obra creativa, se insertaban en medio de tensas discusiones epistemológicas e importantes concreciones empíricas en el ámbito de lo institucional y lo administrativo, aun cuando, en efecto, la actitud de los intelectuales revolucionarios rescata su instancia última para la historia de nuestra cultura, como lo expresa enseguida el propio García Espinosa: «Aceptar la idea de que estando políticamente unidos podemos expresarnos sin sobresalto alguno y, como consecuencia de ello, renunciar a la lucha ideológica y a la actitud crítica, es abonarles el terreno a la mediocridad y al conformismo».5

La nota de solapa de la primera edición de Circulando el cuadrado añade, por su parte, que en sus páginas «hay en realidad un protagonista que no es en modo alguno un hombre abstracto, sino un ente social con todas sus características, internas y externas, que tiene que enfrentarse, consecuentemente, a situaciones que pudiendo llegar a lo terrible se desenvuelven en un humor peculiar y a veces grotesco». O sea, el absurdo y lo grotesco como categorías literarias que no se desentienden de la realidad, ni como fuente de creación ni como tributo de conocimiento y de transformación. Como se trata de un libro escrito entre 1956 y 1962, no surge como un choque directo a estas confrontaciones, sino como una muestra de la coherencia poética de César López. Pero la realidad en que se inserta, lo obliga a definir, en esas cápsulas de presentación, las bases poéticas de sus textos. No hay torre de marfil ni decadencia, dos acusaciones históricas sufridas por los cultivadores del absurdo en la literatura. No por gusto hace explícitos, en esas mismas líneas, los antecedentes del infante Juan Manuel y de Quevedo. Una actitud que sesga un poco la asumida por los surrealistas, aun cuando el manifiesto de López no lleve más que unas líneas de alusiones compactas.

El absurdo literario, para él, cuando es auténtico, «no es más que una forma de interpretar la realidad». Este interés sociológico marcado se contrapone a los conceptos de cierta teoría que se erigió en defensora médica de la literatura socialista, creando preceptivas de conducta escrituraria y, sobre todo, tachando todo aquello que del dogmático canon se alejara. Un novelista como José Soler Puig recibió, en nombre del marxismo, la injusta crítica de José Antonio Portuondo y la justa reivindicación de Ambrosio Fornet.6 Durante su trayecto de estudiante de medicina en la Universidad de la Habana, López se consideraba parte de un grupo de escritores «secretos y vergonzantes», abiertamente de izquierda, con «gurús del Partido Socialista Popular» que los llevaban por «sendas del marxismo, lo cual añadía más tensiones a su formación religiosa».7

El cuaderno Circulando el cuadrado aparecería, además, en la Editorial Europa (Budapest, 1969), en Alfaguara (Madrid, 1987) y en Maurice Nadeau (París, 1990 —con traducción de François Masperó). Gracias a la edición de Alfaguara, la crítica española lo desmarcaba del boom de la literatura latinoamericana veinticinco años después de que, por sí mismo, el propio autor se desmarcara. O sea, un nuevo azar de incoherencias que hacen natural la existencia del absurdo, la ironía existencial y la utilidad del sarcasmo. Para César López, aún finalizando el siglo XX, «el absurdo y la ironía forman parte de las peripecias de la vida, y la vida trata de ser incorporada a la poética». «Los elementos absurdos se presentan en la vida, se incorporan a la escritura, pero no constituyen una técnica de ocultamiento, sino signos totales de lo que, a mi juicio, ocurre tanto en la vida como en la literatura».8 Un giro histórico que es, en verdad, parábola del propio giro que, al circular el cuadrado, el autor impone a la expresión lexicalizada de la cuadratura del círculo. Préstamos sucesivos entre la literatura y la vida; entre el absurdo y la lógica.

Ámbito de los espejos aparecería bajo el sello de Letras Cubanas en 1986, como una más de las visualmente feas ediciones de la década y como uno más de los interesantes y valiosos textos narrativos que en ese periodo publicaran. Catorce historias en un volumen de 148 páginas, escritas, excepto la primera: «Las felicitaciones» (1959), entre 1964 y 1966 y entre 1984 y 1985. Mientras circula, fresco, Circulando el cuadrado, en sus 3000 ejemplares, César López escribe ocho historias. Casi dos décadas más tarde, cuando ya ha ocurrido el deshielo en que se vieron varios escritores de su generación, redacta otros cinco cuentos.

La coherencia poética de su cuentística va a quedar, sin embargo, inadvertida en relación con la coherencia narrativa de su poesía en un contexto con preocupaciones estilísticas diferentes de las que marcan su poiesis. No deja, por tanto, de ser una rareza. Ni deja, tampoco, de ofrecer un nuevo texto que otras dos décadas después, y acaso otras en acumulativa suma hacia el futuro, permitan dedicarle una lectura calmada, complacida, sin la molestia de perdonar en lástima el contexto histórico del ámbito de la escritura. Es hasta cierto punto lógico que sus sarcasmos, motivados por cultas referencias, sus latigazos satíricos, vestidos con un don poético, y sus ironías exquisitas y profundas, demoren en ser entendidas por un lector que busca inmediatez. Y la buscaba tanto el de principios de los sesenta como el de finales de los ochenta, etapas que saturarían de denuncias directas, planas, casi periodísticas, nuestra literatura. Su apuesta es, entonces, por el tiempo; también ahora, cuando cumplimos veinte años de que la Colección Premio Nacional de Literatura reuniera, en un volumen, sus cuentos.

Notas:
1- Volumen reeditado en 2006 por la misma editorial (228 pp.).
2- Primer Libro de la Ciudad (Unión, 1967), Segundo Libro de la Ciudad (Unión, 1971) y Tercer Libro de la Ciudad (Letras Cubanas, 1998); todos reunidos en Libro de la Ciudad (Unión, 2001; 2006).
3- La Gaceta de Cuba, Año II, no. 28, octubre 18 (suyos los entrecomillados y las cursivas). En Graziella Pogolotti: Polémicas culturales en los 60, Editorial Letras Cubanas, 2006, p. 81.
4- Ibíd., p. 87.
5- Ídem.
6- La Gaceta de Cuba, no. 39, julio de 1964. En Graziella Pogolotti: Op. cit., pp. 249-269.
7- V. Armando Chávez: César López: poeta en la ciudad, Ediciones Sed de Belleza, 2004, p. 27.
8- Ibíd., p. 47.

Jorge Ángel Hernández, 2019-09-16
Jorge Ángel Hernández, 2019-08-29
Jorge Ángel Hernández, 2019-07-17