Carta por dos cubanos en otra ciudad (Secades/Aramís)
Hace apenas tres meses escribí sobre el delicioso libro de Aramís Castañeda La ciencia avanza pero yo no (Capiro, 2009), donde hice el primer intento por establecer un paralelismo entre Eladio Secades y el joven santaclareño que debutaba como narrador. Eso creí entonces. Pero como sucede tantas veces, y al decir del oso Yogui, esa película estaba al revés. Cuando asistí a la Feria del Libro de Santa Clara, tuve el privilegio de compartir con los escritores de esa ciudad, presentar la antología de las Estampas de Secades, hablar sobre el ya mencionado libro de Aramís, disfrutar del anfitrionaje de Arístides Vega cuyas tertulias son únicas por su reconocido carisma, y de recibir de manos del propio Aramís un volumen publicado también por la editorial Capiro, con las crónicas que él escribiera durante su estancia en Miami. El libro, que ya tiene cuatro años de existencia se titula Un extraño en la bañera.
Resulta muy significativo que su autor no conociera al estampero cubano por excelencia porque si antes era posible encontrar puntos convergentes entre ambos escritores, ahora, al comparar el primer libro de Aramís con las estampas secadianas de Miami, la coincidencia es jubilosamente asombrosa. Aunque Secades volcó siempre una dosis considerable de sarcasmo al referirse al llamado ¨american way of life¨, es en el tomo III de sus Estampas (1958) donde con mayor énfasis se burla de ese estilo de vida:
“..Miami es la metrópoli de los hoteles y de las vidrieras. Es también la única posibilidad criolla de ir al Norte. Sin ir al Norte. En Miami se habla español en todas partes: en los restoranes, en las tiendas, en los hospedajes, en las calles. Hay momentos en que el forastero puede pensar que lo que no se habla en Miami es inglés. Para algunos cubanos Miami no sería un lugar tan tentador y tan grato, sino fuera por las ganas de volver que les entra a la semana. La criolla legítima no se explica que un pueblo que ha hecho esos rascacielos infinitos, esos puentes de leyenda y esas carreteras prodigiosas, no pueda identificarse con el secreto del café con leche…”
Aramís, por su parte, da cuenta del doble rasero con que miden la mayoría de los habitantes de esa ciudad, contándonos desde un dolor que no puede disimular, la falsedad de un bastardo estilo de vida que bien vistas las cosas, no encuentra arraigo en nadie. Aunque nadie sea capaz de reconocerlo. Un extraño de la bañera consta de un prólogo (“Mensajes de amor de curso legal”), dos capítulos con cinco y ocho crónicas cada uno —que yo llamaría estampas— y un conmovedor epílogo donde revela una clave fundamental. A pesar de que la añoranza funciona como hilo enlazador que sostiene la coherencia y la verosimilitud de estas historias de Aramís, algo mucho más profundo se respira en ellas: la conciencia de nacionalidad a través de una dicotomía existencial que a la postre cobra lo suyo y deja de existir, para dar paso a un nuevo status todavía infrecuente entre nosotros, para desdicha de todos: el repatriado.
Casi cincuenta años y ciertamente un mundo distancian las estampas miamenses de Secades y las de Aramís, como es obvio. Sin embargo, insisto en las similitudes.
Secades:
….”Miami es el Ten-Cents de los Estados Unidos. Da la sensación de muchas tiendas dentro de una gran tienda. Subyuga a un turismo que, en vez de ir a ver catedrales y museos, va a ver vidrieras. Parece que todo en Miami tiene una etiqueta colgando…”[El criollo en Miami, 1958]
Aramís:
….”En Miami hay muchas tiendecitas de discos; tiendecitas, en su mayoría, propiedad de los cubanos con más tiempo en la ciudad…..Más mal que bien, como se ha podido, se levantan cual tinglados que mucho deben a la manufactura…” [Días como hoy, 2007]
Secades:
…”No se explica cómo la cubana que va al Norte olvida en un curso en el college lo que aprendió en Cuba en tantos años. Es la descubanización a la primera nevada. Se coge una crónica social y se comprende que estamos perdiendo la nacionalidad . Nancy, Loly, Sussy, Betty, Wedding Cake. Buffetsupper. Piscina-party. Canasta-party. La bodega es el grocery. El cabaret, night-club. El mozo que sirve, aunque haya nacido en Galicia responde al grito de waiter…” [La cubana que estuvo en el Norte, 1958]
Aramís:
….”sí son estos latinos gritones, no hay nada cómico en sus cómicos, arman el show con lo que a ellos les dio risa hace veinte años, son demasiado empalagosos y siguen viendo al anglosajón como el Dios ante el cual deben cambiar su gesto…” [ Y no ha de ser por gusto, 2007]
Si Secades pudo darse el placer de criticar a mansalva la vida norteamericana con la irradiante comicidad de su estilo literario, Aramís añade una inconformidad mayúscula ante la valoración de la cual es objeto cuando es analizado por un nativo de ese país: ..yo, que debo figurar como tonto, ignorante, estúpido, al que le corresponde estar listo para recibir lecciones….
Y mejor aun: Discapacitados y lerdos como somos, hubo un día en que paralizaron la Tierra sin que nadie nos tocara por el hombro para advertírnoslo, hablando todo el tiempo desde la óptica de un cubano que ha ido a radicarse en una ciudad a la que termina por detestar. Secades carece de este dolor, no necesita reafirmarse como cubano de la isla ni defenderse puesto que en el momento de sus viajes eran otras las condiciones, como es sabido.
Al final, ambos estamperos ilustran —cada uno en su particular estilo—, la percepción de un entorno que acoge o desprecia, y engulle o escupe a los que no nacieron en él. Hijos de la distorsión, como hemos sido, reconocemos, sin embargo, estemos donde estemos, que a los humanos son más las cosas que nos unen que las que nos separan (Aramís), porque se borrarán los nombres y las fechas y nuestros desatinos y quedará la luz, bróder, la luz y no otra cosa (Sigfredo Ariel).
Laidi Fernández de Juan.
Fin de febrero, 2011.