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Karla Suárez: un libro de cuentos para recordar

Marilyn Bobes, 09 de septiembre de 2011

Ediciones Unión acaba de publicar un nuevo libro de relatos de la narradora cubana Karla Suárez, residente en París.
 
Conocida por los lectores de la Isla por su volumen de cuentos Espuma (1999) y su novela Silencios, Premio Lengua de Trapo en ese mismo año, con Carroza para actores, Suárez nos entrega, un libro de madurez en esta ocasión, signado por su universalidad y por una eficacia narrativa superior a la de sus anteriores entregas.
 
Doce historias divididas en los movimientos de una sinfonía particular y un tanto desordenada (Allegro man non troppo, Adagio, Andante y Andante Cantabile) componen esta colección, cuya característica más notable es su originalidad en los asuntos no manidos de una poética que centra su punto de interés en el ser humano y sus relaciones con el mundo en una era de nuevas tecnologías que lejos de comunicarnos —parece decir la autora— alejan a las personas cuando estas no han sido capaces de sobreponerse a sus propios complejos personales y frustraciones.
 
Personajes sui generis como la coleccionista, la baby sitter, la bulímica atrapada en una desastrosa relación matrimonial o la internauta que renuncia a un posible compañero por temor a no encontrarse a la altura de lo que este espera de ella, desfilan por unas páginas narradas sin rebuscamientos y donde señorea la anécdota por encima de cualquier consideración formal.
 
La influencia del mejor Julio Cortázar y la conciencia de que todo debe ser puesto en función de lo que quiere expresarse sobresalen en un volumen lleno de sorpresas imaginativas que tienen su colofón en una pieza antológica: “Las notas falsas” a través de cuyo profundo simbolismo Carroza para actores resume su sentido y la cosmogonía de una autora que está entre las mejores de la narrativa cubana del tercer milenio.
 
Como las corcheas que recoge el acomodador de ese gran cuento, este libro es «la última [...] sinfonía de las notas falsas. Pobrecitas notas escapadas de una melodía cualquiera. Porque al final, yo le pregunto a usted, ¿acaso no es con esas mismas notas que se construyen las obras maestras?».
 
Economía de medios, lenguaje sobrio y aguda penetración en las motivaciones de sus personajes hacen de los cuentos de Suárez paradigmas de eficacia narrativa. Sus argumentos, sugerentes y cautivadores, rezuman autenticidad y universalidad.
 
Es esta una muestra más de la buena gestión editorial del sello que la publica. No se trata de cumplir con la exigencia moral y social de publicar autores de la llamada “diáspora”, sino de saber seleccionar aquellos que, por su calidad, merecen figurar en el catálogo de nuestras editoriales.
 
A ello habría que añadir la hermosa cubierta ilustrada por un fragmento del tríptico del pintor cubano Pedro Pablo Oliva Nueva historia para Mamá Inés.
 
Libros bellos y conceptualmente valiosos. Eso es lo que requiere nuestra industria en momentos donde debe imponerse la racionalidad y la calidad. No es sólo una cuestión económica, sino un problema de respeto al lector y de política cultural.