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El ambivalente infierno de María Liliana Celorrio

Marilyn Bobes, 26 de septiembre de 2011

Confieso que tengo una relación ambivalente con el más reciente libro de María Liliana Celorrio: Matar al pájaro sentado, publicado por Ediciones Unión. Parece escrito para horrorizar a los lectores y, sin embargo, la destreza narrativa y la imaginación de su autora, cautivan de una manera un tanto morbosa.
   
La excelencia de un volumen de relatos como Mujeres en la cervecera de esta misma autora, me dio la certeza de que ella es, sin duda, una de las voces más descollantes del panorama narrativo cubano en la actualidad.
   
Sin embargo, el libro que hoy comento, deja la sensación de ser escrito en el límite y, por ello, pierde un poco del encanto con el cual la escritora tunera acostumbra a maravillar a sus seguidores, aun cuando sus temas sean duros y su lenguaje un tanto soez y desacostumbrado.
  
Pero Matar al pájaro sentado carece de toda autocensura verbal y conceptual  y ello lo coloca un tanto más allá de ese realismo sucio de Charles Bukowski, lo que puede resultar un obstáculo para una adecuada recepción.
   
Dividido en tres secciones (Arroró mi niño, Costuras bajo la lengua y Ejercicios con espinas) el libro transita de una poesía blanda y un tanto maternal hacia esos abismos infernales que hacen de la última parte un compendio difícil de digerir por su  escritura retorcida y que roza, por momentos, la vulgaridad.
   
Y no es que yo esté en contra de los contenidos provocadores, sino que cuando estos se asumen de una manera gratuita se convierten en desperdicio de la buena prosa, característica en María Liliana, cuyas atmósferas sórdidas no restan a su oficio ese buen hacer en términos estilísticos muy logrado en textos como “La rosa náutica” o esa brevísima joya titulada “Ejercicio con espinas”.
 
Desafortunadamente, otros textos como “Absurda-mente” dejan el mal sabor de lo escatológico sin que logremos atisbar un sentido dentro de las propias reglas del absurdo que lo rige.
      
María Liliana debió meditar un poco antes de conformar este libro, extraña mezcla de poesía y mal gusto.
     
Últimamente parece una moda entre algunas escritoras, especialmente mujeres, herir la sensibilidad del receptor apelando a sus más bajos instintos, buscando en la realidad los aspectos más oscuros y tomando la temática como fin a través de un lenguaje premeditadamente obsceno.
       
A Celorrio la salva su talento. A otras escritoras las pierde su afán de hacerse notar.
      
En definitiva, Matar al pájaro sentado es un libro que pretende echar un ojo a través de la cerradura del infierno, pero no al estilo de Dante. Con muchos cuentos salvables y dos o tres que, en mi opinión, eran absolutamente prescindibles, su autora debió ponerse freno antes de publicar algunos como el ya citado, “Absurda-mente”, o el pedofílico “El ángel blanco”.
     
Por lo demás, son remarcables el poder de síntesis, el nivel de sugerencia y la maestría con que la autora es capaz de manejar los más disímiles registros sin perder la voz propia.
    
María Liliana Celorrio aún tiene mucho por narrar y espero que, en sus futuros volúmenes, sea capaz de idearse contenciones para que sus libros no pierdan la fuerza y el encanto que los ha hecho perdurables.