Apariencias |
  en  
Hoy es sábado, 30 de noviembre de 2019; 1:19 PM | Actualizado: 29 de noviembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 97 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Carta por el libro necesario: No hay que llorar

Laidi Fernández de Juan, 27 de octubre de 2011

A instancias del narrador, poeta y gestor cultural Arístides Vega Chapú (Santa Clara, 1962), treinta y cuatro artistas (además de él mismo), han expresado lo fundamental de sus memorias del llamado Período Especial en Cuba.

El material, compilado por Vega Chapú en un curioso libro bajo el título No hay que llorar, será lanzado el mes próximo por la Editorial Pablo de la Torriente Brau, al ser este sello el responsable del proyecto Memoria, que en la modalidad de concurso ganara Arístides Vega, en el año 2009 cuando no se trataba más que de una propuesta.

Lo primero que llama la atención es la diversidad del volumen en cuanto a casi todo: Aunque predominan los autores masculinos, (solo once mujeres brindaron sus testimonios, en contraste con veinticuatro hombres), están presentes ambos sexos y, por consiguiente, ambas posturas de género. Las edades fluctúan entre treinta y dos y setenta, siendo el promedio de edad de cuarenta y ocho años. Aunque todos los testimoniantes pertenecen al mundo de la cultura (poetas, narradores, dramaturgos, editores, guionistas, ensayistas, una pintora, un historiador, actores y críticos), son los primeros quienes predominan. El país está representado por autores(as) de casi todas las provincias, aunque la mayoría vive en Santa Clara y La Habana, y solo cuatro de ellos se encuentran actualmente fuera de Cuba.

La memoria, esa gran regidora de conductas, no se deja traicionar por  nada en este libro, ni permite imágenes distorsionadas de lo que fue la etapa cubana más difícil después del año 1959. La perspectiva de cada quien, el prisma a través del cual fueron asumidas las dificultades que nos cayeron encima con la fuerza de un cataclismo inesperado en los años noventa del siglo pasado, se refleja en los testimonios particulares de cada autor(a). Como ejemplo de esta diferente manera de afrontar la penumbra en la cual transcurrió esa angustiosa parte de nuestras vidas (y digo penumbra como metáfora y también como reflejo de los inacabables cortes de luz), me referiré justamente al aspecto cultural.

Mientras algunos de los participantes en el libro renegaron de su condición de artista : «jamás me di el lujo de pensar en literatura. Me parecía una enajenación innecesaria»,  dice una de las escritoras; otro apunta: me aferré a la escritura como salvación», o «Resultó mi período más creativo como escritor»; y alguien, con ironía pero con acierto, dice: «el cancionero cubano e internacional nos debe horas de difusión».

Otras inevitables contradicciones afloran entre un testimonio y otro, entre un cuento y el siguiente, entre una observación, un juicio o simplemente un chiste, porque somos seres complejos, con vivencias individuales:

 «El Período Especial, igual que el amor, entró por la cocina»

«Nunca, como en esta etapa tuvo este país tanto arte»

«No soy un sobreviviente»

«Soy un sobreviviente afortunado»

«Nos volvimos violentos y egoístas»

«Hubo muy poco de individual o privado en la Cuba de opción cero»

«Sobrevivimos gracias a la solidaridad de verdaderos, eternos amigos»

Hay quien opina que hubiera sido mejor escritor sin el Período Especial, y, por el contrario, otro considera que no hubiera sido ni mejor persona ni mejor escritor sin esos años caracterizados por una profunda depresión económica y social.

Resulta imposible resumir el contenido de este libro necesario, colectivo, que versiona, como bien apunta su antologador, un mismo tiempo dictado desde la singularidad que propicia la vivencia individual. También humor cáustico, ironía, dolor, comicidad abierta y elocuentes confesiones depresivas encontrarán los lectores del testimonio, —que es decir  de la memoria—  de este particular y ojalá superado momento de nuestra Historia. Como arma contra el olvido, y como enseñanza para las nuevas generaciones, sugerimos la lectura y la conservación de No hay que llorar, disponible a partir del venidero mes de Noviembre.

Laidi Fernández de Juan

 

María Virginia y yo
Sindo Pacheco
K-milo 100fuegos criollo como las palmas
Francisco Blanco Hernández y Francisco Blanco Ávila
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis