Apuntes sobre el actual panorama literario cubano
El panorama literario cubano actual se caracteriza por su gran diversidad temática y estilística.
Si bien en los finales del siglo pasado hubo una oleada de cuentos muy relacionados con las problemáticas de la realidad social, económica y política del país, los primeros años de este milenio recién inaugurado apuntan a una mayor presencia del sujeto, su intimidad, la referencia cultural y la fuga hacia otros escenarios de la ficción, bien sean espaciales o vinculados con lo fantástico.
Eso no quiere decir que no haya escritores todavía interesados en un realismo que cuestiona y refleja los acontecimientos más inmediatos. Creo que, en general, pudiera hablarse de una heterogeneidad rica en formas y contenidos, lo que me parece muy alentador desde todo punto de vista.
Algunos hablan de la falta de información de los escritores cubanos sobre lo que se está escribiendo hoy en el mundo.
No creo que ello afecte demasiado a la creación en sí misma. Más bien nos salva de una imitación pedestre que a veces se percibe en los consumidores de best sellers y libros de moda.
Pero tampoco niego que sería beneficioso poder acceder a obras valiosas que por lo general son publicadas por editoriales que mantienen su perfil cultural antes que comercial. Sería el caso de Anagrama en España, cuya labor ha dado a conocer importantes autores de todas partes del planeta con énfasis en sus valores literarios.
Esa limitación de acceso me parece más un problema global que nacional y relacionado con la dictadura del mercado que impone preferencias y jerarquiza obras de dudosa calidad.
En Cuba se publican, sin embargo, libros de autores extranjeros que han pasado la prueba de la trascendencia. Ahí están los títulos de Arte y Literatura y del Fondo Editorial de Casa de las Américas para demostrarlo.
Es una lástima que no haya más escritores dispuestos a ceder sus derechos para ser publicados en nuestro país. En ese sentido, creo que la gestión editorial cubana pudiera ser menos pasiva y contactar con todos aquellos escritores que el lector de esta Isla y sus autores, merezcan conocer. Quizás habría muchos dispuestos a dar sus obras de manera gratuita.
Se dice que el teatro y la poesía son el pulso de la salud cultural de un país: pienso que en Cuba no se cumple esa norma.
La poesía me parece en estos momentos un género demasiado pródigo. Un bosque que no permite vislumbrar los árboles. El teatro sí es una manifestación de vanguardia y con un nivel notable de calidad.
A mi entender, el ensayo y la narrativa son los que están marcando las pautas de la literatura cubana en este comienzo de siglo.
Por otra parte, es una debilidad de la edición de libros en Cuba no reparar demasiado en la demanda, es ostensible la falta de estudios para determinarla. No pudiera afirmar que al público cubano le guste el riesgo, porque se compran muchos libros y tengo mis dudas acerca de que sean leídos realmente por sus compradores. Necesitaríamos una investigación seria al respecto que ilumine el sector de la recepción. Asimismo, el acceso de los escritores —especialmente los que comienzan— tanto para la editorial como para las revistas, es difícil. No existe una gestión dirigida a descubrir talentos.
Se ha reemplazado la función del editor por la de los concursos y ello no es totalmente saludable, pues ya se sabe lo veleidosos que pueden ser los premios.
En mi opinión, en el actual panorama de la literatura cubana hay más escritores que obras interesantes.