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El sobrepeso en los tiempos de Beneton

Marilyn Bobes, 09 de marzo de 2012

Fue en la ya lejana década de los ochenta cuando el escritor y guionista Senel Paz junto con el realizador Orlando Rojas concibieron esa película memorable que es “Una novia para David”.
         
Entonces era yo una veintiañera esbelta, incapaz de comprender en toda su dimensión el drama de aquella gordita simpática y llena de espiritualidad llamada Ofelia, a quien treinta años después, esta vez en la novela En el cielo con diamantes, Paz convertiría en una suicida.
         
Ahora la antología de cuentos Ni más ni menos gorda, de Teresa Medina y publicada por la editorial Extramuros retoma el tema del sobrepeso o la obesidad en una selección insólita por la gran cantidad de ángulos con que los cuarenta y siete escritores incluidos en ella, abordan el argumento.

Como bien se afirma en la nota de contracubierta de la editora Dulce María Sotolongo —quien también es incluida en la muestra como autora— «aquí se desposan el humor gordo y la gorda ternura en apasionantes historias que, en su mayoría, tienen como escenario la Cuba de hoy. Amén de los patrones de belleza actuales y de la lucha contra la obesidad, estos cuentos tienen como denominador común las palabras del polifacético Bobby Carcasés: Hay una dieta que todo lo resuelve: el amor».

No es este un volumen signado por el renombre o la pareja calidad de los textos incluidos, sino un loable intento de hacer del personaje de la gorda, el blanco del rechazo, la burla patriarcal o el sujeto auto reivindicado, capaz de superar los prejuicios o la subestimación para construir su propio espacio de felicidad o realización.

En ocasiones, las historias rebasan el tema como pie forzado y van mucho más allá del asunto, convirtiéndose en relatos polisémicos y enriquecidos por otras muchas alusiones, como es el caso de “Mariposas japonesas” de María Elena Llana o “Chat Noir” de Mónica Olivera, autora prácticamente inédita en Cuba y que se nos presenta aquí con una pieza verdaderamente interesante, de delicada originalidad.

Otra de las virtudes de este libro es dar a conocer autores o sacar del casi ostracismo a otros aun cuando algunos cuentos ofrezcan una calidad superior y otros queden en esa medianía que no complacerá absolutamente al lector.

Como bien señala Teresa Medina en su excelente prólogo: «El rechazo a las obesas está tan compenetrado en la sociedad cubana que en muchas ocasiones a una niña se le atribuyen características positivas […] es buena, simpática, feliz cuando es delgada y tramposa, sucia, lenta si es gruesa».

Ni más ni menos gorda viene a romper y a reafirmar ese mito, recogiendo también la visión prejuiciada y peyorativa para que sea el lector quien identifique una acción discriminadora, alentada, fundamentalmente, desde las sociedades de consumo que hacen de la cantidad de kilos que acumulan las personas un valor falaz, ignorando que en tiempos de nuestras bisabuelas era la mujer rolliza la que gozaba de mayores ventajas en la absurda subasta de signo machista a la cual las mujeres parecen destinadas por la tradición patriarcal.
         
El problema del sobrepeso no afecta solo a la mujer, sino también al hombre. Pero es la mujer la más erosionada por esa estética dominante, en tanto hacia ella fundamentalmente, van dirigidas las solicitaciones consumistas de la sociedad occidental.
         
Esta problemática queda muy bien expresada en un relato tan excelente como “Animal Plant” de Ahmel Echevarría.
         
En definitiva, este raro libro me parece, sobre todo, un gesto humanitario, una acción social a través de la palabra, aun cuando estemos conscientes de que la obesidad es también un problema de salud y que, a eliminarlo debemos dirigir también nuestros esfuerzos.