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La -siempre interesante- Siempreviva

Marilyn Bobes, 25 de septiembre de 2012

Entre las muchas revistas literarias y culturales que proliferan en Cuba, La Siempreviva, dirigida por el Premio Nacional de Literatura Reynaldo González, editada por el profesor José Antonio Baujín y diseñada por Pepe Menéndez, es quizás una de las más atractivas y rigurosas por su concepción integral.

Ningún detalle parecen descuidar sus realizadores, y su siempre hermosas portadas así como la exqusita factura del diseño se corresponden, en cada una de sus entregas, con la calidad de un contenido que desafía a cualquiera de las publicaciones periódicas que circulan actualmente en el mundo de habla hispana.

Prueba de ello es el número trece (a pesar de las supersticiones que tienen a esta cifra como símbolo de maldiciones y augurios nefastos) que llega a los lectores avalada por interesantísimos materiales, entre los que me permito destacar el fragmento de la novela en preparación de Leonardo Padura (“Herejes”, que aquí aparece como “Los Herejes”, debido a un posterior cambio de título por parte del autor) y el excelente artículo ensayístico de Carlos Espinosa “Del buen uso de las enfermedades”.

El primero de los materiales mencionados nos permite apreciar la evolución de un autor que se nos muestra aquí con un lenguaje esplendoroso. El tema del mundo judío y las exploraciones en el mundo de las artes plásticas del siglo XVII, conforman un fresco en que el autor de El Hombre que amaba a los perros nos ofrece un prometedor adelanto de lo que será, sin dudas, otra novela importante para el desarrollo y ampliación temática del mundo narrativo cubano.

Por su parte, Espinosa fascina con su excelente análisis, afincado tanto en la literatura latinoamericana como en la universal, sobre los estigmas de la enfermedad y describe una línea continua desde los tiempos de la tuberculosis hasta los de hoy, donde el Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) se ha convertido, además de en una pandemia, en un síntoma de exclusión social por personas que reflejan en ella sus prejuicios y juzgan al enfermo como ente antisocial.

Los excelentes cuentos de Alex Fleites y María Elena Llana, así como la abundancia de reseñas críticas, caracterizadas por su profundidad y su aporte de ideas que trascienden a los propios textos comentados, enriquecen esta entrega que sumerge al lector en un placentero trance del que emerge pleno y satisfecho.

Mención especial merece el dossier titulado “Ausencia no quiere decir olvido”. donde Antón Arrufat, Graziella Pogolotti y Cira Romero nos acercan a escritores poco frecuentados actualmente, por la crítica y que, sin embargo, han dejado importante huella en la historia de nuestra literatura y nuestra vida cultural.

Se trata de tres ponencias leídas en el ciclo “Escritores Olvidados de la República” organizado con mucho éxito a principios de este año por la Fundación Alejo Carpentier.

Los que recoge La Siempreviva están dedicados a Armando Leyva, Flora Díaz Parrado y Jesús Castellanos.

A todos estos exquisitos materiales habría que agregar una página dedicada a Virgilio Piñera con su texto crítico “Dos poetas, dos poemas, dos modos de poesía..”. Desde ahora, sería bueno adelantar que a este autor, cuyo centenario de nacimiento estamos conmemorando, estará dedicado el número catorce de esta revista.

Una empresa así merece comentario y atención. Reynaldo González sabe cómo ofrecer un material que no solo va dirigido a los especialistas, sino también a toda la población, lo que implica rehuir de los tecnicismos seudoacadémicos del mismo modo que de las concesiones populistas.

Otros números anteriores de esta publicación aparecen signados por igual calidad, pero decidimos comentar el más reciente ya que es una demostración de la permanencia, en términos de calidad e interés, que La Siempreviva ha conseguido conquistar.

El esmerado diseño y la belleza con que está concebida hacen de esta publicación un objeto para coleccionar. Quizás, junto a la revista Unión sea esta, una de las más importantes entre las que se publican actualmente en el país. Deseémosle larga vida y cada vez más lectores. Merece la pena.