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Huracanes, a propósito del libro A mal tiempo, periodismo

Laidi Fernández de Juan, 22 de octubre de 2012

Las y el periodista Iramis Alonso, Bárbara Avendaño y Toni Pradas, han hecho una admirable selección de textos bajo el título A mal tiempo, periodismo. Cobertura de huracanes en Cuba, con prólogo del Presidente del Círculo de Periodismo Científico de la UPEC, Orfilio Peláez y auspiciados por la Oficina de la UNESCO en La Habana.

Más allá del carácter cronista que caracteriza la descripción de ese azote de la naturaleza frecuente en nuestro entorno, conocido por los nombres de ciclón y huracán, lo que destaca el libro es su profundo aporte historiográfico, lo que le otorga la categoría de imprescindible cuando de consultas bibliográficas se trata.

Ya conocíamos la diversidad de tesis que intentan explicar el origen de los términos “huracán” y “ciclón” a través del magnífico ensayo “La ruta del huracán”, de la profesora Margarita Mateo Palmer, recogido en su libro El misterio del eco (Ediciones Unión, 2011). Allí se señala que Juracán (Guabanex o Cabuya), es considerada la más importante deidad de las Antillas precolombinas, y que, según explicó el sabio cubano Fernando Ortiz, el vocablo ciclón —procedente del griego— fue adoptado desde mediados del siglo XIX por meteorólogos ingleses, y significa “serpiente enroscada”.

A mal tiempo… abunda en otras posibles teorías, que enriquecen el acervo cultural e histórico de dichos eventos: "[…] según legado del Padre Las Casas y Pedro Mártir, los indios del Caribe llamaban juracán al fenómeno atmosférico por su significado castellano de “espíritu maligno” y “Dios del mal”[…] y aunque los meteorólogos han logrado perfeccionar sus tesis acerca del origen y formación de estos acontecimientos, los filólogos no han tenido igual suerte en definir la procedencia del término."

Así encontramos como posible génesis para las palabras “huracán” y “ciclón”, una voz taína que significa “centro del viento”, aunque otros estudiosos proponen que fueron los mayas quienes expresaron a través de la voz “hurakan" el “corazón del cielo”.

Tanto la profesora Mateo Palmer como los tres periodistas responsables del libro que hoy nos ocupa, destacan la labor investigativa de nuestro mayor novelista, Alejo Carpentier.

Este inigualable escritor no solo dedicó gran parte de su novela El siglo de las luces a la descripción minuciosa de un ciclón, con toda la furia y las consecuencias que deja a su paso, sino que dejó establecido que el término “huracán” es la primera palabra indígena que penetra en el léxico común del español.  

Resulta interesantísimo conocer que fue Cristóbal Colón el primer europeo que vio ante sí el “corazón del cielo”, cuando en 1494 su flota fue sorprendida en lo que se llamaría La Isla de Pinos, y en las notas de su Diario se encuentra el primer reporte del hombre blanco sobre un huracán. Por supuesto, ya nuestros primeros habitantes, legítimos dueños de la tierra que les fue arrebatada, conocían sobradamente dicho fenómeno atmosférico, y es una suerte que se conserve hasta nuestros días si no las impresiones de entonces, al menos la palabra con la cual se designa dicha furia de la naturaleza.

Además de dejar plasmada la influencia que tuvo y tiene el huracán sobre la cultura cubana, A mal tiempo…, —aunque con menos ahínco que El misterio…, puesto que no es ese su objetivo fundamental—, señala autores como José María Heredia, Manuel de Zequeira y Arango y al propio Carpentier, quienes han utilizado el huracán como leitmotiv en algunas de sus obras.

Resulta un hallazgo de suma curiosidad la lectura de “¿Quién asesinó a los veteranos?”, reporte realizado por Ernest Hemingway, publicado en New Masses en el año 1935 y recogido en este libro.

En dicho artículo, el Premio Nobel de Literatura denuncia la ignominia a que fueron sometidos veteranos de la Primera Guerra Mundial cuando ocurrió lo que más tarde sería llamado “El gran huracán del Día Obrero”, donde perdieron la vida 265 sobrevivientes de la contienda bélica, quienes se encontraban construyendo un camino en las islas bajas de los Cayos de la Florida.

Mateo Palmer, más en la cuerda ensayístico-literaria que en la periodística, abunda en el tema y aporta un resumen de la poesía y la narrativa más influenciada por el tormento climatológico. Analiza textos de otros autores, además de los citados en A mal tiempo, como José Lezama Lima, Lino Novás Calvo, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Juan Clemente Zenea. 

La importancia de la labor desarrollada por los primeros observadores físicos meteóricos en Cuba aparece ampliamente documentada en A mal tiempo, de modo que estas reseñas representan un documento de gran valía. Con particular énfasis, el capítulo “La historia de Belén; el célebre observatorio de los jesuitas en La Habana”, constituye no solo un justo homenaje al padre Benito Viñes Martorell, quien ocupa un sitio de honor en las memorias de la ciencia cubana, sino también a quienes se consagraron a la actividad de la predicción de desastres naturales (los padres Gutiérrez-Lanza, Lorenzo Gangoiti, y los ingenieros Luis García Carbonel y José Carlos Millás).

La documentación gráfica resulta pobre en A mal tiempo..., debemos decir. Al comparársele con otros libros que tratan el tema —como es el caso del más destacable de todos Fortaleza contra huracanes, del colectivo de autores que encabezó el ingeniero Miguel Ángel Puig García, publicado hace ya varios años—, se llega a la conclusión de que se necesita, para una mejor ilustración, un número mayor de imágenes fotográficas que las que contiene el libro que comentamos hoy.

Por fortuna, Fortaleza contra huracanes, también valioso para la historia de esos organismos tropicales en Cuba, presenta mayor cantidad de elementos gráficos, aunque se constriña más a la contemporaneidad y a la labor encomiable de quienes laboran sin descanso en la Defensa Civil de Cuba.  

A modo de resumen, podemos argumentar que estamos en presencia de tres trabajos (El ensayo de la Dra. Mateo, el libro del ingeniero Puig García, y la compilación de artículos periodísticos A mal tiempo…) que abordan desde distintos ángulos la influencia, en nuestras vidas, de fenómenos climatológicos conocidos como ciclones. Lejos de contradecirse, los textos se complementan perfectamente, y brindan una excelente aproximación a la historia, la realidad y el mito pertenecientes al gran dios de Las Antillas: Hurakán. 
 

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