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Leyla Leyva: Las profundidades de la espera

Marilyn Bobes, 09 de octubre de 2012

No sé por qué al terminar de leer el poemario de Leyla Leyva, Estado de Espera, publicado recientemente por Ediciones Unión, recordé aquellas palabras de la poeta norteamericana Silvia Plath cuando afirmaba sentirse “como un caballo de carrera en un mundo sin pistas”.

Y es que a esta autora, experta en profundidades y dura como pocas de su generación, los límites de su mundo interior parecen asfixiarla hasta tal punto que el lector acaba por identificarse con ella, a pesar de las no pocas dificultades semánticas que caracterizan su literatura.

Un libro de vigorosa unidad, personalísimo y donde la riqueza de lenguaje está siempre en función de la sensibilidad acorazada por la fortaleza espiritual, es el que nos propone esta poeta, que ya nos había dado buenas pruebas de su talento con sus Piélagos y sus Ejercicios Carnales, pero que en esta nueva entrega se nos presenta como una escritora madura, plena, experta en la expresión de un peculiar intimismo, excepcional por sus conexiones con el mundo circundante.

Como bien ha sabido ver su editora, Jamila Medina:


Aunque (a)parezca enclaustrada entre las pequeñas ceremonias diarias (mirar la tendedera donde la ropa bate, husmear los restos de comida, pulir las superficies, recoger las migajas…), esta voz se inclina más bien por sonreír, aunque con cierto cinismo, con preocupación por un suceder que la conforma también desde el exterior.


De esta manera, pensando tal vez en sí misma, Leyla nos confiesa:

 

Pienso en la fatalidad y en ti, que pudiste haber muerto
o quedar lisiada, pero no, cuando todo apuntaba
a que otro sería tu destino, sobreviviste…


Y en ese sobrevivir para esperar, se encuentran, en mi opinión, las claves de una lírica donde la supuesta fragilidad femenina se rebela aceptando, segura de que existe esa potencia mayor, dentro del hipócrita o resignado sometimiento a que el sujeto se ve obligado por sus propias circunstancias.

Una mención muy especial merece la poesía “amorosa”. No hay en ella el idílico estado sublimado que suele proponernos la literatura romántica y que ha heredado nuestra contemporaneidad. En este libro el amor se nos revela con todas sus contradicciones, “escardando lilas secas de las lindes”.

Estado de Espera constituye —y he aquí uno de sus mayores méritos— una revolución dentro del espacio privado, la domesticidad y los trillados recursos de un feminismo que encuentra en este cuaderno, una de sus más rotundas manifestaciones por el sarcasmo que despliega hacia el orden patriarcal.

Las esperas de Leyla Leyva son sus expectativas pero también sus fronteras. Como lo fueron las de las muchísimas mujeres que le sirven de pretexto en sus versos para extraer originales interpretaciones y enseñanzas.

Se trata de una obra no apta para lectores y lectoras pusilánimes, pues su crudeza puede ser decodificada desde el principio hasta el fin y es, desde ella, desde donde nos sentimos estremecidos y tocados por una voz que no recuerda a ninguna, que ha buscado más en sí misma que en todos los libros leídos y asimilados.

Recomendamos, pues, la lectura del poemario y celebramos su aparición, este libro raro y sobrecogedor escrito desde la experiencia y la más dolorosa y lúcida inmersión en las profundidades del alma humana.