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Carta por el próximo libro Berlineses

Laidi Fernández de Juan, 28 de diciembre de 2012

Abel Fernández- LarreaA resultas del concurso Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2012, tendremos la oportunidad de conocer el nuevo libro del escritor Abel Fernández- Larrea (La Habana, 1978). En la categoría de cuentos, "Berlineses" se alzó con el Premio, y debe estar a disposición del público en la venidera Feria Internacional del Libro.

Esta colección de diez relatos suscitará el mismo  interés que provocó en quienes integramos el jurado de este año, y me propongo esbozar (al menos) los motivos que justifican  dicha admiración. Lo primero que llama la atención cuando nos adentramos en el mundo que nos propone este joven autor, es su fascinación por una Europa “post”, muy distante de nosotros en todo sentido.

Ya en su libro anterior; Absolut Röntgen (Ediciones Cajachina, 2009) Fernández-Larrea esbozaba el entorno enfermizo de una Rusia que, de vuelta de antiguas esperanzas, sobrevive con una especie de azorado (y acerado) mecanismo vital. A través de vivencias de niños y niñas que sufrieron las lluvias ácidas de accidentes nucleares, y las no menos corrosivas tormentas ideológicas de los últimos estertores del socialismo europeo, aprendimos cómo marcha esa parte del planeta, otrora tan cercana a nosotros. Este libro, profundo en términos de lenguaje (por el cuidado con que lo tejió el autor) y de tesis (desgarradora, crudelísima), llegó con el aval de tres premios: en el año 2008 había obtenido la Beca de Creación Caballo de Coral del Centro de Formación Onelio Jorge Cardoso; su cuento “Yodo” fue Mención del Concurso Cesar Galeano, y otro de los cuentos, “Baikonur” fue ese mismo año el ganador del Premio Mangle Rojo. Así, con tres distinciones, Absolut Röntgen se insertó en el panorama de la joven narrativa que nace en Cuba, con la peculiaridad de una temática inexplorada hasta ese momento.

Ahora, como si esos niños y niñas provenientes de una Europa lastimada hubieran crecido, y el tiempo transcurrido lejos de soliviantar las flictenas, y sus consiguientes laceraciones, las mantuviera a flor de nervios, llegan adultos traspolados a un Berlín que apenas reconocemos. Muchachos y muchachas endurecidos a golpe de cínicos razonamientos, que les permiten insertarse en un añorado mundo construido con alfileres, pueblan las páginas de "Berlineses". Utilizando (una vez más) un lenguaje depurado, donde no existen excesos ni carencias sino justo lo necesario, Abel Fernández-Larrea nos permite recorrer las calles de una ciudad recién anastomosada; identificar lo que de ellas pueda seguir siendo remotamente familiar para nosotros.

Un aire extrañamente juvenil, y al mismo tiempo melancólico, signa estos cuentos, que no acaban de resultarnos comprensibles por completo debido a nuestra ignorancia, y ello aumenta el afán por estudiarlos. No es suficiente el interés que provoca la propuesta literaria de este joven narrador: el universo que construye resulta (por decir lo mínimo) inquietante.

Desde el cuento que abre la colección; “Jetlag” hasta el conmovedor “Manuscrito encontrado en Alexanderplatz”, precedido por una suerte de noveleta magistral : “Un día en la vida de Daniel Horowitz”, Berlineses  se abre camino con una doble coraza.  Por lado, con la exquisitez  de sus evocaciones (Hoy he salido a buscarte por la ciudad. Aquí vivimos, aquí conocimos a la muerte. […]Nunca septiembre fue tan frío. Nunca pensé que al gritar de júbilo por la victoria de Mathaus y Klinsmann en aquel verano del noventa, también estaba espantando con mi grito una vida por delante. Así que bebí, bebí para olvidarte, como en los boleros, y corrí sin zapatos gritando tu nombre por los callejones), y por otro, con la ausencia de un horizonte tierno, típico de personas maduras, conformes (El agua cae en ángulo de treinta grados sobre el cuerpo, borrando el sueño, llevándose más células en coma, más polvo del Moldava. Respirar. Transpirar. Secarse al viento. El mundo entero un secadero de almas).

Las dos láminas que conforman el peto con el cual sale al ruedo "Berlineses" (ya vimos: la dulce presencia del amor, a pesar de todo, y el descarne de la sobrevida a ultranza) están redondeadas, a su vez, por un cuidadoso esqueleto que soporta los sucesivos desprendimientos que funcionan cual capítulos de una misma historia.

Abel Fernández-Larrea, tal como había demostrado en Absolut Röntgen, posee el don de construir atmósferas uniformes en términos literarios, coherentes también en sus mensajes humanos. Tras la rudeza de su juventud y natural irreverencia, su obra permite ver más allá  a través de sutiles homenajes (a Machado, a Joyce, a Benedetti), con el resultado de una espléndida promesa que por fortuna ya se encuentra entre nosotros.

Laidi Fernández de Juan, diciembre, 2012.

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