Carta por un mar soñado
Cuando esta misiva llegue al público, el autor de Soñar el mar (Editorial Capiro, Santa Clara, 2009) estrenará sus primeros cincuenta años de vida. Arístides Vega Chapú conocido poeta, promotor cultural, narrador para niños y adultos, merecedor de varias distinciones −entre las cuales destacan el Premio Poesía Internacional Nicolás Guillén, de México, en el año 2001, el Premio Nacional Alcorta de Literatura para niños y jóvenes en el 2005−, se alzó con el Premio Literario Fundación de la Ciudad de Santa Clara, precisamente con este volumen que hoy comento.
Dos años antes de la aparición de Soñar el mar, habíamos disfrutado de su excelente libro Te regalo el cielo (Editorial Cauce, Pinar del Río) también dedicado a niños y jóvenes y cuya lectura difundimos desde esta misma columna.
El niño que narra en esta ocasión tiene la peculiaridad de estar enfermo. Nunca se hace explícito su padecimiento, pero se mantiene en constante inmovilidad, y la narración se salpica con vocablos médicos: sueros, pastillas, cama de hospital, aparatos de ventilación artificial. Lejos de suscitar lástima (o mejor dicho: superándola) el niño construye un maravilloso mundo desde su propia imaginación y nos lo ofrece como premio a nuestra grisácea condición de normales.
Su sueño, que alterna con la vigilia, consiste en un paseo mágico por aquellos paisajes que no conoce salvo por sus lecturas: el mar, en primer orden, las montañas, el cielo, los árboles. No bastándole dicho recorrido, inventa un universo cuya primera capital nombra La ciudad escondida de Shambala. Aquí, en este prolongado dormir también predominan los elementos de la naturaleza como fuente de belleza y de bienestar: El pico Kula Gan Gri, la ciudad de Sehaan, Micronesia (donde se cultiva la mejor nuez de coco), un lugar conocido como Mayotte (donde nace la vainilla) y otro llamado Tunicia (rico por sus dátiles) por solo citar unos pocos de los incontables viajes oníricos que realiza.
Soñar el mar está estructurado en tres sesiones, dos de las cuales son las mismas, aunque en diferentes tonos. Me refiero a la primera y última parte, donde se anuncia y se desenlaza la patología que sufre el niño narrador. En ninguno de estos acápites, existen patéticas descripciones que pudieran haber sido efectistas si ese fuera el propósito del autor. Lejos de ello, llegamos a asumir la condición diferente del niño y participamos de su despedida en medio de las poéticas visiones con las cuales finaliza el volumen.
Intercalada entre ambas sesiones o capítulos, aparece una esplendorosa colección de versos que ha escrito el protagonista, bajo el título homónimo del libro: Hasta hoy, lo que más me ha gustado, aún siendo tan difícil, es imaginar el mar. Por eso estos poemas, que son un libro que nadie publicará, por lo que no precisa de lector alguno, llevarán como título “Soñar el mar”.
Justo el día posterior a su cumpleaños, el niño cae en una suerte de sopor del cual ya no se recupera, salvo por sus ensoñaciones, donde, al igual que en sus países inventados, se apertrecha para no ver el sufrimiento de sus padres.
El elemento de fuerte crítica al mundo adulto es nuevamente utilizado por Vega Chapú como recurso infantil y humorístico en su literatura, como ya habíamos visto en Te regalo el cielo. Una constante evaluación del comportamiento de los mayores de la familia, actúa como resorte que permite cierta hilaridad en la lectura. En contrapunteo, el autor defiende el punto de vista de sus niños-narradores, responsables de criterios inobjetables: “Las personas mayores, por lo general, no toleran escuchar la verdad en boca de un niño. Los adultos se creen dueños de la verdad”.
Sin poder ocultar su condición primordial de poeta amante de la naturaleza, Arístides crea atmósferas donde el entorno animal y vegetal adquiere condición de fuerte presencia, casi tan importante como los humanos (sanos o enfermos, niños o adultos). La manera delicada con que acaricia al universo infantil, y la hermosura de algunas de sus evocaciones (De todas las estrellas que han invadido el paisaje de la noche ¿cuál me pertenece? ¿Cuál de ellas me seguirá hasta penetrar en mi sueño a través de una ventana que deberé imaginar, pues no existe? ¿qué estrella descenderá dejando a solas La Luna, para reposar a mi lado el aliento de su mejor luz, temblorosa, como si tuviese frío lejos del cielo?) distinguen a este escritor, cuya obra, sin dudas, posee el atractivo de gustar a cualquier edad y de provocar por igual discretas mezclas de risa y de compasión.
Laidi Fernández de Juan, enero 2013.