Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 8 de diciembre de 2019; 12:23 AM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 157 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Renato Guitart: de las conspiraciones inciertas al compromiso resuelto con el 26 de Julio (I)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 15 de enero de 2013

El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 causó la quiebra de las instituciones políticas cubanas, aquellas que dentro de la democracia representativa se desempeñaron con no pocas dificultades. El afán de cambios nacionalistas, expresado en las campañas lideradas por el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), contribuyeron al despertar de la conciencia nacional.

   El dictador Fulgencio Batista, pragmático y oportunista, impuso su mandato espurio tras la consolidación del golpe, y en los primeros meses de su administración pudo sortear la oposición inicial del pueblo, que por entonces carecía de una dirigencia revolucionaria. Por otra parte, las dictaduras militares se avenían al modelo neocolonial diseñado por los Estados Unidos para la América Latina en el período de la Guerra Fría.

   Las expresiones genuinas de quienes desde un principio entendieron la necesidad de enfrentar la dictadura mediante la resistencia armada se vieron limitadas a las manifestaciones de repulsa realizadas en la Universidad de La Habana y en algunas ciudades importantes del país, entre esas demostraciones se destacó la de Santiago de Cuba por el eco las demandas de aquellos que esperaban colaborar con quienes aportaran armas y recursos suficientes para la lucha. El 10 de marzo de 1952, alrededor de siete u ocho mil personas se reunieron en el Parque Céspedes, oradores de las más diversas tendencias tomaron su puesto en la tribuna. En medio de aquella enardecida multitud surgió el grito: “¡Para el Moncada¡”; no pocos siguieron el llamado, la jefatura militar de dicho cuartel envió al capitán Delfín a dialogar con un grupo de los que protestaban. Algunos expresaron su deseo de empuñar las armas para defender la Constitución, pero fueron desoídos. Renato Guitart y su padre, René Guitart, armados de pistolas, se integraron a los primeros grupos que tocaron las puertas del Moncada para colaborar con la resistencia al golpe. La respuesta que obtuvieron fue: deberían esperar las órdenes en su casa.

    Renato, inconforme con esta recomendación, mantuvo una actividad incesante y en el bar Florida se reunió con un grupo de veteranos de Joven Cuba; allí planearon diversas acciones de sabotaje, pero poco tiempo después recibieron la noticia de que el cuartel Moncada se había sumado al golpe de Estado. Entre los integrantes de Joven Cuba, herederos de Guiteras, con quien Renato estrechó relaciones, se encontraba Juan Miguel Frías. Este, al conocer que en la Universidad de la Habana se había creado un foco activo de resistencia al cuartelazo, se trasladó a la capital en compañía de Renato. En La Habana todos coincidieron en que el golpe se había consolidado y que no era recomendable ejecutar sabotajes o algún tipo de protesta armada, por lo que acordaron fundar y fortalecer un aparato clandestino capaz de enfrentar a la dictadura por medio de las armas. Fue así que se organizaron algunas agrupaciones clandestinas lideradas por caudillos de la década del 30, como el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) dirigido por Rafael García Bárcenas, Acción Libertadora, conducido por Justo Carrillo y la Triple A, fundada por Aureliano Sánchez Arango. Acción Libertadora se encontraba estrechamente vinculada a la FEU a través de Álvaro Barba y otros líderes estudiantiles.

   Frías, fundador de Acción Libertadora, sumó a Renato a esa agrupación. Renato no solo se integró a este grupo opositor, también entró en contacto con los grupos estudiantiles universitarios de tendencia más radical, en el que descollaban algunos compañeros de estudios suyos en Cárdenas, como José Antonio Echeverría, José Naranjo y Rolando Cubela.1 Precisamente, a partir de ese momento inician la labor conspirativa Fidel Castro y Abel Santamaría, quienes todavía sin conocerse, utilizaban la estructura de la juventud ortodoxa. Fidel Castro en particular redactó el artículo “¡Revolución no, zarpazo!”, en el cual llamaba al combate armado contra el régimen golpista.

    La salida insurreccional a la crisis política cubana fue el común denominador de todas estas agrupaciones. Los objetivos políticos de sus directivas determinarían las diferencias entre ellas. Lo más trascendental de ese proceso fue el surgimiento de una vanguardia revolucionaria comandada por Fidel Castro; Renato tuvo la oportunidad de penetrar, con su acción, la relación dialéctica entre estos grupos e incorporarse a dicha vanguardia. Al propio tiempo, entre 1952 y 1953, se produjo una situación en la que por un lado, se consolidó la dictadura, y por el otro, se agudizó el distanciamiento entre las jóvenes generaciones y los partidos tradicionales de oposición, los cuales perdían crédito día a día. Esto favoreció el fortalecimiento y desarrollo de los grupos conspirativos.

    La dirección nacional de Acción Libertadora tenía como secretario general a Justo Carrillo. La misma estaba conformada por un delegado, en representación de cada una de las provincias,  que servía de enlace con los jefes de distritos y estos a su vez, con los jefes de células. En Oriente la directiva de la organización quedó integrada por Juan Miguel Frías, secretario general; Raúl del Mazo, organizador; Renato Guitart, relaciones exteriores; Juan M. González, finanzas; Enrique Boudet, vigilancia y control; Justo Amante González, propaganda; César Pascual Montaña, acción y sabotaje; y Carlos Rosell Monier, profesionales. 2

    Al regresar Juan Miguel Frías y Renato de la capital se dieron a la tarea de captar adeptos para esta agrupación entre miembros de Joven Cuba y el Partido Ortodoxo. Además de cumplir sus funciones como secretario de relaciones exteriores, Renato también dirigió la célula de Acción Libertadora en el poblado de El Caney. Esta se creó durante una reunión, organizada por el propio Renato, Danilo Baeza y Mario Lamela, que se efectuó en una casa en construcción perteneciente a la familia Benítez-Lamela, ubicada en el lugar conocido como  La Caridad.  En Santiago de Cuba, la agrupación contó con muchos estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza y de la Escuela Normal de Maestros, entre ellos: Frank País, José (Pepito) Tey, Félix Pena, Oscar Lucero, Casto Amador, Armando Colomé. Según Juan Miguel Frías, Otto Parellada ingresó por recomendación directa de Renato.

    Según testimonio de José Antonio Lugo, agente cercano del ex presidente Carlos Prío, hacia 1952 se estudiaron importantes proyectos de insurrección de los Auténticos con la FEU y Acción Libertadora, donde Renato Guitart jugó un rol trascendente. Tras un encuentro en Miami, de Carlos Prío con una comitiva estudiantil encabezada por Alvaro Barba, presidente de la FEU, se llegó al acuerdo de que el primero suministraría armas a los estudiantes para que en el combate contra la dictadura ocuparan un lugar similar al del Directorio Estudiantil de los años 30. Prío les manifestó que contaba con armas en un país latinoamericano, pero que la dificultad radicaba en hacerlas llegar con seguridad. En ese momento fue que los estudiantes le propusieron que “el padre de un estudiante de Oriente, llamado René Guitart, era embarcador y consignatario de barco en esa provincia; que ellos podían conseguir el barco”. 3 Refiere Lugo que dos días después de ese encuentro en Miami regresó a La Habana y contactó con Renato Guitart, quien le indicó que en Belice conocía a un capitán de buque capaz de transportar las armas a Cuba, si se le pagaba bien.

   Lugo también testimonió que transcurrido un tiempo viajó con Renato a Jamaica y de allí hacia Belice, donde se entrevistaron con el capitán Jhons y le comunicaron su intención de trasladar armas de contrabando “desde un lugar del Golfo de México hasta otro lugar en el límite de las aguas jurisdiccionales de Cuba”. Jhons le recomendó a otro capitán de buque llamado Lensmagna, con quien pactaron un precio para trasladar las armas cuando Lugo le avisara. De Belice, Renato y Lugo atravesaron la frontera mexicana en dirección a la bahía de Chetumal, Yucatán. De Chetumal volaron clandestinamente en una avioneta Cessna hasta Mérida, y desde esta ciudad Lugo le informó a Carlos Maristany que regresaban a Cuba. Maristany era un estrecho colaborador de Carlos Prío y manejaba una planta de comunicaciones secretas desde México. Renato y Lugo, al llegar a La Habana, pudieron burlar la vigilancia del SIM, luego el santiaguero “marchó a la Universidad a reunirse con la FEU”. Con posterioridad, Lugo, a instancias de la FEU, acordó “que René compraría un pequeño barco” con supuestos fines recreativos, aunque la nave a la postre debería utilizarse para el traslado de las armas desde el buque Kerrymark conducido por Lensmagna. El pequeño barco no fue otro que el Francisco, el cual no llegó a cumplir su misión insurreccional por incumplimientos de los propios dirigentes auténticos. 4

   El Francisco fue el yate por el cual Renato pagó a su constructor, Francisco Jiménez, la suma de dos mil quinientos pesos y que luego guardó en el club Náutico.5 Según René Guitart, padre de Renato, la embarcación se adquirió con dinero no solo de Acción Libertadora, sino también de su hijo mayor.  El joven Guitart pretendió utilizar ese yate para recoger armas transportadas por naves provenientes del exterior y llevarlas hasta un punto en la costa santiaguera. Con ese fin, junto a varios compañeros de Acción Libertadora, cavó un pozo, de alrededor de dos metros de profundidad, cerca de la casa donde había vivido en Renté, al que construyó escaleras y un respiradero con la finalidad de resguardar armas y hombres. En definitiva, el Francisco solo pudo utilizarse para trasladar hacia Renté a miembros de Acción Libertadora que efectuaron allí algunos entrenamientos con armas de fuego y explosivos. Sus instructores fueron Pedro Miret y Léster Rodríguez, quienes también adiestraban en la Universidad de La Habana y que luego intervendrían en la acción del Moncada. Allí se les impartió clases de arme y desarme, posiciones de disparar y tiro.

    Según los documentos migratorios de Renato, a mediados de 1952 el joven emprendió varios viajes por América del Norte y Central. Se conserva su certificado internacional de inoculación y vacunación, necesario para hacer esa travesía. A efectos formales, Renato explicaba que se trataba de viajes de negocio para contactar con alguna agencia de exportación, pero, según su propio padre, casi siempre obtenían pocos dividendos de aquellos contactos. 7

    En realidad Renato, secretario de Relaciones Exteriores de Acción Libertadora en Oriente, se reunió con líderes políticos dirigidos por Carlos Prío, los cuales prometían armas para iniciar una insurrección en Cuba. En una carta a un compañero que se encontraba en La Habana, le urgió a que le recogiera su pasaporte, también dirigió otras misivas al Cónsul norteamericano en Santiago de Cuba, para que favoreciera la concesión de su visado. En la relación de visas de su pasaporte del año 1952 —número 05500—  se encontraban: Estados Unidos, en abril y junio; Jamaica y Bélice, en julio; Mérida, Bahamas, Costa Rica y Belice, en septiembre; Jamaica, dos veces en octubre. 8

     Como podrá apreciarse, realizó el mayor número de viajes entre junio y octubre de 1952, fechas y lugares que concuerdan con la descripción que hace José Antonio Lugo en su testimonio. Coincidentemente, por estas fechas se produjeron contactos de importantes líderes estudiantiles, como José Antonio Echeverría, con miembros de la Triple A y Carlos Prío, en México. 9 Además fueron los meses en que cobraron inusitada fuerza los planes de la Triple A para realizar una insurrección en Cuba, alentada desde el extranjero.

 

Notas

[1] Rolando Cubela Secades: Posteriormente traicionó a la Revolución.

[2] Lupiañez, José: El movimiento estudiantil en Santiago de Cuba (1952-1953) Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1985. p.73-74.

[3] Lugo, José Antonio: “Recuerdos”, s/e,  1975.  pp.127-134.

[4] Ibidem  pp. 127-134.

[5] Medina,  M.: Gesta de 1953-1958 (inédito). En: Ibarra Guitart, Jorge R: Todo Valor. Ed. Verde Olivo, La Habana, 1998. p.65.

[6] Testimonio de René Guitart en programa radial “Renato Guitart, el único joven santiaguero en el Moncada” de Radio Progreso dirigido por Julio Batista , 1974.

[7]  Fondo de la Comisión de Historia del Comité Central del PCC, Santiago de Cuba. En: Ibarra Guitart, Jorge R: Ob. cit. p.66.

[8] Ibidem . En: Ibarra Guitart, Jorge R : Ob. cit. p. 67.

[9] García Oliveras, Julio: José Antonio Echeverría. La lucha estudiantil contra Batista.  Ed. Política, La Habana, 1979. pp.90-92.