Renato Guitart: de las conspiraciones inciertas al compromiso resuelto del 26 de Julio. (III)
El 15 de enero tuvo lugar una de las manifestaciones más violentas del estudiantado universitario contra el régimen, en protesta por la profanación del busto de Julio Antonio Mella. El grupo de dirigentes estudiantiles más radicales logró que la misma adquiriese un carácter político y rebasare los predios universitarios, allí cayó gravemente herido Rubén Batista. Renato, acompañado por Juan Miguel Frías, se trasladó a la capital con el propósito de verificar la magnitud de la protesta revolucionaria e intervenir en los acontecimientos. Llevaba la esperanza, que nunca abandonó, de incorporarse a un movimiento revolucionario capaz de actuar decididamente contra el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista.
La agonía de Rubén Batista se prolongó hasta el 13 de febrero. Ingresado en la clínica del estudiante del hospital Calixto García fue intervenido quirúrgicamente en tres oportunidades. Renato lo visitó en varias ocasiones y, junto a otros compañeros, se mantuvo vigilante, armado, para evitar que fuese trasladado por la policía. Fue entonces que se conocieron Fidel Castro y Renato Guitart. Frías estuvo al tanto del encuentro, facilitado por dos santiagueros radicados en La Habana, Pedro Miret y Léster Rodríguez. Renato quedó definitivamente impactado con la personalidad de Fidel. Al volver a Santiago le confesó a su padre: "Estuve en el hospital a ver a Rubén y allí conocí a un muchacho que es un fenómeno. ¡Qué mentalidad¡ ¡Qué atractivo¡ ¡Papá ese sí es un revolucionario¡ Mira, cada quinientos años nace un hombre como ese".
El padre le preguntó quién era y le contestó: “Se llama Fidel Castro. Es un temperamento de mucho empuje, vive muy adelantado”. Entonces René le contestó: ‘Si vive tan adelantado, tú, Renato, no vas a poder alcanzarlo’ y él se echó a reír”. 1
Recientemente en el libro Fidel Castro Ruz, guerrillero del tiempo, el líder del Moncada confirmó, ante preguntas de la escritora Katiuska Blanco, la importancia del encuentro sostenido con Renato para los proyectos de lucha que estaban en marcha por esos años:
Solo reclutamos a un hombre en Santiago de Cuba: Renato Guitart; lo conocimos en enero de 1953 a través de Pedrito Miret. No queríamos adherir gente de allí para no levantar la más mínima sospecha (…). Solo contamos con Renato quien realizó un excelente trabajo. (….) era un muchacho muy activo, muy entusiasta y lo conquistamos. Él fue la clave en Santiago de Cuba. 2
En aquel momento no solo se establecieron vínculos personales entre Renato y Fidel. A partir de sus criterios comunes sobre la situación política del país surgió una plena identificación de principios entre ambos. Todavía Fidel Castro no tenía un plan de acción. Su movimiento conspirativo se encontraba en un período de reestructuración político–militar, al mismo tiempo que se estudiaban distintas variantes y se esperaban las armas de contrabando que debían llegar del exterior. Por un tiempo este movimiento se mantuvo a la expectativa para actuar, oportunamente, de forma simultánea y de común acuerdo, con el resto de las agrupaciones que conspiraban contra la dictadura.
En esas circunstancias, el Movimiento Nacional Revolucionario de Rafael García Bárcenas atrajo la atención de todas las organizaciones conspirativas. El 5 de abril de 1953, confiado en los contactos que poseía entre la alta oficialidad, García Bárcenas intentó una operación dentro de Columbia, el mayor cuartel militar del país. El plan preveía que los oficiales complotados sublevaran a las tropas y, en un segundo momento, fuesen involucrados los civiles, los cuales se apoderarían del armamento necesario. La acción abortó al ser detenidos sus líderes.
Abril de 1953 fue una fecha decisiva para el movimiento conducido por Fidel Castro y Abel Santamaría, pues se hizo evidente que no era posible continuar interactuando con los demás grupos conspiradores. Esta determinación estuvo basada en diversos motivos: las armas prometidas por los líderes auténticos, que proclamaban la línea insurreccional, no llegaban a ellos, ni siquiera penetrando sus filas; el fracaso de García Bárcenas demostró la peligrosidad de participar en alguna acción con el resto de las agrupaciones proinsurreccionales, ya que podían cometerse indiscreciones que dieran al traste con las operaciones, pero además, resultaba muy difícil mantener compartimentado cualquier plan que se pensara realizar en la capital, donde las fuerzas de la dictadura eran muy superiores y su aparato de seguridad más efectivo. De esta forma, el movimiento independiente de jóvenes ortodoxos organizado por Fidel Castro, que ya había concebido una estrategia para transformar la sociedad, empezó a elaborar su propio plan de lucha armada y a buscar otras vías para obtener las armas necesarias.
En marzo de 1953, data cercana a los planes del Moncada, todavía Renato se mantenía en contacto con los grupos estudiantiles de la FEU integrados a Acción Libertadora y reclamaba de estos el apoyo para sus actividades clandestinas, en las que trabajaba sin desmayo e invertía recursos propios. Pero reconocía que el esfuerzo no era sostenido y no se correspondía con los aprestos que él había dirigido en Santiago de Cuba. 3
Paralelamente, Fidel Castro concebía un hecho de armas y su respectivo plan de acción para ejecutar en la provincia de Oriente, pues tras un año de conspiración, suficientes evidencias demostraban que resultaría muy difícil producir una acción armada de alguna envergadura en la capital o el occidente del país. Para llevar adelante este plan se tuvieron en cuenta las características geográficas de la región oriental, propicias para la lucha armada irregular, y la tradición combativa de su población. Según Léster Rodríguez, fue después del fracaso del plan de García Bárcenas que Fidel citó a Renato para darle participación en la acción que se planeaba: “Hacía falta alguien en Santiago que se pudiera mover, y la persona que tenía las posibilidades y la disposición era Renato”.4
Resulta evidente que Fidel, en los encuentros previos sostenidos entre ambos, había valorado a fondo la personalidad, el carácter y los principios de Guitart, además de la vehemencia de su ofrecimiento para organizar una acción armada y el desprendimiento que lo caracterizaba.
Hacia la primera semana de abril de 1953, Fidel Castro, Ernesto Tizol y Raúl Martínez Ararás se dirigieron a Santiago de Cuba con el objetivo de visitar a Renato y ver la cooperación que este podía ofrecer a sus planes, además de explorar las posibilidades revolucionarias existentes en la provincia. Fidel quedó satisfecho con el serio compromiso de Guitart, pero también quedó convencido de que este, por sus aptitudes revolucionarias y su posición en la sociedad santiaguera, podía contribuir decisivamente a crear las condiciones necesarias para el alzamiento. Las relaciones del joven con miembros de Acción Libertadora y del Movimiento Estudiantil facilitarían un contacto más directo entre la vanguardia moncadista y los grupos que se mantenían conspirando en la ciudad, en caso de que tuviese éxito la toma de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Renato, partidario de pasar de las palabras a los hechos, encontró en la propuesta del futuro Comandante en Jefe de las tropas rebeldes, la oportunidad de cumplir sus anhelos de integrarse a una nueva vanguardia revolucionaria. Se presentaba la ocasión para ver realizado su sueño: participar en una revolución que, coincidentemente, se iniciaría el mismo año vaticinado por él en una de sus cartas.
Según Léster Rodríguez, “Fidel le pide a Renato que tenía que trabajar solo, que no podía trabajar con ningún santiaguero. A pesar de que Renato tenía un grupo de acción ya organizado”.5 Renato fue tan exigente consigo mismo en cuanto al secreto que debía mantener, que ni siquiera le participó el más mínimo detalle a su amigo de la infancia y avatares revolucionarios, Otto Parellada.
Al concluir su estancia en Santiago de Cuba, Fidel se trasladó, junto a Raúl Martínez Ararás, a Palma Soriano, poblado cercano a Bayamo, donde ya existía una célula del movimiento, dirigida por Pedro Aguilera. En su recorrido exploratorio por la provincia encontró una sólida base sobre la cual poner a funcionar la maquinaria conspirativa que, bajo su mando, se preparaba en la capital. El reconocimiento de la futura zona de operaciones lo convenció: el grito de “Libertad o Muerte” se daría en Oriente, como en el 68 y en el 95.
Notas
[1] Rojas, Marta: “Renato Guitart Rosell: Comisionista de buques” Revolución, 20 de julio de 1964. p.4. En: Ibarra Guitart, Jorge R: Ob. Cit. p.75-76.
[2] Blanco Castiñeira, Katiuska: Fidel Castro Ruz, guerrillero del tiempo. Primera parte, t. II, p. 164. Ed. Casa Editorial Abril, La Habana, 2011.
[3] Fondo personal de René Guitart. En: Jorge R, Ibarra Guitart. Ob. cit. p.80.
[4] Entrevista del autor a Léster Rodríguez. Ob. cit. p. 81.