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La aparente magia de una Maga Maguísima

Marilyn Bobes, 22 de marzo de 2013

No porque dirija Ediciones Unión, en cuya plantilla y en cuyo catálogo figuro, ni porque sea la buena amiga que es, dejaré de comentar un libro de la  también escritora Olga Marta Pérez, en estas líneas provocadas por el asombro y la admiración, ante un volumen que desborda las clasificaciones  genéricas para situarse entre lo más valioso de la narrativa femenina cubana contemporánea.

Y cuando escribo “la narrativa” dudo, porque rechazo, al mismo tiempo,  el estrechamiento que colocaría a Toda la magia de la Maga Maguísima dentro de un solo género literario.

Pienso que la Editorial Abril ha puesto en nuestras manos una obra pletórica de poesía y autenticidad, donde los conflictos locales y universales, por su esencia purificadora, son asumidos con el realismo y la positividad que las convencionales moralejas de otras obras dirigidas a los niños no consiguen trasmitirnos.

Se trata, al decir de la propia autora de esta bella edición, ilustrada por Raúl Martínez, de que “La Maga Maguísima es lo suficientemente maga como para haberse inventado a sí misma”.

El hecho de que la protagonista de esta saga sea una mujer cuyos poderes no son tan sobrenaturales, como pudiera parecer a simple vista, arrebata al sexo opuesto (o como más me gusta llamarlo: complementario) la capacidad de transformar el mundo, ya no desde la esfera pública, sino desde el más frecuentemente subestimado espacio privado.

Lo hace con recursos estilísticos impecables y con metáforas que pueden decodificarse o no, sin que por ello se altere un mensaje donde prima la espiritualidad sobre la épica, como en el llamado que el trovador Silvio Rodríguez nos hace en su conocida canción “Cita con ángeles”: seamos un tilín mejores y mucho menos egoístas…

Ya he resaltado en un comentario anterior, a partir de otro libro para niños de María Elena Llana, lo importante que ha sido para la literatura dirigida a los más pequeños esa conflictualidad que parece ser la marca de la mayoría de los autores contemporáneos cuando se dirigen al público infantil.

Pero si algo tiene de original y novedoso este libro de Pérez, es el aliento optimista con el que convence a los lectores de que solo en la asunción de una ética individual que supere los obstáculos que nos impone el entorno, podremos hacer realidad una magia que no es; tal vez porque sus poderes no son sobrenaturales: están limitados por la voluntad no solo de la Maga sino también de todos los personajes que solicitan su solidaria intervención.

Olga Marta Pérez no subestima la inteligencia de los niños y propone una lectura polisémica por intermedio de un lenguaje elegante y pulcro, rico en matices y vocablos, donde lo irreal es el resultado de una operación reelaborada de la experiencia vital.

Confieso que hay historias en los que creo adivinar su vocación por convertir los reveses en victorias como en su bellísimo y conmovedor relato titulado “Relojes” o en “La Maga y su lagartija mocha”, donde nos advierte y reconforta ante las pérdidas o nos hace reflexionar sobre la futilidad de los aplausos, respectivamente.

Dividido en tres secciones que no obedecen a la cronología de los libros que componen esta unitaria antología, Toda la magia de la Maga Maguísima es también un homenaje a las mujeres y a la diversidad.

Sin embargo, no pensemos que vamos a encontrar aquí alusiones a un realismo chato. Si alguna virtud especial tiene este libro es su poder de persuasión a través de la emoción, conmoviendo sin sensiblerías y convenciendo con argumentos antes que con didactismos y normativas excluyentes.

Ya dije también en una reseña anterior que Olga Marta Pérez escribe no solo para los niños, aun cuando se dirige a ellos.

Les confieso que yo, a unos pocos años de la tercera edad, he leído este cuaderno y extraído de él lecciones que me han servido para revaluarme a mí misma, sintiendo igual placer al que experimento siempre ante la buena literatura.

Padres, hijos, mujeres y hombres deberían acercarse a sus páginas para descubrir la aparente magia  hacia las que nos conduce una autora que, en mi opinión, no ha sido valorada en la medida que lo merece. Aunque ella, estoy segura, como su lagartija mocha, no necesita los aplausos. Le basta con ser fiel a sí misma y es de esa fidelidad de la que se nutre su talento.

Ojalá sean muchos sus lectores y ojalá otros críticos se detengan en esta joyita para comentar cuánto de objetividad o de subjetividad confiero a mi reseña.