Una maleta de la que poco se sabe
Entre los numerosos libros de la periodista y novelista cubana Marta Rojas quizás sea La maleta perdida, publicado por la Editorial Pablo de la Torriente en 2003, uno de los menos atendidos por la crítica y los lectores.
Sin embargo, en la sintética y precisa exploración que realiza sobre la figura de uno de los más grandes escritores cubanos de la pasada centuria, Alejo Carpentier, hay una rigurosidad investigativa y una acuciosidad que asombran, al tiempo que nos develan a una autora capaz de conjugar amenidad y testimonio, con los recursos que le concede un legendario ejercicio del periodismo y la veracidad característica del mismo en ella.
De fácil lectura y encanto irresistible, La maleta perdida nos entrega a un Carpentier orgánico y polifacético, tan preocupado por los problemas de su tiempo como por las más variadas manifestaciones artísticas y los medios de comunicación más avanzados de su época, aun cuando para todos queda claro a partir de la visión de Rojas, que su gran vocación fue siempre la literatura.
El volumen tiene, además, la virtud de condensar de manera ágil y sin necesidad de recurrir al género ensayístico, la personalidad de un Carpentier poco conocido: la relación con su madre, ya expuesta en las Cartas a Toutouche, recientemente publicado, pero también su lealtad a todas las causas que asumió en vida. Tanto las personales como las colectivas.
Marta Rojas me regaló el libro hace ya algún tiempo y hoy, buscando el tema de mi comentario para esta columna, me lo leí de un tirón, sorprendida por el tardío descubrimiento.
Conozco las novelas de la autora y admiro sus argumentos y sus búsquedas literarias motivadas siempre por la curiosidad y la pasión. Pero confieso que La Maleta perdida me impresionó por la precisión de una prosa que no siempre está bien pulida en otras de sus novelas más conocidas y más extensas.
Quizás, el secreto esté en que, como bien afirma su editor Fermín Romero Alfau, “para la autora no habrá rivus que separe las tierras entre periodismo y literatura. Son orillas de un mismo cauce”.
Bello el diseño de portada de Tony Gómez y excelente la labor de corrección de Samuel Paz Zaldívar.
La maleta perdida es uno de esos raros casos, donde un libro alcanza todo su poder de convicción, gracias al trabajo tanto de su autor como de los que hicieron posible que viera la luz, incluido el Fondo de Desarrollo de la Educación y la Cultura que puso el financiamiento.
Ojalá, todavía el lector pueda encontrar este título en las librerías. De no ser así, sería recomendable ir pensando en una segunda tirada. Al menos, eso creo yo.
Marta Rojas lo merece por ser una autora a la que identifica su insaciable y provechosa curiosidad y por ser una leyenda del periodismo en la Cuba de hoy. Este libro la engrandece entre los muchísimos que ha escrito y, seguramente también, en los que le quedan por escribir.