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Fernando Carr: nueva indagación en el español de Cuba

Luis Álvarez Álvarez, 23 de abril de 2013

La aparición de El libro tercero de los gazapos, de Fernando Carr,1 trae al lector cubano una indagación fundamental de su autor en cuanto a la norma lingüística de Cuba. Dedicado esencialmente al examen de los cubanismos que marcan el español insular, en particular en lo que se refiere a los que son empleados en el presente, Carr hace un aporte sustancial al conocimiento del español hablado en Cuba.

Es de gran importancia subrayar, como lo reconoce el propio Carr en sus palabras liminares, que el interés por conocer el léxico de la isla se despertó en los últimos años iluminados del siglo XVIII, y se desplegó en la centuria independentista cubana, en los trabajos, predecesores de esta nueva de Carr,  de Esteban Pichardo y Juan de Armas y Céspedes. Carr proporciona una cumplida relación de estudios del s. XX, en los que solo echo de menos que, aunque Carr menciona, desde luego, el Léxico cubano de Juan Miguel Dihigo y Mestre, que data de 1925, en cambio no se refiere a su más breve, pero no menos interesante estudio de 1915, “El habla popular al través de la literatura cubana. Estudio sobre su transformación”.2 Es muy significativo que esa investigación de Dihigo sobre la presencia de cubanismos en la literatura nacional, no haya tenido continuadores; que casi nunca aparezca citada en historias y estudios sobre literatura cubana; y que, en fin, cuando la obra de Dihigo fue objeto de una valoración enjundiosa por Rafael Martínez Martínez, en su libro Juan Miguel Dihigo, gran lingüista cubano, al referirse a “El habla popular al través de la literatura cubana”, el investigador se limite a consignar que ese ensayo —primera obra que valora el reflejo de la norma lingüística cubana en la producción literaria del país— es muestra del interés de Dihigo por la fonética.3 Pero esa pequeña ausencia no puede alterar el hecho de que este tercer libro gazapero de Carr no solo está respaldado por un gran aliento investigativo, sino que además constituye un abarcador cuadro de las peculiaridades nacionales del léxico en el país. Puede sentirse más que satisfecho José Zacarías Tallet de la obra de su continuador: con el mismo sentido de ancha cultura que el autor de “La rumba”, pero también, hay que decirlo, con una voluntad sistemática y una perspicacia indagadora más penetrante, Fernando Carr nos traza un paisaje abarcador de los cubanismos, cuidadosamente estudiados por él desde 1987, a partir de su columna “Gazapos”. El interés sobre sus meditaciones al respecto, como nos consta a muchos de los lectores que hemos seguido sus trabajos, despertó un interés creciente que lo impulsó a una verdadera investigación. El resultado está a la vista. Hay que señalar que, a las personales cualidades del autor, a su tesón y a su admirable lealtad intelectual a la siempre recordada labor de José Zacarías Tallet en un sentido semejante, hay que agregar su desempeño como editor de antigua escuela. En efecto, es fácil percibir, a través de las páginas de El libro tercero de los gazapos, que la indudable sensibilidad lingüística de Carr está cimentada también en una larga práctica como editor. Y si he dicho “editor de vieja escuela”, es porque hace tiempo que se perciben inquietantes síntomas de una disminución de la calidad del trabajo editorial y, sobre todo, del alarmante descenso del nivel cultural en la labor de edición. Hay que decir que una de las calidades de este ejemplar de El libro tercero de los gazapos es un excelente edición, a cargo de su autor y de Moralinda del Valle.

Empero, no debe engañarse el lector: El libro tercero de los gazapos no es un imponente y estricto tomo concentrado en descripciones lingüísticas. O, por lo menos, no es solo eso. Muy al contrario, se trata de un examen minucioso del idioma en sus conexiones más profundas, e incluso populares, con la cultura insular. Uno de los grandes aciertos de esta obra es haber conservado la inmediatez periodística y la frescura de los innumerables diálogos sobre el español hablado en Cuba establecidos por Carr con los lectores de su columna.  Gracias a ello, se trata de un libro que porta a la vez un sello de espontaneidad y de frescura popular, condiciones que, en general, suelen estar ausentes de los tratados de Lexicología y de Socio-lingüística. De modo que El libro tercero de los gazapos funciona como una apasionante celosía cultural, a través de la cual no solo observamos la vida del idioma en la patria, sino también escuchamos las voces innumerables de quienes ayudaron en su día, con sus aportes, solicitudes e intereses, a que esta obra, de mayor calado del que puede pensarse a primera vista, pudiera realizarse en una sabia meditación de años sobre la inmensa variedad léxica de nuestro país, esa que es dejada absurdamente fuera de los marcos estrechos —ah, sí, muy estrechos— de la enseñanza-aprendizaje del idioma de la nación en nuestros diferentes sistemas educacionales. Esta investigación de Carr es implícitamente un llamado a ampliar horizontes de comprensión y justiprecio de las peculiaridades de la norma lingüística popular en la isla. Hay que aplaudir especialmente la publicación de esta obra, y del mismo modo hay que asumirla también como una invitación a indagar en las raíces mayores de la cultura nacional, que están alimentadas de modo esencial por las peculiaridades de nuestro modo nacional de hablar el castellano.

Notas

1 Fernando Carr Parúas: El libro tercero de los gazapos, Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2012.
2 J. M. Dihigo: “El habla popular al través de la literatura cubana. Estudio sobre su transformación”, en: Revista de la Facultad de Ciencias y Letras. Vol. XX, 1915.
3 Cfr. Rafael Martínez Martínez: Juan Miguel Dihigo, gran lingüista cubano, La Habana. Ed. Letras Cubanas, 1983, p. 80.