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Brasil a la quinta, 2012

Virgilio López Lemus, 26 de junio de 2013

En el breve lapso del 28 de octubre al 4 de noviembre de 2012, nos embarcamos Reinaldo Montero y yo rumbo a Porto Alegre, para participar en la Feria del Libro de esa ciudad, capital del estado brasileño de Rio Grande del Sur. Esta vez conocí más de cerca la ciudad, pues habiéndonos hospedado en un muy céntrico hotel, tuvimos tiempo suficiente para recorrer lo fundamental de su centro histórico.

Nos aguardaban Laís Chaffe, a la sazón Directora del Instituto Estadual do Livro, otros funcionarios, como Jefferson Asunção, y mi amigo el poeta José Eduardo Degrazia. Fue un viaje agotador vía Panamá, pues llegamos el 5 a Porto Alegre a las 7 de la mañana y ya a las 4 de la tarde tenía yo mi primera conferencia-entrevista, y a las 5 la tendría el amigo Reinaldo. Era, en definitiva, nuestra presentación principal en la Feria.

A las cuatro de la tarde, la sala estaba llena de personas y comenzó mi charla sobre la poesía contemporánea en Cuba. Reinaldo no pudo asistir, abocado en otras actividades de prensa, una entrevista creo. José Eduardo Degrazia me presentó y tras mis palabras, procedimos a hacer una lectura de poemas míos, en portugués (Degrazia), y yo en español, tras lo cual el público intervino, con más de diez preguntas movidas e interesantes sobre la cultura cubana y sobre mis otras estancias en Porto Alegre. La posterior intervención de Reinaldo se basó en el cine cubano, invitó para una proyección de un filme con guión suyo, lo que sería al día siguiente, y prácticamente con ello cerramos nuestra participación activa en la Feria, donde nos quedaba cinco días por transcurrir.

Interesante Feria en el mayor parque de la ciudad, con carpas desmontables y verdaderas calles improvisadas, en tanto la mayoría de los expositores y vendedores ofrecían obras dirigidas a los niños, lo cual ponía evidencia que ese es el mejor mercado para los libros en casi todas partes. La afluencia de público fue constante y grande y pude ver un sano ambiente de lectura en medio de una estricta vigilancia policial contra el delito, no escaso en la ciudad. Los precios de los libros, bien altos.

El Hotel está integrado a una gran shopping de varios pisos, en dos de cuyos restaurantes hicimos almuerzos y cenas. Hubo tiempo para conocer el gran mercado viejo de la ciudad, convertido en sitio de turismo, lleno de ventas abajo y de restaurantes en el piso superior, bella solución arquitectónica factible para el muy deteriorado Mercado Único de Cuatro Caminos, en La Habana, joya arquitectónica a punto de desplomarse.

En el último día de octubre tuve bastante movimiento, porque me entrevistó la Televisión Educativa de Rio Grande del Sur, y luego una emisora de radio local. Reinaldo y yo hicimos una visita a la Catedral, bella por fuera, no de mucho brillo interior. Saludé a un viejo conocido de mis viajes anteriores a Brasil, el poeta Romano de Sant´Anna, y me quedé un buen rato entre varios escritores gaúchos, o sea, riograndenses. La sorpresa fue encontrarme con Carlos Néjar, a quien no veía desde su viaje a La Habana en 2003, y en ocasión de la presentación de su libro La Edad de la aurora, que yo había traducido unos cinco años antes, en la Feria Internacional del Libro ese año. Asistí a su recital, me hizo un bonito saludo en público, y escuché sus nuevos poemas. Pude saludar asimismo al poeta Mario Pirata, aunque velozmente y luego no lo volví a hallar, y al novelista Assis Brasil, esta vez funcionario estadual de cultura, bajo el Gobernador Tarso Genro, quien a la sazón viajó a Cuba, por extraña suerte de desencuentros que siempre he tenido con él desde que lo conozco a partir del inicio de la década de 1980. En la noche, Reinaldo Montero exhibió su filme (guión suyo) Afinidades, dirigido y actuado por el famoso actor cubano Perugorría, que no levantó un gran debate ni creo que sea una joya de la filmografía nacional, con momentos de sexo bien fuertes y pasajes algo aburridos. No obstante, no es un filme al que no se vea con cierta simpatía. Creo que la novela de Montero que le dio pie, es mucho mejor en su género.

Los escritores Tailor Diniz y Cícero Galeno Lopes me obsequiaron sus libros Crimen na feria do libro, y Vida  mundo, respectivamente. Visité el Instituto Estadual do Livro y entregué a su Directora libros enviados por el Instituto Cubano del Libro y de su Presidenta Zuleica Romay, con invitaciones para que asistieran a la Feria Internacional del Libro de La Habana el año próximo, o sea, 2013, lo que luego se hizo realidad.

El 1º de noviembre Reinaldo y yo lo tomamos de asueto y turismo. Dimos un bello paseo en barco por el lago y río frente a la ciudad y luego nos paseamos en uno de esos autobuses turísticos de dos plantas, sobre la cual casi tomamos una insolación viajando por las principales calles y recodos, incluso por donde construían un gran combinado deportivo para la celebración allí del Mundial de Fútbol, en 2014. Porto Alegre se ve brillante y elevada desde su lago frontal y dentro de ella la ramazón de las calles da una idea de ciudad en progreso y cambio constante. Su calle «más bella del mundo», según dijeron los guías del recorrido, es estrecha y tiene varias cuadras de vegetación tupida con árboles singulares. Pero al día siguiente todo estaba detenido en la ciudad, que celebraba el Día de los Fieles Difuntos, y por tanto es día de feriado comercial y laboral. Aprovechamos Degrazia y yo para irnos a visitar al escritor (extraordinario cuentista) Sérgio Faraco, mi más antiguo amigo en la ciudad y en Brasil, que nos recibió con alegría junto a su esposa Cybele y su simpática hija Dedé, con los que luego de una grata visita, nos fuimos a almorzar en un bonito restaurante típico. En la noche Reinaldo, Degrazia y yo hicimos una caminata por la ciudad y comimos en un sitio popular una pisa nada mala, nada buena.

El día antes de nuestra partida hacia Cuba, Reinaldo y yo vimos una obra teatral que comenzaba a las 9 de la noche y se prolongaba, pues a cambio de un escenario, es el espectador quien debe moverse de un sitio a otro en un edificio en ruinas que fue adaptado para la interesante representación, una tragedia muy bien actuada, cuyo nombre olvidé. A las 12 de la noche continuaría la función inversa, o sea, con recorrido distinto del que hicimos en la primera función, pero no quise quedarme y regresamos al Hotel. Pocas horas antes de la partida, Degrazia me convidó a un almuerzo con su esposa en un bonito restaurante. Dejamos concertada la salida de una pequeña antología de poesía del recién fallecido Alberto Acosta-Pérez, que ya José Eduardo Degrazia había traducido bajo el nombre de ILHA, y que definitivamente me llevaría a La Habana en la Feria del Libro habanera del 2013. Así fue.

Porto Alegre volvía a quedar en el recuerdo, un viaje rápido y de poca acción me detuvo en ella una semana y la conocí mejor. Reinaldo Montero resultó un excelente camarada de viaje. Conocí nuevos escritores y saludé otros, a los cuales ya conocía de catorce años atrás, y más tiempo. Si demoré casi década y media en volver a esta ciudad, quizás el futuro me depare un regreso, antes de envejecer completamente. Es bonita, alegre sin dudas, y con un buen movimiento cultural.

Porto Alegre se ve hizo esta vez más real que las tres o cuatro veces anteriores. Sus calles de amplia ciudad y su movimiento urbano es rico y variado y no parece una ciudad provinciana.

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