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Cintio Vitier: Examen del Maniqueo

Virgilio López Lemus, 14 de agosto de 2013

El «Examen del maniqueo» de Cintio Vitier (1921-2008), es uno de sus poemas más importantes. Decirlo, es asunto de sobra conocido, de modo que solo al leer este texto nos damos cuenta de su mensaje anfibológico, su premeditado sentido múltiple, su valor ético y a la vez político y la honestidad con que se sienten saltar uno a uno los versos en la lectura. El sujeto lírico no tiene por qué sentirse identificado exactamente con el poeta, quien escoge para su texto la segunda persona del singular, y habla a un algo vallejiano, que le dona un inevitable tono conversacional, sin que el poema o el poeta puedan inscribirse por este recurso estilístico en la corriente coloquialista de la poesía cubana, en auge cuando Vitier escribe su poema en la década de 1960, y que posee tal tono como básico en su poética colectiva.

También se sabe que Vitier es un activo heredero de la revista Orígenes (1944-1954) y de su grupo, afiliado desde la década de 1940 a una poesía «trascendetalista», que mejor me gustaría llamar de fe y conciencia, con la cual este poema pareciera chocar, ser un grito, romper con la limpidez de las aguas de los libros anteriores, ya que el autor lo firmó exactamente, con la fecha al pie: 19 de septiembre de 1963, unos días antes de su cumpleaños cuarenta y dos.

El choque expresado en el texto, es muy visible a la primera lectura: es la presencia de la Revolución, de los nuevos modos poéticos, de la nueva estructura ética que se imponía en un país que aceptaba el carácter socialista, planteado por el líder máximo de la causa en el poder.  No habrá que decir que se trata de un choque antagónico, sino de una suerte de golpe en la frente, de toma de conciencia, o de análisis consciente de la circunstancia y del individuo en ella. Vitier se enfrenta al ayer inmediato desde un ahora reflexivo.

Si José Z. Tallet en «Proclama» había escrito, décadas antes, un poema esencial de la toma de conciencia política de las clases medias (sobre todo, pequeña burguesía urbana e intelectual), el poema de Vitier trae otra autocrítica, otro modo de ver un asunto de raíz clasista, visible cuando dice: «Cuántas veces ha sido humillada tu soberbia / la soberbia del maniqueo». Aunque Tallet marcase antecedente, el discurso lírico de Vitier va siendo distinto desde el primer momento de «Examen del maniqueo», aunque también el tercero y cuarto versos del poema coinciden un poco con el mea culpa talletiano: «Cuántas veces has tenido que beberte las lágrimas de hiel / de no ser puro como un ángel». Los dos poetas extraen un mismo dolor de fondo de la conciencia, pero Vitier se aparta para ver en el «maniqueo» al ser bifronte de dos pensamientos, de dos aguas, de dos estadios de vida: «¿De qué vale sutilizar los argumentos? / —Sí, has colaborado con todo lo que odias, / con la múltiple, infinita carta del mal».

El «maniqueo» viene de un momento anterior a la triunfante Revolución, y al parecer, si es así la posible interpretación más válida del texto, se encuentra desnudo ante ella, y «nada puede consolarte». «—Nada: porque mientras menos o más irrechazable haya sido tu complicidad, / más esencial es tu miseria», de  modo que la crítica intra poemática toma tono fuerte, agresivo. El maniqueo creía estar amparado por las paredes de su casa, pero no era más que «un oscuro obrero de la monstruosa construcción». ¿Cuál construcción? La anfibología conduce, sin embargo, a referirnos a la pasada dictadura batistiana, vista desde el prisma de un cristiano práctico.

Vitier se aparta de pronto de todo el camino autocrítico (del yo, de la  «ontología» en Tallet) y pasa al sentido trascedente: «Y así, cuando llegues a la presencia de tu Señor, no podrás decirle: / fui puro, no pacté, no mezclé mi alma con las tinieblas».

Hacía muy poco que Cuba salía de una dictadura sanguinaria, la de Fulgencio Batista. Durante los primeros años de ella, desapareció Orígenes, si bien por razones propias de disputas en la relación inter grupal, sin demasiada implicación en el contexto político de la época. El poeta señala al maniqueo y le hace decir: «tuve que dar al César lo que es del César / y al cuerpo lo que es del cuerpo», en dicotomía que se aparta de la frase novotestamentaria, de la famosa segunda cara de la moneda que indica Jesús: «y a Dios lo que es de Dios». El maniqueo ni siquiera se enfrenta al relámpago de la fe, y se auto proclama: «Soy uno más, perdido y manchado, en el rebaño, / —quise salvar la luz, pero no pude».

Claro que también hay otras lecturas para este poema, en la que el lector puede desprenderse del hecho histórico concreto, y advertir en el texto un mea culpa existencial, la impureza del ser en el fragor de la vida, cuando no se puede asumir la santidad, cuando el hombre es lobo solitario o también homo lupus homo, y le asiste la hipocresía esencial del maniqueo.

Asimismo puede tomarse otro camino interpretativo, y ver en este poema no una confesión personal llevada al , sino una mirada en torno, una fijeza en el ser dubitativo, como ya dije, de dos caras, bifronte, que tiene ante sí dos senderos y quiere transitarlos, pie en uno, pie en el otro, sin que, naturalmente, lo pueda lograr. En el jardín de los senderos que se bifurcan, solo puede tomarse uno una vez, la opción es sin regreso.

El poema de Vitier no obliga a las interpretaciones políticas o existenciales, trascendentes o de puro auto culpabilidad. Va más allá. Es un sendero múltiple, el ser está situado ante esos caminos que se bifurcan y el maniqueo puede ser el culpado al modo lorquinao: «también ese, también». De modo que la complejidad del texto no es poca, su aliento nos lanza a la incertidumbre, salvo que tomemos el sendero histórico inmanente y veamos al ser intelectivo, con la mirada dubitativa, culpándose de no haber hecho mucho por el cambio de vida, por el advenimiento de la nueva circunstancia en el camino del martiano «mejoramiento humano». Y con ella me quedaría. El «Examen del maniqueo» es un mea culpa de intención sociopolítica que se refleja por medio de la poesía y reviste inevitablemente un golpe emocional, una toma de conciencia ante «lo nuevo», y un ajuste de cuentas.

Cintio Vitier demostraría con su vida y obra posterior, que el camino del maniqueo quedó en el ayer exorcizado con este poema. No hay maniqueísmo que valga ante el reto de la realidad, ante el camino de la Historia. 

Antológico por su forma y expresividad, «Examen del maniqueo» goza de méritos para advertirlo entre los  mejores poemas cubanos, entre aquellos en que el poeta advierte su papel social, la ruptura de cualquier herencia dariana de torre de marfil. El ser consciente asalta al poeta y esa conciencia desgarrada es la que produce el fogonazo lírico, la iluminación. Se ha dado «al cuerpo lo que es del cuerpo», se ha pecado, según la filosofía o la praxis ética paulista del cristianismo, rígida en su sentido de salvación, de redención espiritual. No solo por la fe será el poeta salvo, debe alcanzar la salvación del maniqueo por medio de la praxis, «por sus obras los conoceréis», y esa carencia de actuar, que se verá mejor en el poema «La voz arrasadora», es justamente la que enfrenta el poeta, mediante su sujeto lírico, en «Examen del maniqueo». Poema para mucha lucubración, indica una posición del poeta en medio del cambio social de la época. La evolución personal de Cintio Vitier se clarifica en este texto como un testimonio de ajuste de cuentas. La Patria no solo no es pedestal y es ara, sino también conciencia progresiva ante ella. «—quise salvar la luz, pero no pude», habría entonces que tomar otro camino.

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