“Bahamas-Cuba: Expediciones entre Imperios” V (Final)
José Martí, en su diario de campaña conocido como “De Cabo Haitiano a Dos Ríos”, apenas develó secreto alguno de la conspiración que se fraguaba en el extranjero para dar aliento al alzamiento del 24 de febrero. Sin embargo, en sus cartas a Gonzalo de Quesada y Benigno Guerra coordinaba las acciones más urgentes y les asignaba tareas trascendentes.
Nos llama la atención la prioridad que le daba Martí a las Bahamas como centro operativo de una estrategia dirigida a consolidar la lucha armada en Cuba. Precisamente John Bastian y John Poloney, el primero de los cuales hemos mencionado con anterioridad, eran dos de los captados para la causa cubana y el delegado del PRC tenía puestas sus esperanzas en ellos. Tanto a Bastian como Poloney le fueron designadas las primeras goletas que compró el Partido Revolucionario Cubano para que las utilizaran en el trasiego de armas y correos por el Caribe. Martí confiaba más en Poloney, aunque admitía que por radicar en Santo Domingo tenía mayores limitaciones para actuar dada la estrecha vigilancia de los españoles en esa región. Por eso recomendaba que Bastian era más útil desde Inagua y que en las Bahamas podía desenvolverse mejor, al respecto señalaba:
Este puerto de Montecristi es totalmente inaceptable para depósito o transacción alguna; pero Inagua es deseable porque Bastian, viajero de Nassau a Inagua, donde pueden buscarlo, tiene modo de sacar de allí a Cuba a golpes las municiones que allí se coloquen, y allí él o su agente reciba: no veo la necesidad de emplear a Poloney si se haya a Bastian. (…) No creo que Poloney pueda prestar más servicios que los que preste por medio de Bastian, a quien personalmente hemos tenido que buscar y emplear: Poloney no se ha mostrado desleal pero no ofrece capacidades de un servicio seguro, ni su lugar le favorece.1
Es posible que Bastian haya podido desplegar mejor sus actividades a partir de información de inteligencia recibida por los capitanes de buques británicos que dominaban todo el movimiento de naves en esa zona marítima.
Las causas de la actuación tortuosa de Bastian cuando le asignaron la tarea de trasladar a Cuba a los líderes de la revolución todavía no se han dilucidado bien. El fue una persona seleccionada personalmente por Martí, que actuaba en un lugar estratégico para la revolución cubana. Es poco creible que Bastian, hombre curtido en su oficio y probado en las conspiraciones, pudiera haber desertado por algún temor súbito. Resulta también poco plausible que su retirada se debiera a que ya había consumado la venta de su goleta y ese fuera su interés principal. En ese sentido, es más probable que las autoridades marítimas británicas lo hayan alentado hasta el momento en que encalla la goleta “Honor” en costas cubanas.
La divulgación en Bahamas de la proclama contra la violación de la neutralidad en el conflicto cubano, unida a la noticia de la muerte de McKinney produjo un efecto disolvente entre los posibles colaboradores con la insurrección en Cuba. Ello fue destacado por Geo Melvill en un informe del gobierno colonial de las Bahamas: “No hay duda que por algún tiempo la población marítima de estas islas (…) dudará antes de unirse a estos expedicionarios filibusteros y ya se ha tenido un efecto saludable (…) a algunos ya les he planteado que si ponen en peligro sus vidas en busca de dinero en tales expediciones, ellos deben atenerse a las consecuencias”.2
Según un relato de Máximo Gómez, el primer intento de salir de Montecristi a través de Poloney fracasó después de haber invertido unos 3 000 pesos cuando los marineros contratados abandonaron la empresa.3 Fue así que decidieron recurrir a Bastian quien, para traer a Martí y Gómez, les solicitó que le compraran su goleta llamada “Brothers” y al propio tiempo pagaran sus servicios y los del resto de la tripulación. Martí aceptó esa propuesta, puso la goleta a nombre de Poloney, para finalmente salir de Montecristi el 1 de abril.
De inmediato el cónsul español en Santo Domingo comunicó en nota consular que los líderes cubanos zarparon en una goleta inglesa, información que pudo haber llegado a las autoridades británicas del Caribe. Entre los días 2 y 5, mientras la “Brothers” descansaba en Inagua, se supo en Bahamas de la destrucción en Duaba de la “Honor”, nave del mismo tipo y nacionalidad. También se conoció de lo que le sucedió a su tripulación; el escenario no podía ser peor para embarcar rumbo a Cuba desde Bahamas. Bastian, quien le había indicado a Martí que debía ir a Inagua para renovar sus papeles, al regreso de sus diligencias dilata la salida hacia la mayor de las Antillas por distintos motivos. Se producen las visitas de la aduana para revisar la carga y al propio tiempo dos de los marinos que les acompañaban desertan. Martí refiere: “A las pocas horas, era claro que el capitán había propalado el objeto del viaje, para que las autoridades lo redimiesen de la obligación, impidiéndonos salir del viaje (…). Podía España avisada asediarnos en Inagua, en la isla infeliz y sin salida”.4
¿Por qué Bastian revelaría el motivo del viaje? Es muy posible que desde antes tuviera relación con altos oficiales de la marina británica a los que les consultaba sobre las mejores maneras de operar. En el momento que intentó renovar sus papeles para hacerse a la mar le pudieron haber aconsejado no incursionar en Cuba, dados los últimos sucesos. Detrás, por supuesto, estaba la presión de España y esto también lo advirtió Martí.
En todo caso, si como Martí lo supuso, Bastian comunicó el motivo del viaje a determinadas autoridades británicas debemos también considerar que estas decidieron no actuar para apresarlos ni los expulsaron del territorio. Ciertamente, de ninguna manera hubieran permitido que otra goleta inglesa proveniente de Bahamas incursionara por el litoral cubano después de lo de Duaba. Finalmente, pudieron haber admitido que se embarcaran en el “Nordstrand”, que era una embarcación de nacionalidad alemana con una ruta regular para transportar pasajeros.
Máximo Gómez también se percata de la actitud sinuosa de Bastián y en su diario señala: “Bastian no encuentra marinos, claro está que él mismo los desanima para por una causa en apariencia legal no cumplir su contrato y dejarnos burlados. (…). Esta probada la mala fe de Bastian; sin quedarnos a nosotros derecho legal abierto para ninguna clase de reclamo”.5
Evidentemente Bastian no era un revolucionario convencido y falló a su compromiso inicial, aunque debemos reconocer que antes de caer en vacilaciones, dio un primer paso importante cuando logró sacar a los líderes de la Revolución de Montecristi.6 Poloney no había podido ofrecerles una salida segura de ese puerto y su plan había fracasado. Martí pudo extraer experiencias de los inconvenientes que tuvieron que sortear tanto los expedicionarios del “Brothers” como los del “Honor” y en orientaciones a la dirigencia del PRC en los Estados Unidos señalaba: “El medio más certero, dados los sustos e inseguridades de la venalidad, y el miedo de los extraños a la muerte, sobre todo ahora que en la expedición de Maceo murió- de un tiro casual, uno de los marineros de la goleta Honor;- el medio más certero, digo, es, aunque se tarde un poco más, crear una tripulación patriota”.7
A renglón seguido explica que esa marinería comprometida pudiera estar dirigida por un revolucionario con experiencia náutica como Francisco Vargas, que ya estaba por Nassau conspirando o como Enrique Loynaz, padre, que anteriormente se había ofrecido para traer la expedición de Maceo.8 Posiblemente Loynaz fue el capitán que debió haber recogido a Flor Crombet y Maceo en Inagua.
Después de la aventura en el “Nordstrand” y estando Martí en plena manigua no cesó de elaborar y trasladar instrucciones para que no se detuviera el flujo de armas a Cuba. “Lo definitivo e imperante es esto: armas y pronto”.9 En cuanto a los contactos que se debían activar en las Bahamas para facilitar la llegada de nuevas expediciones el Delegado indicaba: “El práctico Vargas está en Nassau. Véanlo. O algún otro Capitán nuestro. Puede pasar por Inagua, como provisiones en tránsito, que allí no registran, consignando algo al paso (un poco de maderas) a M. Barbes & Co., y de allí caer de una bordada sobre la isla”.10
Martí no revela el nombre de todos los comprometidos y habla de “algún otro Capitán nuestro” por lo que queda la duda sobre la cantidad y nombres de todos. No obstante, en diversos textos distingue entre los capitanes de buques a H. Loewe, el del “Nordstrand” y a J.W Stewart del “Adirondack”, que fueron instruidos por Martí para que localizaran a la dirección del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y coordinaran nuevas acciones. En carta a sus colaboradores radicados en los Estados Unidos señala: “¿Y luego que estarán tramando, con el Capitán nuestro, si se les ha presentado, o con el de Maceo?”.11
Lo cierto es que hubo capitanes de embarcaciones que en las Bahamas estaban colaborando de diversas formas. Martí también enfatiza el nombre del Capitán Hatton, quien operaba una compañía de vapores. Cabe destacar el rol del cónsul haitiano M. Barbes, el cual prestó su compañía importadora para facilitar el trasiego de armas hacia Cuba y fue la persona recomendada por el cónsul estadounidense Farrington a Flor Crombet cuando se dirigía a Inagua. El Delegado del PRC sugería que: “No intenten expediciones de hombres sino de armas y parque; con poca custodia”.12
Esta afirmación respondía a una táctica que estaba más allá de sus propias aspiraciones de darle participación en la contienda a exilados cubanos y extranjeros deseosos pelear por Cuba Libre; refiriéndose al caso dominicano apreciaba que: “Gente, hubiera podido venir mucha nuestra de Santo Domingo; pero la vigilancia extrema nos obligaba a no salir, o salir como lo hemos hecho”.13 Al inicio de la gesta libertaria, la urgencia por hacer llegar armas a los revolucionarios en armas obedecía al criterio de Martí de que la guerra necesaria debía ser justa y breve. Al comprobar las realidades de la campaña en su recorrido por la provincia de Oriente, Martí le escribía a sus ayudantes Gonzalo de Quesada y Benigno Guerra: “Lo cierto es esto: aquí habría tantos cubanos alzados como armas llegasen”.14
Desenlace final del caso judicial a los tripulantes de la goleta "Honor".
Los casos judiciales que se habían levantado en Cuba y las Bahamas relativos a la expedición del “Honor” estaban pendientes de resolución por diversas causas. Desde el punto de vista legal, se trataba de procesos jurídicos que no aportaban suficiente evidencia para que se dictase sentencia más allá de toda duda. No hay que olvidar que dichas querellas tenían un trasfondo político importante y varios imperios- español, británico y estadounidense- estaban comprometidos de una u otra manera tras el destino de los desventurados marineros de la goleta involucrada en la expedición Maceo-Crombet..
Más allá de determinar si se había incurrido en piratería o violado el acta de neutralidad, lo que podía estar en juego era el balance de fuerzas de estos imperios en el Caribe. Por ello, cualquier determinación judicial tenía consecuencias políticas de alguna trascendencia en la región y en aquellos momentos los cubanos todavía no habían logrado quebrar el dominio colonial de España, por lo que se impuso un arreglo puntual entre estas potencias para dejar atrás las demandas legales.
El 30 de marzo de 1896 el Gobernador de Bahamas, F. Haynes Smith, escribió a Lord Chamberlain del Foreign Office exigiendo una acción decisiva que redimiera a McKenzie y Ramsley. Entendía que ellos llevaban más doce meses presos y eran aparentemente inocentes de violar ley alguna; sugería se hiciera alguna representación al mayor nivel ante las autoridades españolas para obtener su liberación e indicaba que ya las autoridades coloniales de Bahamas habían hecho todo lo posible para hacer cumplir el acta de neutralidad en ayuda de las autoridades españolas.15
En comunicaciones oficiales del 15 y 30 de abril, el Foreign Office informaba que la solicitud de las autoridades de Bahamas sobre el caso de los dos marineros se había hecho llegar al Marqués de Salisbury (Lord Salisbury) de parte de Lord Chamberlain, quien sugería se hiciera un llamado ante las mayores instancias del gobierno español para liberar a estos hombres. Se aclaraba que a Ramsley no se le debía excluir de la demanda, aunque fuera de origen noruego, ya que servía en un barco británico y tenía domicilio en las Bahamas. 16
El Foreign Office de inmediato instruyó a su Ministro en Madrid, G.H Broham, para que actuara ante el gobierno español en este caso particular. Broham respondió al Marqués de Salisbury que aunque no estaba dentro de las facultades del gobierno español ordenar la liberación de determinadas personas sin juzgar, la demanda hecha era útil para llamar la tención sobre el tiempo que esos hombres llevaban presos sin recibir juicio.17
El Ministerio de Estado español respondió al Foreign Office que la facultad de juzgar no residía en el gobierno sino en los tribunales de justicia de las distintas jurisdicciones, por lo que debían esperar a que se dictara sentencia para, a partir de ese momento, proponer se otorgase un indulto como gracia de su gobierno. No obstante, el Duque de Tetuán precisaba que se habían dirigido a “los Señores Ministros de Ultramar y Marina para que con la premura posible pidan esas noticias al Gobernador General de la Isla”. 18
Como el gobierno español no terminaba de tomar una decisión en el caso de los marinos británicos y estaba a punto de convocarse el 11 de junio la sesión donde se debía juzgar a Howard Farrington, el 8 de junio las autoridades coloniales de Bahamas decidieron retirar los cargos contra el cónsul estadounidense. Farrington quedaba libre, los cónsules británicos habían convencido a las autoridades coloniales bahamesas que en Cuba todavía no se habían puesto de acuerdo las autoridades navales y militares españolas sobre la suerte de la tripulación del “Honor”.19
Una vez liberado Farrington, los españoles pudieron haber tomado mayores represalias contra los tripulantes británicos detenidos. Pero sucedió todo lo contrario, el 23 de agosto de 1896 el Ministerio de Estado español, después de dirigirse al Comandante General del Apostadero de La Habana y Escuadra de las Antillas, respondió a la solicitud anterior del Foreign Office explicando que dicha autoridad de Marina había decretado el sobreseimiento de la causa y “puesto en libertad a los marineros ingleses”. 20
Este resultado demuestra que España no quiso nunca entregar los marinos bahameses para fueran presentados a un juicio público, donde Gran Bretaña pudiera lavar sus culpas ante la opinión mundial. ¿Acaso sería que Madrid percibió cierta tolerancia del Reino Unido ante las actividades de los jefes revolucionarios en las Bahamas?. También es pertinente esta otra interrogante. ¿Temería España que el juicio en Bahamas fuese una farsa donde todos los encausados resultaran liberados de cargos?. En verdad, los marineros podían ser fácilmente absueltos y respecto a Farrington, por su cargo diplomático y ascendencia social como gran propietario, poco podría conseguir el gobierno colonial para castigarlo. De hecho, John Bastian ya había sido absuelto de cargos y ninguna medida se adoptó contra H. Loewe, el Capitán del “Nordstrand”, quien había colaborado con los dirigentes revolucionarios en territorio británico.21 De cualquier manera, establecer procesos legales formaba parte de una táctica para facilitar que luego los imperios pudieran negociar diferencias en un plano diplomático, sin mayores contratiempos.
Sin embargo, hasta el 4 de septiembre no liberaron definitivamente a los tripulantes sobrevivientes de la goleta “Honor”. Todavía el 24 de agosto la Cámara de Comercio británica, en comunicación al Foreign Office, se quejaba de que los marinos estuvieran todavía en prisión. 22
Hubo también otra disputa en torno al reclamo inmediato que hicieron McKenzie y Ramsley ante los cónsules británicos para que le devolvieran los 100 pesos oro americanos que cada uno había recibido de manos de Flor Crombet y que los españoles le habían confiscado. Pero el Cónsul Ramsden de Santiago de Cuba refirió que las autoridades españolas se habían negado a ello. 23 El Gobernador Militar de Santiago de Cuba, José Foral, respondió a esa demanda indicando que “los fondos de que se trata formaban parte de los recursos que Antonio Maceo, Flor Crombet y demás insurrectos traían al desembarcar en esta isla (…) o sea para la perpetración de su delito”. 24
A llegar a Bahamas los tripulantes del “Honor” ofrecieron declaraciones confirmando que la muerte de McKinney, su compañero a bordo, fue accidental:
Ramsley: “El Capitán y yo estábamos hablando cerca de una empalizada cuando un disparo zumbó por mi oreja y él cayó como una piedra muerto de un tiro. Hubo una gran confusión de voces y muchas expresiones de lamentación, pude apreciar que todos los presentes nos trataban de explicar que aquello fue un accidente. Flor Crombet me dijo que tomara el dinero del bolsillo del Capitán y lo diera para sus hijos”. 25
McKenzie: “Yo estaba sentado bajo un árbol cuando McKinney fue llamado adentro, él salió rápido y me dio $100 en oro americano diciendo que ellos le habían dado a él $300 para dividir (…..). Él y Ramsley estaban parados cerca de una cerca después de estar conmigo, ellos estaban conversando (…) Yo ví a McKinney caer y escuché la noticia de que había sido muerto de un disparo de arma. Tuvo lugar un gran ruido y bullicio, yo estuve temeroso y confundido (…) y fui donde el Capitán estaba tendido. Cuando fui allí yo escuché a Flor Crombet decir: pobre hombre yo lo traje a morir, nunca lo olvidaré. Lo vi a él llorar y todos dijeron que había sido un accidente, él le dijo a Ramsley que tomara el dinero de su bolsillo y se lo diera a sus hijos”. 26
Tan pronto llegaron a su tierra, Ramsley y McKenzie hicieron una reclamación formal al gobierno colonial de Bahamas para que se dirigiera a las autoridades en Inglaterra y obtuvieran una compensación “por los sufrimientos involuntarios que hemos sido obligados a experimentar en nuestro cautiverio e ilegal prisión del Gobierno español teniendo que resistir diecisiete meses de prisión con los horrores asociados al encarcelamiento en una prisión española”. 27
El gobierno colonial de Bahamas le refirió a sus superiores del Reino Unido que los marineros alegaron que cuando fueron arrestados le quitaron un dinero que le había dado la persona que los forzó a desviarse del viaje pactado.28 La solicitud de los dos tripulantes fue examinada en Londres a los más altos niveles, Mr. Chamberlain en el Foreign Office tramitó la demanda ante Lord Salisbury. Los expertos en esa oficina de exteriores compartían el criterio de que: “Habían sido prisioneros por diecisiete meses sin un juicio”, por lo cual se debía trasladar la petición de compensación al gobierno español. 29
Finalmente, en abril de 1897 el Duque de Tetuán respondió al Ministro británico en Madrid, G.H Broham, que le remitía 50 libras esterlinas “para que se reparta por igual” entre John A. McKenzie y Robert F. Ramsley, con la advertencia de que “la suma en cuestión se entrega únicamente en calidad de socorro (…) sin que este donativo puramente voluntario pueda invocarse como precedente en el porvenir”.30
Epilogo
En 1898, cuando los Estados Unidos decidieron intervenir militarmente en Cuba para desplazar a España de su muy apreciada colonia, Gran Bretaña ofreció su aprobación previa. Desde octubre de 1897 Lord Salisbury le confirmó a los Estados Unidos que los intereses de Gran Bretaña en Cuba eran puramente comerciales y que estaría de acuerdo con favorecer cualquier medida que restableciera la tranquilidad en la mayor de las Antillas. Al iniciarse la guerra hispano-cubano-norteamericana, aunque el Reino Unido se declaró neutral, su prensa fue la única en toda Europa que apoyó la intervención militar estadounidense. Cuando se firmó el Tratado de París, los ingleses manifestaron satisfacción de que los Estados Unidos se hicieran del control de las últimas colonias españolas. En esos momentos Gran Bretaña estaba concertando una alianza coyuntural con los Estados Unidos, pero en poco tiempo Londres pudo apreciar como Washington limitaría esos intereses comerciales propios que deseaba preservar en Cuba. 31
Citas y notas
1-José Martí: Obras Completas.Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, Tomo 4 p.119.
2-Informe de las autoridades británicas de Bahamas, Nassau,29-abril-1895. En : Hugo Crombet. La expedición del Honor. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2003, p. 288.
3-Máximo Gómez, Diario de Campaña. Edición Centenario 1868, Instituto del Libro, La Habana, 1968. p. 272.
4-José Martí: Ob. cit., p.125-126.
5-Máximo Gómez. Ob. cit., p. 274-275.
6-John Bastian le devolvió a José Martí el dinero por el pago de su traslado así como la propiedad de la “Brothers”. Al respecto, Martí señaló: “Aquel duro Capitán con asombro unánime, me rendía el barco, que Barbes devolvió luego a Montecristi, y los $ 450 que había recibido para sí y la tripulación. Ver. José Martí. Ob. cit., p. 125-126.
7-Ibidem, p.145-146.
8-Ibidem .
9-José Martí: Ob. cit., p.132-133.
10-Ibídem, p.128.
11-Ibídem, p.145-146.
12-Carta a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra, 15 de abril de 1895. José Martí. Ob. cit., p.129-130.
13-Ibidem.
14-Ibídem, p.128.
15-Carta del gobernador de Bahamas, F. Haynes Smith, a Lord Chamberlain,30 de marzo de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.
16-Del FO firmada por Edward Wingfield a los cónsules 15 de abril de 1896 y del FO a los cónsules 30 de abril de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
17-De Broham al Márques de Salisbury, 19 de mayo de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
18-Carta del Márques de Tetuán en representación del Ministerio de Estado español al Foreign Office, 25 de mayo de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
19-Carta de Geo Melville, Administrador de las Bahamas al Márques de Ripon, 8 de junio de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.
20-Respuesta de Ministro de Estado español firmada por el Duque de Tetuán al Foreign Office, 23 de agosto de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.
21-José Martí había previsto otorgarle una compensación económica al Capitán H. Loewe en caso de que perdiera su posición por haberlos trasladado a Cuba y en carta a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra, de 15 de abril de 1895 señaló: “Al Capitán Loewe di una carta justa y él les puede servir: sólo en el caso indudable e improbable, de que hubiese perdido su situación por nuestra culpa, le ofrecí $ 500 más: recibió para él y los suyos; $ 680”. Ver: José Martí. Ob. cit., p.129-130.
22-Carta de la Cámara de Comercio británica al FO, Sub secretario de Estado, 24 de agosto de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
23-Del Cónsul Ramsden al Marques de Salisbury, Secretary of State for Foreign Affairs, 11 de octubre de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
24-Gobierno Militar de Santiago de Cuba, s/f . En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
25-Relato de los marineros del Honor s/f. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
26-Ibídem.
27-Carta de John A. McKenzie y Robert Reamsley a Frederick Haynes Smith. En Foreign Office 72, Spain 1895-98, Tomo 2102.
28-Carta de W. P Haynes Smith, Gobernador de Bahamas a Mr. Chamberlain, 10 de octubre de 1896. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
29-Carta de Edward Wingfield al Márques de Salisbury, 6 de noviembre de 1896. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
30-Carta del Duque de Tetuán a G. H Broham, 22 de abril de 1897. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
31-Jorge Renato Ibarra Guitart. El Tratado Anglo Cubano de 1905. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, p.15-17.