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Venezuela veloz

Virgilio López Lemus, 28 de febrero de 2014

Llegué a Venezuela con un grupo de cubanos, el 24 de marzo de 2006. La delegación de Cuba al Encuentro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, estaba integrada por Waldo Leyva, Alexis Díaz Pimienta, Ramón Batista, a la sazón Director de la Casa de la Décima de Las Tunas, la Directora de Cultura de esa provincia cubana, y dos decimistas tuneros junto a un niño cantor y el poeta improvisador Luis Díaz, Papillo. Nos hospedamos en el Hotel Caracas Hilton, segunda vez que duermo en un edificio de tal cadena hotelera, si cuento el Habana Libre, esta vez en la habitación 725. Estaríamos en total nueve días, contando el del viaje de ida en Copa Airlines y el de la partida en la misma línea aérea, con doble escala en el aeropuerto Panamá City.

En seguida confraternizamos con los grupos de amigos de Canarias (el Dr. Maximiano Trapero y su esposa Helena), argentinos, peruanos, colombianos y, por supuesto, venezolanos. El sábado 25 se inauguró el Coloquio, donde el poeta venezolano Víctor Hugo Márquez hizo una presentación en décimas, con Farruco, Ministro de Cultura presente, y un grupo de Zulia llamado «Por Venezuela», con danzas de la región, las copla de Los Llanos llamadas «Guadaña» y un grupo de joropos llaneros. Bello uso de la mandolina en el canto margariteño (de la Isla Margarita), y de unas malagueñas preciosas. Fue un encuentro teórico muy rico, que tuvo su clausura en la noche, pues a las 3 de la madrugada deberíamos partir todos hacia la Isla Margarita…

El madrugón dominical se sintió duro, tras día de viaje, día de evento y poco dormir. Salimos todos desde el aeropuerto de Maiquetía rumbo a Porlamar, y llegamos luego al Valle, a la Basílica Menor de la Virgen del Valle, e hicimos un lindo recorrido por la costa, si bien antes nos habíamos hospedado en un cómodo aparthotel en Porlamar llamado Howard Johson de Tenajinos Suites. Durante el día, hicimos un recorrido costero por la turística y pequeña Isla, con llegada a la capital insular, Asunción, donde recorrimos algunos sitios hermosos como la Iglesia de Santa Ana y la estatua de Simón Bolívar. Regresamos a Porlamar en la tarde, y tuvimos una hora de descanso antes de partir hacia la canturía nocturna, principal actividad en la Isla. Hermosa experiencia de conocer a la erudita en asuntos de décimas María Teresa Novo, a quien creía yo una mujer muy mayor, y resultó ser una dama muy simpática aún en la mediana edad. Gran sorpresa para mí fue escuchar en la canturía al poeta popular Chelías Villarroel cantando unas décimas tradicionales, que yo había escuchado unos años antes en boca de mi madre, sabidas desde su infancia y juventud, y que le brotaron en el recuerdo en los meses finales de su vida, cuando cierta demencia senil le hizo retomar los recuerdos lejanos. La ascendencia canaria de estas décimas es bastante indudable, dado su vocabulario de la flora insular de aquella región, de donde provenía mi abuelo materno Esa tarde la canturía internacional duró desde las cinco hasta las once de la noche.

En Margarita nos cayó agotamiento a todos, habíamos dormido muy poco. Allí Maximiano Trapero y yo ofrecimos en la mañana sendas conferencias en la sede martiniqueña de la Universidad de Oriente, acerca de la historia de la décima, para luego almorzar con María Teresa Novo y Salazar, dos eruditos en la materia, en el Castillo San Carlos Borromeo, del siglo xvi. En la tarde noche regresamos a Caracas en avión y, desde el aeropuerto al Hotel Hilton, viajamos de nuevo por una altas barriadas, pues había reparación en la autopista, lo que nos permitió admirar espectaculares vistas de la capital venezolana y algunos barrios muy populares.

El martes 28 tuvimos al fin un día tranquilo, dormí la mañana, y al mediodía me fui con Maximiano Trapero y su esposa Helena a conocer el Teatro Teresa Carreño, frente al Hilton, y la sede de Monte Ávila Editores. En la librería del Teatro, compré un libro de un emigrado cubano sobre José Lezama Lima, y hélas!, perdí luego ese libro y el nombre del autor. Como me encontraba en el piso ocho del Hotel, vi una bella vista del este de Caracas, con amplia avenida y varios rascacielos alrededor del Hilton.

En la tarde, continuó el coloquio, y escuchamos una interesante conferencia de Efraín Subero, ya de mucha edad, uno de los grandes conocedores de la décima y su evolución en América, en especial en Venezuela. Su avanzada edad seguramente lo llevó a expresar algunas inexactitudes en medio de su saber cimentado y evidente envejecimiento de su perfil teórico y nomenclaturas, conservador, confuso, erróneo en partes, continuó con una disertación contra el computador como malo para escribir... Con todo, expresamos a Subero nuestro profundo respeto, como uno de los mejores precursores del estudio moderno de la estrofa en América. De todos modos, las discusiones y las ponencias no alcanzaron niveles científicos. El problema mayor estuvo en la diversidad de niveles educativos de los asistentes, la fuerte incomprensión de asuntos conceptuales no entendidos como tales. Hubo mejor entendimiento con el riograndense Paulo de Freitas Mendonça y el profesor Rudy Mustacero, de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador de Maturén, estado de Monagas, editor de la revista Textura, para la cual entregué un artículo sobre métrica de la décima, que por fin nunca supe si se publicó o no.

La colombiana Lolita Acosta, gran promotora, ya finalizando 2014, aún me envía textos de la presencia de la décima en el vallenato colombiano. Ella disertó sobre lo popular en Valledupar, la copla más divulgada y usual que la décima, salvo en la Sierra Nevada de Santa Marta… Fueron muy interesantes las ponencias de los venezolanos Domingo Rogelio León, el mencionado Rudy Mustacero (lo popular en Caripe), y Alcides Navarro tuvo un diálogo fraterno sobre la Constitución bolivariana y la cultura, con el funcionario Agapito Hernández, lo que se refleja en Misión Cultura del gobierno bolivariano. Rico debate de perfil ideológico.

Esa tarde me fui a cenar con Alexis Márquez y su esposa, muy antichavistas ambos. Me interesé menos con ellos de los asuntos políticos vivos en la Venezuela de Chávez, y más por la estancia venezolana de Carpentier, de lo cual Alexis es un gran conocedor, por haber trabajado con el gran novelista cubano.

El coloquio siguió al amanecer del jueves 30 de marzo, con un homenaje al Indio Naborí. Había ascendido en calidad por los debates del día anterior. Me tocó redactar la Declaración Final del coloquio, algo problematizado por cierto matiz de disputa introducido por el Sr. Barahona, mexicano, quien afirmó muy rotundamente que el nombre Naborí lo tomó el poeta de su madre mexicana… el debate fue algo feo y el grupo de mexicanos en general estuvieron discordantes sobre todo con el grupo de cubanos y con los venezolanos organizadores. En la clausura, el Sr. Barahona se enfrentó a Waldo Leyva de una manera bien incorrecta, incluida la burla.

A la sazón me ayudaba un joven venezolano de diecinueve años, llamado Nailor Sánchez, de quien no supe nunca más, que se iniciaba en el Teatro, quien me acompaño a un paseo por la tarde a ver la estatua de Bolívar en el Parque Central, la misma que José Martí veneró en su momento. Nailor me mostró la Caracas cotidiana y me acompañó a algunos sitios para hacer algunas compras, nos desplazamos en el metro desde el centro histórico hasta el Este. Hubo una visita a una misión de Barrio Adentro, a la que no pude asistir, pues redactaba documentos para la clausura del evento. Al final, dimos unos hermosos recorrido por el Panteón Nacional, Casa Natal de Bolívar, otros sitios de la ciudad, y en la noche una fiesta en la que participaron decimistas de España, Colombia, Portugal, Brasil, Puerto Rico, Cuba, México, Estados Unidos, Panamá, Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Argentina y naturalmente, Venezuela. Fue uno de los festivales más concurridos.

El 1 de abril regresamos a Cuba, al final me di cuenta de que estuve registrado en el Hotel Hilton como Vigilo Lopes Lemus, de modo que oficialmente, no estuve allí. Fue una semana provechosa, con incidentes de variados tipos, crecimiento del conocimiento, y la constatación de la universalidad hispana de la estrofa decimista, con general y total aceptación del término espinela y la aclaración en forma colectiva de que si Espinel no fue su inventor, fue su mejor divulgador en el siglo xvi, por lo cual terminamos reverenciándolo, sin opiniones contrarias.

Mi primer viaje a Venezuela fue productivo, tuve una imagen parcial de la compleja ciudad de Caracas, vi sus montañas y el ambiente popular. Me gustó mucho la vieja Caracas y me asombró que ni con un plano en la mano, podía comprender bien el laberinto citadino. Fue una estancia memorable.
 

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