El árbol de carne: una invitación hacia la transdisciplinariedad
Bajo este inquietante título, Marcia Losada reúne una serie de ensayos de indudable trascendencia, tanto para la educación universitaria, como para los profesionales del análisis del texto. Parte de una concepción esencialmente humanista del género. Esa es la función esencial de El árbol de carne1: abordar la tarea, urgente hoy como nunca, de establecer nexos constructivos entre el discurso y los lectores. La meta esencial del texto es abordar con profundidad una zona temática muy desatendida en Cuba y examinar, con el lente de la filosofía, tanto los procesos convergentes de la lectura y la escritura, así como en de la relación —sobre la cual dejaran su impronta diversos pensadores europeos, de Humboldt a Vigotsky— entre el pensamiento y el lenguaje, hoy por hoy atendida con fuerza creciente en países de los llamados desarrollados. Marcia Losada enfrenta estos temas desde una voluntad holística.
Una idea esencial atraviesa el libro. Esta noción, fundamental en sí misma, es una clave para todo el texto: tanto como dialogar con el lector, Marcia Losada construye una realidad que la involucra, y le permite construir una propuesta hermenéutica que trasciende a la autora y se convierte en uno de los modelos posibles para el lector. De aquí su profunda validez para la educación universitaria cubana, tan desprovista de textos que, sobre la base de una excepcional búsqueda bibliográfica, se atreven a exponer una propuesta personal. El examen de las consideraciones teóricas respecto de la interpretación, la hermenéutica y la semiología, convierten El árbol de carne en un magnífica exposición de corrientes contemporáneas del pensamiento sobre el lenguaje, lo cual, por cierto, no es su único valor. A ello hay que sumar la perspectiva trans-disciplinar desde la cual el libro ha sido construido: contamos con muy pocos estudios en Cuba con una tan sólida puesta al día en cuanto a lo que está sucediendo en los medios humanísticos de mayor avance científico a nivel mundial.
Una primera cuestión a destacar en el libro es su profundo interés por investigar al ser humano en tanto entidad que construye discurso como una vía de auto-descubrimiento y realización. Es en esa misma línea que, desde las primeras páginas, la autora ofrece una imagen iluminadora y muy personal del ensayo como género a medio camino entre lo literario y lo pragmático. Marcia Losada apunta:
Creo cada vez más en la evolución y vigencia de la reflexión ensayística, el ensayo como camino y expresión composicional hacia zonas del saber fractales y convergentes en las que el conjunto de disciplinas y puntos de vista de cada especialista abren nuevos horizontes y articulan novedosos espacios de conocimiento mediante signos, que llevan a otros signos.
Y, ciertamente, vivimos en una época donde el ensayo, como trasmisor de reflexiones y reafirmador de la subjetividad del emisor, ha cobrado cada vez más tanto vigencia como literaturidad. En este sentido, hay que subrayar la capacidad de la autora de hacer magnético un texto de indudable valor teórico e investigativo, por la vía de una expresión que, sin la menor duda, se mantiene en una tesitura no solo de cientificidad, sino también de elegancia, no exenta de afilado ingenio por momentos, como cuando se habla de un “ADN lingüístico” .
De aquí que sus propósitos sean, como ella apunta:
Esta vibración sensible y humanista se hace patente cuando la ensayista revela su aspiración principal al señalar: “El ser humano, como árbol de carne, sutilmente se desliza hacia los estímulos sensoriales del entorno y de sus propias modelaciones mentales, interactúa con sus circunstancias y circunstantes para re-crear cada día la mente a través de su sistema codificador: el lenguaje”. Pero no hay que engañarse: se trata de un texto de alto calibre indagador, donde la perspectiva científica es dominante: “El lenguaje humano, como entramado, es un proceso complejo, que para su análisis necesita de la interacción de herramientas, y la Lingüística en unión de la Psicología, la Filosofía, la Neurología, la Cibernética, la Sociología forma parte del llamado «hexágono» de las ciencias de la cognición”.
El primero de los seis ensayos aborda una interrogante fundamental de la Humanidad, pero que, en la era de la teoría de la complejidad, adquiere una dimensión más honda. De aquí que la interrogante que se asocia al dilema de Proteo, radica en una re-evaluación del lenguaje como objeto de estudio eminentemente complejo. Así, el objeto de análisis de este primer ensayo —en realidad, es un problema que permea todo el libro—, tiene que ver ante todo con el lenguaje en tanto parigual de los fenómenos emergentes aparentemente inconexos en espacios de fase virtual, de sistemas dimensionalmente abiertos y sensibles a las condiciones iniciales del entorno, cuyo decursar temporal transcurre en interconexiones de tiempos concurrentes y que poseen un alto poder autoorganizativo en espacios creados, para convertir en función saberes inmediatos retrospectivos, prospectivos, fenómenos, que resultan tendientes a la bifurcación.
El minucioso examen del lenguaje como objeto de estudio de la teoría de la complejidad, conduce a la autora a diseñar una visión integradora de los fenómenos lingüísticos. Es ciertamente difícil aferrar al polimorfo y escurridizo Proteo, ese lenguaje que ofrece tantas caras diversas e, incluso, opuestas: zona sistémica y zona sujeta a una lógica fuzzy, aspecto regido por leyes, principios y estructuras y aspecto de improvisación idiolectal, donde lo expresivo, lo imprevisto y lo irruptivo constituyen una dominante principal. Hay que decir que el lenguaje ha sido visto, desde Saussure, en una bipolaridad excesiva y mecánica. La introducción del concepto de norma lingüística, en apariencia solucionadora de este carácter opuesto entre lengua y habla, resultó muy pronto insuficiente. Uno de los aportes indudables de este libro, es la propuesta, de esencia claramente dialéctica, de distinguir la configuración de:
(…) una zona de emergencia y bifurcaciones donde se autoorganizan elementos multifactoriales, entre ellos el lingüístico, en una función articulatoria de carácter complejo a través de la cual se seleccionan y recombinan un conjunto de puntos de intersecciones y circulación (red semiocognitiva) de información lingüística (atractores noético-semióticos), que pudiera considerarse la base constructiva de un proceso del máximo grado de generalidad, emergido a partir del sistema subyacente como portador de significación, lo cual es el basamento para argumentar esta hipótesis.
Esta idea atraviesa la exposición total de El árbol de carne. Es fascinante que en Cuba, donde, en la segunda mitad del s. XX, apenas se han escrito libros sobre el lenguaje —los primeros libros de Max Figueroa, que fueron base para su obra mejor publicada en México; los textos inéditos de Leandro Caballero—, podamos contar con un libro como este, en el cual se empuña con decisión una temática trascendente como lo es el problema multi-factorial del lengua en su relación con la sociosfera.
Entre los diversos aspectos de crucial interés científico en el libro, está la superación de un mecanicismo tradicional en la inmensa mayoría de los enfoques lingüísticos al uso en nuestro país, tanto en el campo de la educación universitaria, como en el de la investigación: la supuesta identidad entre noesis y semiosis, asumida tradicionalmente entre nosotros como una igualdad incuestionable. Marcia Losada focaliza esa relación de un modo muy distinto, y, desde luego, ajustado a la realidad misma de los procesos de comunicación:
El grado eficiente de entropía2 entre la noesis y la semiosis expresado teóricamente en gasto minimizado, se manifiesta en la función articulatoria dada la naturaleza de su tertium comparationis, el sistema subyacente, que pone en relación pensamiento-lenguaje; de mayor velocidad de circulación (redes semio-cognitivas) a menor velocidad de circulación de la información, en un tiempo espacio auto-organizativo específico de cada momento cognitivo, cuando la dinámica de la conversión de datos de las redes semio-cognitivas se conforma en (véase matriz adjunta) seis funciones tridimensionales previas al proceso de enunciación.
Focalizada en la relación esencial signo-mundo, la ensayista dedica especial atención a esa relación, e insiste en la necesidad de enfoques trans-disciplinares.
Uno de los aspectos, en mi opinión, de mayor relevancia del libro radica en que la investigadora, a partir de presupuestos linguo-filosóficos hace una sólida propuesta de cuatro campos nocionales, asumidos como “una primera organización preconceptual”. El interés por los campos nocionales ha sido en Cuba prácticamente nulo, por una parte; ahora, en otro sentido, la propuesta de Marcia Losada es de una organicidad y una solidez conceptual realmente notable. En este aspecto, la contraposición de los campos nocionales lógicos y los semánticos, es de gran utilidad.
Hay que señalar, en otro momento del libro, la claridad realmente didáctica con que se trabaja con los cuadrados semióticos, tan ignorados en general en Cuba, que —el programa de Análisis Dramático de la especialidad de actuación en el subsistema de la Enseñanza Artística pide que se aborde el análisis de la obra de teatro mediante el sistema del modelo actancial, que entraña un manejo del cuadrado semiótico, ninguna escuela de arte en el país está en condiciones de abordar dicho tema, entre otras razones por no disponer de suficiente bibliografía acerca de qué es y cómo funciona el cuadrado semiótico.
La meditación acerca de la modalización desde la conciencia constituye un acierto del libro. Su autora se apoya en una noción fundamental:
Desde la disciplina Lingüística los elementos pragmático-modales, los intencionales, la actitud del emisor con respecto al receptor y al contenido que comunica, son las señales, o mejor aún, los síntomas de la actividad noética, que pueden ser mensurables a partir de la huella que queda en el enunciado.
Además, alcanza uno de sus momentos de mayor certeza científica al desarrollar una serie de consideraciones sobre la perspectiva modal y su trascendencia para los campos lingüístico y gnoseológico:
Al tomar una posición modal se construye todo un sistema de isotopías, oposiciones, rasgos, que se fundamentan directamente con la manera en que el enunciador y el enunciatario se relacionan con el mundo, pues, la modalidad opera con categorías ontológico-filosóficas y se encuentran, por lo tanto, estrechamente vinculadas a la naturaleza humana.
Su análisis, desde estas perspectivas, de “Los advertidos” de Carpentier, aporta no solo un ejemplo de los enfoques teóricos que se desarrollan en el texto, sino también un conocimiento que enriquece los estudios carpenterianos:
En la obra de Alejo Carpentier, Ser humano e Historia resultan como motivo, un binomio inseparable. La hechura del hombre, su comportamiento en un lugar y momento dado, o mejor aún, el ánthropos con su capacidad cognoscitiva que lo inviste de una obligación axiológica con el saber como interacción-transformación, es su gran asunto.
Por lo demás, hay una desoladora ausencia de estudios —publicados— sobre morfogénesis en Cuba. En realidad, como hay que insistir de nuevo, se ha dado a la luz editorial muy poco —cuando más artículos— con enfoque hermenéutico, o de lingüística del texto, etc. Y no es realmente posible enfrentar de modo integral un texto, cualquiera que sea su índole, desde una perspectiva univalente. Como dice Marcia Losada:
Azaroso ha sido el camino del discurso y del texto al momento “de hacer responsable” a una disciplina, que lo asuma como objeto de estudio: esta dificultad de “ubicación” está lejos de ser motivada por aporías bizantinas….
De aquí que la autora haga confluir una serie de disciplinas y puntos de vista. En particular es de agradecer la inteligente manera de abordar e incorporar a su propio discurso científico el pensamiento de Umberto Eco, de cuya obra apenas se ha publicado en Cuba poco más que la célebre novela El nombre de la rosa y las apostillas a ese mismo texto, pero nada de su teoría cultural, de su reflexión estética, de sus consideraciones sobre los medios de difusión masiva, sobre estética u otros temas —otro tanto podría decirse de autores de enorme relieve en los que se apoya la autora, como Greimas, por ejemplo—. Eco viene, desde luego, a cuento en la medida en que El árbol de carne se empina en una meditacion culturológica de amplio vuelo, en la cual el fenómeno del lenguaje se revela como un ente funcional de complejidad suma, imposible de reducir a un enfoque único, a una manera única de ver, a una definición simplista y escueta. Como señala la investigadora, el lenguaje se halla enclavado en una serie de campos —de aquí la necesidad de estudiarlo de manera multidisciplinaria—:
No hay “un órgano del lenguaje”: como he destacado, sistema nervioso, respiratorio, digestivo, osteo-muscular…, se integran holísticamente para hacer posible la percepción, designación, reflexividad y comprobación que culmina en el proceso del lenguaje. Quizás constituya el ejemplo más acabado de la conquista del ser humano en su también azarosa relación filogenética en interacción con su biosfera física y cultural.
Hay que agradecer a la autora la focalización del discurso como terreno de prácticas teórico-investigativas de la más variada índole, esfera de convergencia de variadísimas disciplinas humanas, desde la lógica hasta la biología, desde la teoría del conocimiento hasta los estudios literarios, desde la sociología a la perspectiva fractal y la teoría de la complejidad. Porque, desde luego, es uno de los primeros libros de enfoque realmente transdisciplinar que se escriben en Cuba. Ese es, posiblemente, uno de las aportaciones de mayor envergadura de este texto singular. A ello hay que añadir, por lo menos desde mi perspectiva, el interesantísimo enfoque de lo que la autora denomina sujeto silencioso:
La facultad de pensar y la aptitud para emitir y recepcionar enunciados son dos de las características que más pudieran tipificar la actividad refleja del homo sapiens. Si vamos a hablar del silencio como unidad del lenguaje humano, es decir, del silencio como parte de un código semiótico, si vamos a hablar de la autopoiesis del sujeto semiótico silencioso y de esta, su manera peculiar de enunciar se impone la necesidad de revisarlos a ambos sujeto y enunciado desde perspectivas filosóficas, lingüísticas, pragmáticas, sociológicas, asociado a la función poética…
Este sujeto silencioso tiene que ver directamente con las zonas inexploradas del sujeto en la sociedad contemporánea, tan aquejada de fracturas y amordazamientos diversos. Marcia Losada aborda el problema de manera enfática y señala:
Múltiples y valiosos estudios enfocan al sujeto sociológico, político, psicológico etnográfico…, etcétera; escasos estudios escritos por cubanos se pueden consultar del sujeto locuens, con lo cual este ha llegado a padecer, padece de “una mutilación analítica”, que ya silenciosamente reclama un lugar.
Se propone una aproximación cualitativa, mediante la técnica ya mencionada del análisis semántico discursivo dimensional3, la fenomenología, comparación de variables operacionales, provenientes de áreas de saber, tributables a esta construcción teórica…, para tratar de atrapar en un intento de generalización algorítmica, lo multiforme, desde una de las más caprichosas e indexadas por ambigua realización del lenguaje: el silencio del sujeto.
El árbol de carne subraya, una y otra vez, la complejidad del ser y la necesidad de transformar los puntos de vista reduccionistas y dogmáticos, en complejas perspectivas transdisciplinares, capaces de rescatar zonas de comunicación y auto-comunicación que han sido tradicionalmente trabajadas con enfoques parcializadores:
Para argumentar la estrategia escogida en esta perspectiva, los pronunciamientos de Jackendoff y Fodor resultan fundamentales.4 Ambos, con sus respectivas variantes, postulan cómo las representaciones mentales son símbolos, como los del lenguaje, en el lenguaje del pensamiento.
Un libro tan abarcador no puede ser examinado en unas pocas páginas. El árbol de carne, abre mil brazos hacia el universo, sustentándose de otras mil raíces en el subsuelo. No cabe duda de que constituye un hito peculiar en la apertura hacia un enfoque transdisciplinar, extenso y no por ello menos minucioso, hacia un tipo de estudios por completo imprescindibles para el estudio del ser y, también, cómo no, del ser insular cubano.
Notas
1 MES, 2014.
2 Entropía: Término proveniente de la Física, la Cibernética y la teoría de la información: Se manifiesta en la función articulatoria que pone en relación pensamiento-lenguaje; de mayor velocidad de circulación a menor velocidad de circulación de la información cuando la dinámica de la conversión de datos de las redes semiocognitivas se conforman en funciones tridimensionales previas al proceso de enunciación.
3 El análisis semántico discursivo dimensional como método: Recoge y articula información emergente. Es un acercamiento tridimensional que recoge y evidencia percepción experiencia personal del sujeto e intencionalidad. Taxonomiza procesos recurrentes y autoorganizativos resultado de tiempos concurrentes. Describe en unidades de sentido, la información de atractores caóticos y recursivos formantes de una función articulatoria compleja de componentes sometidos a condiciones sensibles iniciales. Es capaz de indexar las huellas de sentido por la máxima capacidad autoorganizativa de los entonemas que potencialmente pueden redimensionar el componente léxico de ese sentido (M. Losada, “El análisis del discurso y la descripción semántica. Fundamentos para una metodología”, 1999, y “Estudio semántico del discurso: hacia una enunciación semántico discursiva tridimensional”, 2003 y La máscara del lenguaje. Intencionalidad y sentido, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010.
4 Me refiero a los libros Languages of the Mind, and Mental Representation de R. Jackendoff y The Language of the Thougt, de Fodor.