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El cine cubano de 1937 a 1944

Luis Álvarez Álvarez, 20 de mayo de 2014

Arturo Agramonte y Luciano Castillo, de quienes ya contábamos con el panorama del séptimo arte nacional de 1897 a 1936, aportan ahora un estudio, igualmente nutrido de información e interés, que se extiende de 1937 a 1944.

Mientras el tomo precedente historiaba, en su contexto cultural, los primeros tanteos del cine cubano, esta segunda investigación permite asomarse a los avatares diversos de quienes intentaron refundar y consolidar una producción fílmica cubana. Cada capítulo aborda un año específico de este afán, compartido por las más diversas personas.

Es extraordinario el resultado alcanzado por los investigadores. Revive un componente ignorado de la cultura nacional. No solo se analizan los protagonistas de esta etapa de nuestro cine, sino que además se aportan perspectivas de gran interés que permiten vincular esos modestos intentos con, por ejemplo, el desarrollo de la radio en el país. Resulta fascinante, por ejemplo, que los autores describan cuestiones, tan impensables hoy, como la adaptación de horarios de las salas de exhibición para adaptarlas a la masiva radio-audiencia de series así trasmitidas y de este modo no perder público para las tandas de cine. Toda una época conmovedora por su ingenuidad y su carácter cultural.

Este es el caso del análisis de cómo se gestó el filme La serpiente roja, directamente relacionado con la famosa serie radial del prolífico Félix B. Caignet. La empresa así emprendida por Ernesto Caparrós y otros, queda recuperada para la historia de la cultura nacional, con inclusión de aspectos de relieve como la presencia de republicanos españoles emigrados luego de la victoria franquista, o la intención de la Cuba Sono Film de realizar un cine social; esta empresa tuvo el apoyo de intelectuales del relieve de Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Juan Marinello, José Antonio Portuondo, Ángel Augier, Luis Felipe Rodríguez y Mirta Aguirre.1

El libro, por otros muchos motivos, no deja de contextualizar al cine en el panorama nacional. Así se rescatan otros muchos procesos colaterales, como el Primer Congreso de Arte Cubano de 1939. En este marco, y en muchos otros rescatados por esta acuciosa investigación, se evidencia el tesón de José Manuel Valdés-Rodríguez, uno de los más señalados defensores de la consolidación de un séptimo arte insular, quien ya subrayaba la necesidad de que el cine fuera una expresión de lo nacional cubano, y que, al mismo tiempo, fuera capaz de abordar contenidos de validez universal.2 Hay que apuntar que Valdés-Rodríguez, según se desprende de este estudio —en el cual, desde luego, no se cubre toda su trayectoria posterior al año 1944—, se preocupó también de difundir, a través de conferencias y cursos diversos, saberes técnicos del arte, incluso sobre el montaje.

Una serie de facetas reveladas por estos infatigables historiadores del cine en Cuba, ponen a nuestra disposición toda la información posible hoy —mucho se ha perdido por incendios, incuria y falta de previsión cultural— acerca de filmes de ficción y documentales creados en esos años. Pero a ello se añade una interesantísima consideración acerca de los noticiarios de la época y sus características.

La investigación permite visualizar esos años de una manera tan directa, que se puede incluso localizar la ubicación urbana de los cines, las oficinas distribuidoras y también productoras en La Habana en zonas de la ciudad, lo cual es avivado por algunas consideraciones, aquí y allá, sobre el ambiente de tales calles, focos, por lo que los autores evidencian, de la afición por el teatro y el cine.

Ingente estudio de fuentes —y no solo documentales—, la exhaustividad de este libro lo convierte en una pequeña hazaña indagadora. Más que un ensayo fríamente histórico, resulta una particular manera de resucitar toda una época.  Cronología del cine cubano II (1937-1944) se convierte así en un documento necesario tanto para comprender el difícil, pero al fin y al cabo tesonero, afán de constituir una cinematografía nacional, como también resquicios ignorados de la cultura insular en esos años.

 

Notas

1 Cfr. Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del cine cubano II (1937-1944), Ed. ICAIC, La Habana, 2012, p. 99.
2 Cfr. Ibídem, p. 134.