Llover sobre mojado
Hace unos días, estando en casa y tratando de trabajar, que es para mi escribir, empezó a llover violentamente y con mucho viento, entonces se fue la luz, y por supuesto tuve que apagar la computadora.
Como no hallaba qué hacer, y ya a mi edad no me gusta perder el tiempo mirando los celajes, pues siento que cada día que pasa se me acorta la estancia terrenal, le eché garra a una revista Bohemia, viejísima, que una vez tuvo la amabilidad de regalarme mi amigo el escritor Enrique Cirules.
Por si algún lector no lo sabe, en otros tiempos casi todas las revistas, que eran varias las de difusión nacional, incluían en sus páginas cuentos de autores cubanos y de otros países, con lo cual colaboraban a crear, a partir de su poderoso medio de divulgación, un público lector cotidiano y sistemático, además de ponernos en contacto con lo que se estaba publicando en ese instante en otras latitudes aledañas. No es por gusto que cuando nace la narrativa cubana, la mayoría de los escritores se dedican a escribir cuentos y no novelas, porque los cuentos son fácilmente publicables en las revistas nacionales, y las novelas son prácticamente imposible publicarlas en el país.
Ese buen hábito de las revistas se ha perdido por completo, y con la excepción de las revistas literarias, que entre sus objetivos tienen el publicar originales de autores conocidos e interesantes, solo conozco de una revista Mar y Pesca, que publica en sus páginas relatos de ficción que tienen que ver con la vida marinera. Y debo destacar que las revistas literarias cubanas, que las hay y muy buenas, tienen un público lector limitado si las comparamos con los periódicos y las revistas de circulación masiva.
Solo les muestro algunos ejemplos:
En la Bohemia de noviembre de 1949 aparecen los siguientes textos literarios:
. “Lo del domingo pasado no tiene nombre” (Estampas del beisbol) de Eladio Secades.
. “Un legionario desconocido”, cuento, de Georges Surdez.
. “Contracandela”, no menciona al autor pero dice que es la primicia de un nuevo escritor belga recogido por Ellery Queen en su antología Mysteri Magazine.
En agosto de 1952 la revista Bohemia publica:
. “La galleta robada”, estampa de Eladio Secades.
. “El ecobio traidor será castigado”, cuento cubano de Gerardo del Valle.
. “El puente sobre el Gran Vallat”, cuento sobre la II Guerra Mundial, de Paul Carey.
En septiembre de 1953 la revista publica:
. “El asesinato pluscuamperfecto”, cuento policiaco inglés, de Roy Vickens, traducido por Novás Calvo.
. “El payaso y la filosofía”, ensayo de María Zambrano.
. “La moral y la moralina”, ensayo de Samuel Feijóo.
El 24 de marzo de 1957, once días después del Asalto al Palacio Presidencial, la revista publica:
. “El diario de Ana Frank”, crónica sobre dicho texto de la autoría de Pierre Joffroy.
. “El rascabucheo. Estampas de la época", de Eladio Secades.
. “Disparo en la oscuridad”, cuento policiaco de Archie McFedries.
Hace ya un par de años, en enero del 2012, escribí un trabajo que publiqué en esta misma columna titulado “El escritor no tiene quien le escriba” , que causó cierta sensación. En él decía cosas como estas:
Pero sucede que realmente quiero tocar otra arista del problema que tiene mucho más que ver con el título de este trabajo: me refiero a la falta de promoción que tienen los textos recién publicados por las distintas editoras y que salen a llenar estantes de librerías contando solo con que el lector–comprador sepa entresacar de los cuatro o cinco apretados renglones que componen la nota de contracubierta cuál es el asunto de que trata la obra, qué aspectos interesantes aborda, si coincide o no con sus gustos y preferencias, en fin, esa incitación a la lectura de la nueva obra tan necesaria tanto para el escritor como para el lector.
Y luego decía:
Entonces sucede que falta la crítica, pero no la crítica académica, que es la que casi siempre publican revistas y boletines literarios y hasta la prensa nacional y que utiliza recursos idiomáticos propios de especialistas y para especialistas como “ejercicios metaoperativos”, “implicaciones epistemológicas”, “tema lúdrico”, “estilemas”, “isotipos”, “señaléticas” y otros grafemas que no le dicen nada al lector común, que es el que compra el libro en la librería para luego devorarlo en su casa, sentado en el rincón preferido.
Falta la crítica que promueva el nuevo texto, que no solo quiere decir que sea apologética, es decir, laudatoria, quiero decir, positiva, o sea, que solo diga las lindezas del texto. Puede incluso hablar de los supuestos errores que el crítico cree ver, es válido; debe también ser una crítica sensorial, por qué no, si, esa misma que dice qué me gustó y qué no me gustó de la obra.
Si los medios de información buscaran personas honestas que sean buenos lectores y buenos periodistas o incluso escritores que lleven mucho tiempo en el oficio y que han tenido que leer muchísimos libros para aprender a escribir, lograrían orientar a nuestro gran público lector, (privilegio casi exclusivo que tiene Cuba y no otros países del área), y estimularían la lectura, que al final es el gran objetivo para lograr elevar la espiritualidad como parte de la calidad de vida del cubano.
A los pocos días de publicado este trabajo recibo un mensaje, que después de elogiar el ensayo, me cuestiona si yo mismo sería capaz de comenzar con una publicación sistemática de promoción de textos, que de responder afirmativamente tendría un espacio fijo un día a la semana en uno de nuestros periódicos.
Y por supuesto, dije que si, y como que algo tenía escrito al respecto, mandé al periódico cinco o seis textos, y a los pocos días salió el primero. Yo, por supuesto que muy contento, esperé que salieran los otros, pero ninguno más tuvo esa suerte. Nunca me dijeron por qué, nunca lo pregunté, nunca me pagaron el publicado, y seguimos con el mismo problema que afecta tanto a los textos como a los autores.
Ante esta precisión personal carente de apoyo se me ocurrió que quizás estuviera equivocado y por ello hice una breve encuesta. Observando el noticiero del mediodía de la TV cubana entre el domingo 14 de julio y el martes 14 de septiembre del 2013, visioné 47 veces la parte cultural del mismo.
Las principales noticias culturales ofertadas fueron de la siguiente especie:
Noticias de Artes Escénicas: 90
Noticias de Artes Plásticas: 39
Noticias de Música: 85
Noticias de Patrimonio Cultural: 7
Noticias de Cine, Radio y TV: 24
Noticias procedentes de la UNEAC: 4
Noticias que tienen que ver con el libro: 22
Las 22 noticias que tienen que ver con el libro se manifiestan de la siguiente manera:
Lunes 15 de julio, comentan premio a escritor cubano que reside en Rep. Dominicana.
Miércoles 17 de julio, comentan sobre libros usados vendidos por cuentapropistas.
Viernes 19 de julio, hablan de premio del MINFAR, (que es un concurso interno del organismo).
Sábado 20 de julio comentan de un libro sobre el Moncada.
Sábado 26 de julio, comentan libro sobre una periodista cubana.
Miércoles 30 de julio semblanza del escritor de best seller norteamericano Dan Brown.
Viernes 2 de agosto, comentan libro de periodista italiano sobre Fidel.
Sábado 3 de agosto, comentan libro sobre muerte de Martí.
Sábado 3 de agosto, comentan libro sobre Núñez Jiménez.
Lunes 12 de agosto, comentan libro sobre Fidel.
Jueves 15 de agosto, Cruzada Literaria de la AHS.
Domingo 18 de agosto, conmemoran 100 años de Serafina Núñez.
Lunes 20 de agosto, Cruzada Literaria de la AHS.
Jueves 22 de agosto, Festival de lectura del ICL.
Sábado 24 de agosto, lectura de poesía en Las Tunas.
Lunes 26 de agosto, presentación de libro de Chavarría de la Editorial Capitán San Luis.
Martes 27 de agosto, gira de verso amigo en Camagüey.
Viernes 5 de agosto, cierre del verano, ICL.
Sábado 31 de agosto, homenaje a Nersy Felipe en Pinar del Río.
Domingo 1ro de septiembre, muerte de Saruski.
Lunes 2 de septiembre, despedida del verano en Sancti Spiritus.
Lunes 3 septiembre, en la UNEAC presentación de la revista Amnios.
Miércoles 4 de septiembre, en la UNEAC 5 por los Cinco.
Sábado 14 de septiembre, presentación de libro sobre los Cinco.
Obsérvese que solo en una ocasión, cuando la presentación del libro de Daniel Chavarría de la Editorial capitán San Luis, se menciona un texto de literatura de ficción, aunque no se promueve, no se habla del mismo y su contenido, solo se informa sobre el acontecimiento.
Si a esto le sumamos que en la TV existen pocos programas que manejan libros y autores, que solo Escriba y Lea y La Neurona Intranquila se preocupan por mencionar títulos y autores de los libros que le regalan a los ganadores, que en un programa de gran audiencia como es Mediodía en TV de Cubavisión el presentador se da el gusto de anunciar los libros/regalos a los ganadores del concurso Escriba y Lea hablando de “un grupo de libros “donados por el ICL”, como si fuera una jaba de papas con boniatos; si presumimos que el programa Entre Libros se ha convertido al catolicismo, porque sale “cuando Dios quiere”, y que algún que otro programa que lleva escritores a la TV, básicamente jóvenes, se presenta en canales poco vistos y en horarios inadecuados; llegamos a la conclusión que la promoción de la literatura es casi nula.
Pero resulta muy interesante que en el texto “La CIA y la guerra fría cultural” de la autoría de Francis Stonor, en su página 341, se lee una reflexión de uno de los Jefes del Equipo de Acciones Encubiertas de la CIA, citado en Final Report of the Church Comittee, 1976, que dice: “Los libros son diferentes a todos los demás medios de propaganda, fundamentalmente porque un solo libro puede cambiar de manera significativa las ideas y la actitud del lector hasta un grado que no se puede comparar con el efecto de los demás medios, por lo que la publicación de libros es el arma de propaganda estratégica de largo alcance más importante”.
Y no digo más, como diría una vez Fidel.
Pero el asunto se complica cuando incidimos en la literatura infantil y juvenil que está llamada a ser la encargada de sembrar valores y principios éticos en las nuevas generaciones que nos sucederán por la ley biológica.
Cierta vez alguien me dijo que el libro infantil y juvenil más vendido en la Feria Internacional del Libro de La Habana era Oros Viejos, de Herminio Almendros. Sin desconocer que Oros Viejos es un clásico de la literatura infantil y juvenil cubana, la realidad lo define como un viejo texto, escrito hace muchísimos años. Entonces uno se pregunta: ¿Será que los escritores cubanos para niños y jóvenes no hacen obras que valen la pena y hay que seguir seleccionando obras de otras épocas? Y la respuesta es no. Hay excelentes libros de literatura infantil y juvenil, hay excelentes autores cubanos, muchos de ellos reconocidos en el exterior y prácticamente desconocidos en Cuba. Y todo porque les falta promoción.
Quiero terminar con dos ejemplos de textos con un alto grado de realización y calidad, tanto en relación a su contenido como a su acabado final. Y ellos son los siguientes:
Toda la magia de la Maga Maguísima, de la escritora cubana Olga Marta Pérez.
Es un libro “mágico” pero no de la factura de Harry Potter, llena de ambiente medieval y personajes extraños y misteriosos; la magia de Olga Marta es muy racional, plena de imaginación y creatividad, pero también muy cubana, y a veces con interesantes mensajes subliminales e intertextuales pero que son perfectamente asimilables por los niños de esta época.
La historia del libro es un andar por la vida misma en la Cuba de hoy, donde la Maga es una tía solterona y solitaria, pero muy alegre y vivaracha, que tiene una sobrina que es su encanto y que juntas hacen maravillas ante la aparición de personajes como un viejo solitario y amargado, la sobrina y el entorno familiar rígido, el cazador de pájaros, la violeta que quiere ser ángel, la lagartija mocha, el divorcio de los padres de la sobrina junto al reloj familiar y el tiempo, la relación con el vecino de la Maga, la luna y los bichones no terrícolas, el arroyo que murmura, el gallo veleta, la cima del mundo, la jicotea que quiere conocer al mundo, la estrella de mar, la gota de agua, la hoja de duende que modifica los olores y los sabores, el pensar en el destino, el derecho de los niños y su respeto, la sirena de escamas azules mágicas, la compra de vegetales en el mercado, el desove de las tortugas en la playa, el carnaval de agosto y la lluvia de versos, todo ello inserto en la enseñanza de valores como la amistad, la solidaridad, el “haz bien sin mirar a quién”, y la hermosa teoría de que las historias son eternas, que nunca terminan, que de una se puede sacar otra, y de esta otra, y otra, así hasta el infinito. Las historias no son de quien las cuenta, también son de quien las escucha, y que no tienen dueño, y eso es lo más hermoso, que quien las escucha también es su dueño. La muerte es la única que acaba con las historias.
En fin, el texto de la Maga se convierte en un homenaje a Salgari, a Julio Verne, pero también a personajes como Sandokan y el capitán Nemo. Por último habría que decir que es un libro magníficamente ilustrado y con una terminación envidiable, y muy bello en general.
Y el otro texto es Paquelé, del escritor cubano Julio M. Llanes, que cuenta la historia de un niño negro que vive en las décadas del sesenta al setenta del siglo XIX en la ciudad de Sancti Spiritus, hijo de esclavos y que es arrebatado a su madre para ser llevado a casa de los amos para entretener a la pequeña de la casa.
Paquelé fue publicado por primera vez por la Editorial Oriente en el año 2000, luego tuvo una edición argentina, y por último una editorial holandesa lo tradujo y publicó en Amsterdam.
Aborda las leyendas espirituanas sobre la construcción del puente del Yayabo; refranes africanos en contraposición con refranes españoles; los hechos acaecidos antes de la primera contienda bélica contra España; las tradiciones de la región como retretas, fotutos y comparsas; la improvisación del famoso punto espirituano, patakines africanos; las relaciones entre peninsulares y criollos; la vida entre amos y esclavos domésticos; el amor entre dos niños esclavos; la explotación de otras etnias como la china y la mulata; el trabajo de calesero y por último, el acto, lleno de un gran sentimiento poético, de cuando los niños se van al monte, a la guerra por la Patria libre, y también buscando obtener su libertad como ser humano. Todo ello sin estridencias, ni posiciones didácticas, donde los personajes se mueven dentro de la picaresca de los niños de la época, que le ponen una sonrisa enfrente al sufrimiento que significa haber nacido esclavos, y viven su vida, tienen amigos, son hacendosos y solidarios, todo sin dejar de ser los “ibeyes” del panteón yoruba, los jimaguas revoltosos para muchos de sus contemporáneos adultos.
Estos son dos textos, pero hay muchos más en la panoplia de literatura infantil y juvenil cubana y contemporánea, que debieran incluirse en los programas de estudio de las escuelas primarias y secundarias, y también, por supuesto, darle en los medios la promoción que merecen como verdaderas obras de arte.
Les prometo que el día en que muera, si es verdad que uno puede aparecer como fantasma, recorreré de madrugada los patios de la UNEAC gritando a viva voz: PROMOCIÓN A LOS TEXTOS DE LITERATURA CUBANA. NO TIREMOS POR LA BORDA ESE TESORO.