La biblioteca, una necesidad cultural
En otra ocasión he confesado que nací en un hogar pobre e iletrado. Mi mamá solo había llegado a segundo grado, aunque sabía leer y escribir, y mi papá era analfabeto, pero conocía de cuentas. En casa encontrábamos un solo libro, la Biblia, libro por cierto impresionantemente interesante.
Pero cuando decidí escribir, como era un simple profesor de Historia, en ese tiempo sin haber iniciado mis estudios universitarios, me di cuenta de que necesitaba con urgencia elevar mi nivel intelectual, conocer la obra de escritores famosos, en fin, actualizarme, y para eso venía como anillo al dedo la biblioteca pública Antonio Arias García de Caibarién.
Recuerdo que tenía un excelente local, buenas mesas de lectura y adecuados asientos, magnífica iluminación, y abría también por la noche, en fin, perfecta. Como vivía relativamente cerca de la institución, después de comida caminaba hasta el centro y o bien leía, o pedía en préstamo el libro para leerlo en casa. Cuando aquello tenía un buen director, un profesional, que luego fue mi amigo, Daniel Acosta.
Y en sus nutridos y bien organizados estantes encontré una colección de unos veinte y tantos títulos llamada Clásicos Jackson, publicada en la Argentina, y que estaba dirigida por un Comité Selectivo integrado por escritores de la talla de Alfonso Reyes y Germán Arciniegas, entre otros.
En mis manos tengo ahora la edición número cuarenta, que demuestra cómo se siguieron publicando más tomos, esta fue impresa en 1949. Habría que decirles a los más jóvenes que en la etapa de antes de la Revolución la inmensa mayoría de los libros de literatura que circulaban eran publicados en Argentina, pues Cuba no tenía una industria editorial en forma.
Empecé por leerme todos los tomos de los Clásicos Jackson y en ellos encontré información de la vida y obra de filósofos y pensadores que iban desde Tales de Mileto y Anáximandro, pasando por Pitágoras y Heráclito de Éfeso, hasta llegar a Sócrates y Platón. Vivamente recuerdo dos cosas de aquellas lecturas: El banquete de Sócrates contado por Platón, y la propia muerte de Sócrates, acusado por los dictadores de confundir a los jóvenes y condenados o bien al ostracismo o a envenenarse con la cicuta tibia. Sócrates decidió lo segundo.
Después seguí buscando a cuentistas importantes, (cuando aquello quería dedicarme solo al cuento), y di en los estantes con Guy de Maupassant, con Isaac Babel, con Horacio Quiroga, con Onelio, con Félix Pita, en fin, tenía donde escoger por lo bien surtida que estaba la biblioteca municipal.
Pongo esta historia al inicio de mi trabajo para demostrar el papel que siempre han jugado las bibliotecas como fuente del conocimiento humano, y porque en la última asamblea de la Asociación de Escritores de la UNEAC se abordó el tema “Protección de la biblioteca pública y su relación con la lectura y los autores”, que tuvo como ponente principal al dr. Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional de Cuba, quien presentó un informe muy pormenorizado de la situación que ahora mismo tienen las bibliotecas en todo el país, incluyendo la nacional.
Lo primero que dijo Torres Cuevas es que la Biblioteca Nacional es la rectora metodológica del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, que la segunda subordinación de dicho sistema es a los poderes populares de las respectivas provincias y municipios, y que hay un importante descuido y no priorización de las bibliotecas en los intereses de esas instancias, además, que hay 16 bibliotecas provinciales y 401 municipales y sucursales, y de ellas, quince están cerradas. Que solo un 36% tiene un inmueble catalogado de bueno, que 140 tienen un inmueble catalogado de regular, y en 116 se encuentra en mal estado. Solo el 14% de las instalaciones tiene un mobiliario aceptable aunque deficitario, un 13% tiene buena iluminación, un 36% se evalúa de regular y un 51% no tiene iluminación artificial.
La situación por provincias es también alarmante, porque hay casos que no deben ser los peores y lo son, y otros que han pasado vicisitudes serias y están en mejor estado, lo cual demuestra que es un balance entre ocupación y despreocupación.
A todo esto se suma la inestabilidad de los bibliotecarios, la falta de profesionalidad de muchos de ellos, y lo mal pagados que están.
Aquí van algunos ejemplos:
La Habana tiene 24 bibliotecas, 19 con problemas constructivos y tres cerradas. Está considerada “la que peores condiciones tiene y en la cual es notable la no atención a las bibliotecas municipales”.
En Matanzas la biblioteca provincial Gener y Del Monte lleva once años cerrada. De 41 bibliotecas que existen, 36 tienen problemas constructivos, para un 87%.
Sancti Spiritus, Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas, Granma, Holguín, Guantánamo e Isla de la Juventud, no tienen bibliotecas cerradas. Incluso, Santiago de Cuba, que recientemente sufrió los embates de un ciclón que casi destruye la ciudad, tiene 30 bibliotecas, de ellas solo 6 con problemas constructivos, y solo una cerrada. Es la mejor provincia con solo un 20% de centros con problemas constructivos.
Si vamos a la tecnología, el sistema cuenta con 1422 computadoras, de las cuales el 42% están rotas, solo 822 están trabajando, de ellas son modernas el 15%, y antiguas, con tecnología ya obsoleta el 81%.
En cuanto a los equipos de reproducción, prácticamente no existen, las bibliotecas provinciales tienen un scanner donado por la UNICEF y muy pocas impresoras. Solo la biblioteca nacional cuenta con impresora láser y scanner de mayor formato.
Hay que decir que ante la rotura u otra complicación de los equipos no existen mecanismos para su solución.
Concluyendo, existen en el sistema 401 bibliotecas, 1422 computadoras, 598 rotas, 224 modernas y 1150 obsoletas y desfasadas tecnológicamente. Incluso, la sala de navegación de la Biblioteca Nacional está cerrada.
Otro aspecto del asunto es que las bibliotecas deben estar actualizadas, y no hay dinero para comprar los nuevos libros que se publican. Está determinado hacer descartes con los libros que no se leen, que no deben destruirse, sino ir a bibliotecas especializadas o venderse al público como libros viejos, pero que generalmente se destruyen.
Las presentaciones de nuevos libros se hacen en muchos lugares pero nunca en las bibliotecas.
La distribución de los libros por parte del ICL es anárquica, y si encima se publican pocos ejemplares de los nuevos títulos, nunca llegan a toda la Isla.
Existe una mediateca en la Biblioteca Nacional pero funciona en una sola computadora.
En resumen, poco a poco, y por la desidia de quienes deben ocuparse de estos importantes asuntos, está desapareciendo el sistema de bibliotecas públicas en el país, cosa que no ha sucedido nunca en ningún lugar del mundo bajo ninguna circunstancia.
A esto súmese que las bibliotecas escolares casi no existen, no tienen bibliotecarios, y el Minisiterio de Educación Superior no tiene dinero para comprar nuevos libros.
En fin, se necesita abordar este tema en su conjunto, primero se debiera trabajar en lograr una biblioteca digital, lograr que las bibliotecas se organicen adecuadamente, se nutran de nuevos títulos y funcionen por la noche, incluso las bibliotecas escolares podrían también tener un horario nocturno, buscar personas adecuadamente formadas para dirigir y atender el trabajo bibliotecario, y con un salario digno de su esfuerzo. Todo ello estimularía la lectura, que en los últimos años ha decaído en el país.
Se requiere organizar un sistema de bibliotecas populares, cosa que existe en América Latina desde hace décadas. Yo vivo en un edificio de veintiuna plantas en Nuevo Vedado, a nuestro lado hay otro edificio de veinte plantas, y detrás, un largo edificio de doce plantas, que en realidad son tres edificios. Hace unos años, en el 2003, se le ocurrió al Núcleo Zonal del PCC, que contó con el apoyo de la FMC y los CDR del edificio, junto con un grupo de vecinos armar un local en desuso como una biblioteca popular, al principio sin apoyo institucional, luego con él aunque muy limitado, y ahora mismo tiene un funcionamiento estable. El grueso de los ejemplares que se pueden leer o sacarlos en calidad de préstamo fueron donados por los propios vecinos. Los resultados de su funcionamiento saltan al vista:
La biblioteca, que es un apéndice del Centro Promotor Cultural Ismaelillo, trabaja de lunes a viernes de 8.30 am. a 4.20 pm y los sábados de 8.30 a 12.30. Recibe un promedio entre seis a diez lectores cada día. Cuenta con 2544 títulos, de ellos 2408 de préstamo y 136 de referencias. Los usuarios son vecinos de la propia comunidad y niños de varias escuelas cercanas.
No han recibido nunca libros nuevos y se siguen nutriendo de donaciones, aunque por falta de espacio conservan 1500 títulos en los sótanos del edificio. No tienen aprobada la plaza de bibliotecario, aunque trabajan con un tarjetero organizado por materia, título y autor. No tienen, por falta de espacio, sala de lectura, por lo cual solo es una biblioteca circulante que presta un magnífico servicio. (Yo mismo la utilizo a menudo para buscar libros que necesito y no aparecen en mis estantes).
Organizan además talleres con escolares, que son los propios vecinos, como los de dibujo, de artes plásticas, de tejidos, de artesanía para niños de 6to grado, un taller de manualidades para adultos, y poseen un aula de la Filial de la Universidad del Adulto Mayor.
Planifican actividades recreativas con la escuela primaria más cercana en el día del maestro, el fin de curso y el 4 de abril.
Como se verá, esta iniciativa, que está establecida desde varias décadas atrás en muchos países de Latinoamérica, organizadas por las clases populares para su formación e información, pudiera aplicarse en la Isla, y sería una manera de ampliar y mejorar los servicios bibliotecarios que quizás hoy sean más necesarios que nunca.
Nunca será obvio recordar un pasaje del libro La CIA y la Guerra Fría cultural, de Frances Stonor Saunders, quien le atribuye a uno de los jefes del Equipo de Acciones Encubiertas de la CIA la siguiente reflexión:
Los libros son diferentes a todos los demás medios de propaganda, fundamentalmente porque un solo libro puede cambiar de manera significativa las ideas y la actitud del lector hasta un grado que no se puede comparar con el efecto de los demás medios, por lo que la publicación de libros es el arma de propaganda estratégica de largo alcance más importante.
Habría que destacar para finalizar que la Asociación de Escritores adoptó un Proyecto de Acuerdos para ayudar a paliar estas circunstancias adversas, respaldar los esfuerzos dela Biblioteca Nacional, elaborar un dictamen de la situación para el Consejo Nacional de la UNEAC buscando su apoyo, y buscar el consenso para que en cada provincia los actores culturales afines puedan organizar un Comité Consultivo que diagnostique, evalúe y sugiera soluciones a este espinoso problema.
Editado por Yaremis Pérez Dueñas