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El peligro de una confrontación cubano-dominicana (III)

Jorge Renato Ibarra Guitart  , 29 de junio de 2015

En previsión de una posible confrontación bélica entre Cuba y República Dominicana, la revista Bohemia de 24 de agosto hacía una comparación de ambos países en términos de efectivos militares disponibles. El saldo era favorable para Cuba. Pero a partir de entonces comenzaron a circular reportes desde Cayo Confites acerca de las dificultades que enfrentaba una tropa cansada de tanta espera inútil, se conoció que un grupo de reclutas habían emitido un manifiesto a los Comandantes para que en los próximos diez días aplicaran el plan de ataque o desertarían en masa. También se reportaban problemas de última hora para poder conseguir estantes para bombas y montaduras para ametralladoras de los aviones que estaban por habilitar para el combate.1 No dudamos que esas carencias se debieran a zancadillas que en los Estados Unidos le ponían a los revolucionarios.

De pronto una información que resultaba bien sensible para el movimiento revolucionario comenzó a ser utilizada para desacreditar al gobierno de Guatemala y enfrentarlo con la oposición. Se trataba de la compra de armas en Argentina para los expedicionarios. Diplomáticos dominicanos se congratulaban que el Congreso guatemalteco le exigiera a Arévalo explicaciones sobre el trasiego de esas armas “sin rumbo conocido”.2 De nuevo los informes de inteligencia pretendían socavar la unidad de los revolucionarios latinoamericanos poniendo en situación comprometida al gobierno de Arévalo.

En Cuba la situación se complicaba cada vez más. El embajador estadounidense, Norweb, tenía información de que el general Pérez Dámera daba muestras de repudio al plan de los conspiradores y que estos se mostraban preocupados.3 Por otro lado, en un informe de la legación dominicana en la Habana se reportaba que el círculo sobre los expedicionarios se estaba cerrando con la demanda de la oposición de llevar a discutir en el Congreso cubano las acusaciones que formulaba la República Dominicana , a esos efectos llamarían a contar al Ministro de Estado, González Muñoz .

Otro suceso trascendente fue la renuncia del Ministro de Educación Alemán a su cargo, razón por la cual el  Encargado de negocios dominicano, Héctor Inchaustegui, vinculaba esa dimisión a los planes conspirativos que el alto funcionario cubano había comandado:


Se cuenta por ahí que cierto día llegó el Ministro de Estado al despacho del Presidente y le significó que el asunto dominicano no podía llevarse más adelante. Llovía sobre mojado pues se dice que desde Río el embajador Belt le había afirmado lo mismo. Poco después el Jefe de Estado cubano daba órdenes a la Jefatura de la Policía, en la persona del Comandante Salabarría para ser más exactos, para iniciar una acción decisiva contra los revolucionarios. Cuando se le manifestó que se iba contra los intereses del Ministro Alemán el Presidente dijo que ese era un aspecto solucionado. Y a la calle salió entonces la versión de la renuncia de Alemán, que se ha quedado en licencia, pero que indica que no se andaba muy descaminado.

                                                              (…)

Hoy se dice que los campeones contra Alemán han sido Genovevo Pérez Dámera y Carlos Prío.4


Resultan altamente significativos los detalles que aquí se revelan, en primer lugar, como a partir de las criterios de altos funcionarios de la cancillería cubana-el Ministro de Estado González Muñoz y el embajador cubano en Estados Unidos, Guillermo Belt- se había tomado la determinación de desmontar en forma gradual la expedición revolucionaria, que era la esperanza de libertad para los dominicanos y había costado tanto sacrificio, energías y recursos.

En segundo lugar, como a Salabarría, al frente de la Policía Secreta, se le ordena “una acción decisiva contra los revolucionarios”, posteriormente se produjeron los “Sucesos de Orfila” donde cayó Emilio Tro ultimado por Salabarría, al respecto pidiéramos preguntarnos: ¿ Este asesinato formaba parte de esa estrategia?. Más adelante podremos comprobarlo.

Anteriormente pudimos apreciar que la Policía Secreta cubana, dirigida por Salabarría, le estaba mandando informes falsos a la inteligencia norteamericana para reforzar la idea de que la conspiración se extendía hasta Haití. También podemos apreciar que la licencia concedida a Alemán es un acto estudiado para sacarlo de circulación y así evitar colocarlo en una situación embarazosa con los conjurados en armas. A partir de ese momento Alemán dejaría de actuar como mecenas orientador de la operación expedicionaria, él era el magnate que distribuía el dinero entre los jefes de las bandas gansteriles o grupos de acción.

Así también se superaban las contradicciones que Alemán tuvo con Genovevo y Prío. Todavía no hemos podido establecer bien la posición de Prío y las razones de su enemistad con Alemán.

La postura de Guillermo Belt como embajador en Washington y representante de Cuba a la Conferencia de Río de Janeiro resultó importante. Previo al comienzo de dicha conferencia, el 18 de agosto circuló un cable de UPI desde La Habana admitiendo que los cubanos se estaban preparando para enfrentar las posibles denuncias del régimen de Trujillo acerca de la invasión que se preparaba desde tierra cubana. Se tenía entendido que la diplomacia dominicana amenazaba con llevar la disputa con Cuba al pleno de la asamblea y estaba gestionando la conformación de una comisión investigadora por varios países americanos.5

Según el embajador peruano en Ciudad Trujillo, todo parece indicar que la delegación norteamericana presente en Río de Janeiro pudo haber propuesto someter a análisis el conflicto cubano-dominicano y proceder a conformar una comisión investigadora de las reclamaciones.6 Aunque se pudiera demostrar que dicho asunto se manejó más bien como una amenaza a los delegados cubanos para hacer que estos se comprometieran a que su gobierno desmantelara la expedición revolucionaria en Cuba. De ahí que el embajador de Trujillo en La  Habana, Inchaustegui, calificara a Belt y González Muñoz entre los que aconsejaron a Grau que el asunto dominicano “no podía llevarse más adelante” y por tanto era preciso pasar a demoler todo el entramado conspirativo que se había conformado.

Durante una reunión en el Departamento de Estado el 27 de agosto de 1947 sobre la Conferencia de Río de Janeiro con la presencia, entre otros, del Canciller dominicano Arturo Despradel y el Secretario de Estado norteamericano, General Marshall, quedó evidenciado que tanto Washington como Ciudad Trujillo estaban actuando conjuntamente para el éxito de esa reunión. Despradel dirigiéndose a Marshall y a los otros funcionarios presentes, expresó: “los dominicanos no harían nada que de alguna manera pudiera obstruir el trabajo de la conferencia y que por esa razón, aunque tenían discrepancias con Cuba, de las cuales suponía que ya estaba consciente, no presentarían este asunto a la conferencia”.7

Por tanto, había como un “pacto de caballeros” para que los norteamericanos fueran los que se entendieran con los cubanos a cambio de que los dominicanos no crearan un escándalo en la conferencia con el problema de la expedición de Cayo Confites, si bien durante la cita continental los dominicanos, de una manera u otra, se mantuvieron chantajeando todo el tiempo a norteamericanos y cubanos.

Un cable desde Río de Janeiro el 29 de agosto daba cuenta que el pedido dominicano de una comisión investigadora era similar a la acusación que Grecia presentó a las Naciones Unidas contra sus vecinos y  motivó el envío de una comisión investigadora.8 Por cierto, en el curso de ese pleno regional tendría eco uno de los reclamos más claros de los exilados dominicanos, y por esta vez Angel Morales estuvo más atinado:

“Naciones americanas encuéntrense reunidas Río de Janeiro con grandes profundos objetivos que no podrán cristalizar mientras exista un solo país hemisferio estrangulado por horrores totalitarismo. Si  pueblo dominicano derroca Trujillo, habrá destruido mayor obstáculo éxito conferencia Río”.9

Pero los Estados Unidos estaban prestos, no para derrocar a Trujillo y sí para derrumbar la expedición revolucionaria.

Citas y notas

1-Telegrama Norweb, 23 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Los Estados Unidos y Trujillo. Colección de documentos del Departamento de Estado y de las fuerzas armadas norteamericanas. Tomo II (1947) .Santo Domingo, Editorial Fundación Cultural Dominicana, 1982, p. 630-631.

2-Carta de Emilio García Godoy 24 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Ob. cit., p. 630-631.

3-Telegrama Norweb, 25 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Ob. cit. ,p. 632-633.

4-Informe Legación dominicana en La Habana, 25 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Ob. cit.,  p. 651.

5-Resúmenes de prensa, 18 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Ob. cit.,  p. 587.

6-Informe Butler, Ciudad Trujillo 22 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Ob. cit., p. 625-626.

7-Memorandum conversación Departamento de estado 27 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega . Ob. cit,  p. 647-648.

8-Resúmenes de prensa, 29 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega . Ob. cit., p. 654.

9-Comunicado Secretaria Relaciones Exteriores dominicana, 19 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega . Ob. cit., p.606.

 

Editado por: Dino Allende