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Las exitosas tentativas de Alberto Marrero

Marilyn Bobes, 11 de noviembre de 2015

La existencia, sus interrogantes y la relación entre el sujeto lírico y el mundo que lo circunda son los motivos fundamentales del poemario Las tentativas, con el que Alberto Marrero obtuvo el Premio de Poesía Nicolás Guillén y que puede encontrarse en la red de librerías de la capital cubana.   

Se trata de un libro en el que el Jurado que le concedió el galardón destaca la conjugación del conocimiento de experiencias personales y la constante reflexión existencial con un lirismo sobrio y nítido.   

Y es que Marrero es un indagador de lo cubano, como el misterio del que nos hablaba Lezama Lima, y no se pierde en la irreverente inconformidad de las cosas que le resultan difíciles de asimilar si no que va a esa condición racional cercana a lo filosófico sin perder un ápice de emotividad.    

Este maridaje entre sentimiento y pensamiento es el que otorga a Las tentativas ese nivel de seducción que aspira a descifrar todo lo que no se explica y, sin embargo, sucede.   

El poeta quiere, según ha expresado, comunicarse sin caer en la tontería, y en este ejercicio explora en la profundidad de lo cotidiano sin temor a utilizar como materia del poema las situaciones menos frecuentadas por la mayoría de los cultivadores del género, haciendo suya esta sentencia de Pier Paolo Pasolini que figura como exergo del cuaderno: “Las cosas que parecen más justas y simples ¿no son, en definitiva, las que se revelan más oscuras y difíciles?”.       

De esta manera Las tentativas es un libro complejo que puede parecer, a primera vista, una crónica de la ciudad o un diario íntimo, pero que gracias a la facultad de instalarse en otra dimensión que no es la convencional supera sus temas con un poder de sugerencia que lo vuelve polisémico y singular.      

Marrero ha confesado que el volumen es el resultado de un “largo proceso de escritura y maduración existencial que abarcó unos cinco años”.      

Yo he tenido la suerte de ver hacer y deshacerse las diferentes versiones en las que el poeta ha trabajado con el rigor de los que no se conforman fácilmente con los primeros resultados.    

Muchos textos de este volumen conforman ahora otro poemario: el salto mortal de la escritura con el que su autor obtuvo el premio Alexandra Pizarnik, una excelente muestra también de las cualidades líricas de un poeta al que no dudo en situar entre los mejores del momento actual.    

En el cuaderno ganador del Guillén se observa menos el habitual y muy fructífero diálogo de Marrero con la propia literatura, pero esta falta no deja de evidenciar la vasta cultura de su autor cuyas influencias siempre pasan por el tamiz de una personalísima visión de los asuntos tratados.     

Aunque Alberto Marrero no considera a la literatura un ejercicio de torneo, los numerosos premios de que se ha hecho acreedor tanto en su narrativa como en su poética confirman la validez de sus propuestas siempre al margen de las modas.       

Sus modos de expresión se corresponden con la apelación a todos los recursos tropológicos y conversacionales con tímidos y siempre bien dosificados atisbos de una antipoesía convertida en factor de sorpresivos alcances, al estar entrelazada con un mundo interior que tamiza y engrandece las descripciones y enunciados.       

En un momento en que la poesía cubana abunda en estilos y recursos a veces demasiado reiterativos el lector agradecerá unos textos que no se parecen a los de nadie y que conforman una cosmovisión muy cercana a la realidad y, al mismo tiempo, muy personal, tan personal que, por momentos, resulta sabia y enriquecedoramente delirante.   

Sólidamente estructurado en secciones hay, sin embargo, una unidad estilística y conceptual también poco frecuente en un libro de poemas.     

Los textos tienen el encanto de la sorpresa, de abrir nuestras mentes y nuestros corazones hacia otra dimensión en la que el emisor nos sorprende y nos invita a ver la realidad de otro modo, con todas sus asociaciones y preguntas sin respuesta. Porque pienso que uno de los objetivos fundamentales de Marrero es interrogar.      

Evocaciones que se mezclan con el presente nos conducen a una trayectoria vital marcada por la transformación tanto del sujeto como de su entorno. Todo ello sin guiños nostálgicos ni lamentos vanos. El equilibrio es una de las virtudes de un autor que armoniza perfectamente sus emociones con su pensamiento cargado de conjeturas y de profundidad.     

Bien merecido entonces este Premio Nicolás Guillén. Vaticino que no será el último para este poeta de pura raza que si bien no se propone convencernos llega a hacerlo gracias a su absoluto dominio de un oficio que viene respaldado por un talento inusual.