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El oleaje interior de Sergio Cevedo

Marilyn Bobes, 09 de diciembre de 2015

Un libro donde el lenguaje y las múltiples metáforas y evocaciones yuxtapuestas del mundo interior de los personajes son los protagonistas, es La gran ola de Kanagawa, de Sergio Cevedo, ganador del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2015.   

Lo primero que sorprende en estos relatos es su originalidad. Acostumbrados como estamos a que la cotidianeidad y la sociología sean la pauta predominante en la narrativa actual, volúmenes como este y otros que van apareciendo en las librerías cubanas permiten pronosticar una saludable vuelta de hoja en las temáticas de la literatura de ficción digamos de los últimos dos o tres años.       

Sin embargo los cuentos de Cevedo trascienden ese giro y parecen transitar por un camino nuevo, no solo por sus argumentos sino también por ese nivel de una prosa construida a partir de un vocabulario rico, una sintaxis de difícil lectura y una cosmovisión que, salvo leves pinceladas locales, apela a una universalidad que mucho tiene que ver con la profundidad del pensamiento.       

Tal profundidad es llevada a unos extremos en los que resulta aventurado predecir conductas o visiones trilladas de lo que, comúnmente denominamos la realidad.     

Un mundo de seres marginales, más por sus peculiaridades psicológicas que por sus conductas sociales, recorren el entramado de La gran ola… mostrándonos con alta pericia técnica asociaciones e irrupciones temporales que comunican mucho más que la anécdota. Esta, dicho sea de paso, es quizás lo menos importante en el discurso de Cevedo.    

Hay aquí relatos impresionantes como el que da título al libro, o “De regreso a la casa” o “La cicatriz”, donde el nudo y el desenlace se manifiestan con una independencia tal que el lector solo alcanza a descifrar los códigos del escritor en el hedonista placer de disfrutar de un cuento que en ocasiones solo nos habla de sensaciones y reflexiones llevadas hasta la saciedad, involucrándonos en ese detallismo síquico que nos hace mirar desde ángulos inéditos los más simples o los más complejos acontecimientos del impenitente observador.    

En este caso el observador es el que narra pero siempre a través del personaje que el autor ha escogido para hacernos valer esa acuciosa mirada del entorno, siempre sorprendente al mismo tiempo que sumergida en la corriente subterránea reafirmada en la sospecha de que la historia es mucho más complicada de lo que la escritura puede abarcar.     

Especialista del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, Cevedo despliega en este libro todo el alarde tecnicista que constituye el andamiaje de una narración. Pero lo hace siempre desde una posición donde las costuras del corpus son apenas evidentes. Y he aquí una de sus virtudes como narrador.    

A contrapelo de lo que se nos sugiere en la contratapa, no considero que haya en este libro alegorías ni fantasías de ningún tipo como no sean las que emanan del mundo secreto y perceptivo de los personajes, cuyas claves pudieran confundirse con algún tipo de enajenación.   

Solo se trata, a mi entender, de una mirada diferente a una circunstancia a la que raramente tratamos de aplicar los rigores del intelecto.    

En el libro hay también una alta dosis de cultura muy bien asimilada y siempre puesta en función de lo novedoso, tanto en términos de lenguaje como de codificaciones inesperadas.     

Los relatos de Sergio Cevedo son densos y no aptos para ese lector hembra del que nos hablaba Julio Cortázar. Requieren de un alto nivel de participación de quien se acerca a ellos y nos proporcionan, sobre todo, el placer de una lectura que debemos descifrar a la manera de un palimpsesto en el que se inscribieran sucesivas capas de significantes y significados.     

Libro difícil pero de un superior nivel de reflexión este que, con justicia, se coronó con uno de los más prestigiosos galardones de la literatura nacional.    

Hay que agradecer a Sergio Cevedo este giro que, con sus cuentos, ofrece al panorama viciado de sociologismos y testimonios en que ya se iba convirtiendo la narrativa cubana , reseca en los noventa del siglo pasado.     

La gran ola de Kanagawa es, sin lugar a dudas, un ejercicio de inteligente rigor que nos deja el sabor de una inmersión inesperada en uno de los géneros más difíciles de la ficción, y que se va abriendo paso en el mundo a pesar de su proverbial irrentabilidad.