La negociación del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1934 entre Cuba y los Estados Unidos (IV)
Las gestiones para negociar un nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial comenzaron durante el desempeño de Jefferson Caffery como embajador estadounidense en La Habana. El 2 de marzo de 1934 el Presidente Franklin D. Roosevelt dirigió un mensaje al Congreso norteamericano para que lo autorizara a celebrar tratados de reciprocidad sin que fuera preciso su ratificación por esa instancia de poder.
Roosevelt fue convenientemente autorizado y el 3 de junio el Departamento de Estado anunció el comienzo de las conversaciones con Cuba. Por otra parte, el 18 de julio fueron nombrados por la parte cubana el propio Cosme de la Torriente, como Secretario de Estado, el ingeniero Carlos M de la Rionda (Secretario de Agricultura) y Gabriel Landa, de Hacienda; para iniciar las negociaciones del nuevo acuerdo comercial.
Los comisionados cubanos estuvieron asesorados por representantes de las diferentes corporaciones económicas. Las delegaciones cubana y estadounidense se reunieron en el Hotel Nacional bajo la presidencia de Cosme, quien se sintió satisfecho con este convenio en tanto ofreció una rebaja de los aranceles preferenciales al azúcar del orden del cincuenta por ciento. Sin embargo, la existencia de una cuota inferior a la solicitada limitaba las posibilidades de expansión a la industria azucarera cubana. 1
Al concluir las negociaciones en La Habana, una representación de funcionarios cubanos que participaron de las mismas fueron invitados por Roosevelt para que el 24 de agosto de 1934 firmaran la versión definitiva del nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial en Washington.2 Al día siguiente Torriente sostuvo con el presidente Roosevelt una entrevista que él mismo calificaría como “en extremo interesante”.3 Durante la estancia que realizó en los Estados Unidos, los grupos de poder norteamericanos con intereses en Cuba manifestaron el deseo de beneficiar sus negocios mediante el orden y la paz en la isla. Al regreso de su periplo por tierras norteñas dio a conocer a la prensa cubana los resultados de sus encuentros con empresarios, banqueros y prensa estadounidenses a quienes les solicitó dieran oportunidades a la recuperación económica:
Les pedí que procuren facilitar, en sus establecimientos y fábricas de Cuba, trabajo abundante y bien remunerado durante todo lo que queda de tiempo muerto este año (…). Pedí a los banqueros que abran créditos suficientes para la preparación de la próxima zafra. (…). Les expresé, asimismo, que el medio más seguro de cooperar al éxito de esos propósitos, consistía en que el capital ayudase al gobierno a desenvolver la justicia social en una forma completa, de modo que con el respeto a los derechos de las clases capitalistas se respete también el derecho del obrero a un trato mejor.4
El carácter reformista de estas declaraciones demuestra el interés de ciertos sectores de la oligarquía por superar la crisis y atenuar las asimetrías sociales que impulsaban la revolución radical en los niveles subalternos de la sociedad cubana. Sin embargo, durante el curso de las negociaciones, la parte cubana hubo de enfrentar la presión de las corporaciones económicas que exigían cerrar cuanto antes un acuerdo en vistas de la situación crítica que enfrentaba la economía.
Las corporaciones, como bien lo plantea Oscar Zanetti, estuvieron lejos de aconsejar firmeza a la delegación oficial y esta terminó aceptando un arreglo muy lejano al previsto inicialmente.5 La única ventaja obtenida, como resultado de la reducción al arancel azucarero, favoreció ganancias algo superiores a las que en ese momento se podían obtener en el mercado mundial dando lugar a lo que se conoció como el “preferencial norteamericano”, generador de no poca dependencia hacia el mercado estadounidense. Además de ello, Washington pudo tener las tres cuartas partes del mercado cubano a su disposición.
El saldo que dejo el Tratado de Reciprocidad Comercial fue mucho más beneficioso para los Estados Unidos que para Cuba, en un informe de la dirección comercial de la Secretaria de Estado cubana del año 1938 se reconoce que la lista de los productos cubanos originalmente beneficiados se redujo y ni siquiera se le reconoció a Cuba una cuota azucarera mínima “quedando esta al libre albedrío del poder ejecutivo”; en cuanto al tabaco “fue suprimida la rebaja arancelaria concedida”. Por otro lado, el informe reconoce que los productos estadounidenses de importación habían crecido en un 293 % comparados los del año 1937 con los de 1933.6
Citas y notas
1-Según Torriente la delegación estadounidense estuvo conformada por miembros de su embajada en Cuba.
2-La delegación cubana estuvo conformada, además de Cosme de la Torriente que actuaba como Secretario de Estado, por Angel Solano, Jefe de la Dirección Comercial de la secretaría de Estado, Gabriel de la Campa, jefe del gabinete particular de Torriente, Pedro Rodríguez Capote, Secretario de Legación así como de María Luisa de la Torriente, hija de Cosme. Aunque no estuvo en la delegación, Torriente agradeció grandemente el asesoramiento que le ofreciera el experto Aurelio Portuondo al embajador cubano en Washington, Manuel Márquez Sterling. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938. Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno. Brasil, 153 al 157. 1939. p. 413-414.
3-Ibídem. Desconocemos hasta el momento los tópicos de esa conversación.
4-Problemas cubanos, declaraciones publicadas en los principales periódicos de La Habana, el 11 de septiembre de 1934. Ver fuente citada en la nota 2, 153 al 157. 1939. p. 286-287.
5-Oscar Zanetti. Los cautivos de la Reciprocidad. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2003, p. 118-119.
6-República de Cuba, Secretaria de Estado, Dirección Comercial: Informe confidencial. “Consideraciones relativas a las negociaciones del Tratado de Reciprocidad Comercial firmado entre Cuba y los Estados Unidos de América el 24 de agosto de 1934 y conclusiones deducidas de sus efectos hasta el año de 1937”. Abril de 1938. Nota: La cláusula octava del informe refería: “Que mientras la letra del presente Tratado, garantiza a los Estados Unidos la parte del mercado de importación del que disfrutan actualmente, (70 %) constituido por miles de distintos artículos, a precios remunerativos, la propia letra de ese mismo tratado, NO GARANTIZA A CUBA:
a)los actuales derechos arancelarios al azúcar.
b)Una cuota de importación fija para nuestro azúcar.
c)Un precio, para nosotros remunerativo, para dicho azúcar.
d)Los beneficios al tabaco y sus derivados, que fueron estipulados en la época de su firma.
e)El que no se cambien los impuestos internos a que puede ser sometidas nuestras importaciones en aquel país, por los gobiernos de los distintos Estados, anulándose así los beneficios que representan los adeudos que se encuentran consolidados.
Editado por: Dino Allende