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Presentacion de Cómo un cristal temblando de Lilian Alvarez

Marilyn Bobes, 12 de julio de 2016

Estremecedor, ajeno a cualquier tendencia dentro de la actual poesía cubana y solo apto para los que buscan en la poesía un compromiso a toda prueba con la autenticidad, es el poemario Como un cristal temblando, de Lilian Alvarez que la editorial Cubaliteraria presenta a los lectores cubanos.

La autora de este singularísimo y complicado volumen de versos es, desgraciadamente muy poco conocida, tanto para los poetas como para los crítica de la Isla, pero su trabajo con la palabra, me atrevo a afirmar, está a la altura de las más destacadas voces que los precarios cánones construidos para la lírica actual de nuestra nación han querido incorporar.
    
Y es que como su autora confesara a Luis Eduardo Aute, prologuista que ha sabido interpretar muy bien los principales rasgos de este cuaderno, ella escribe versos “como un modo de saber qué me pasa, cuando siento algo raro dentro de mí que no me logro explicar”.
    
Tampoco sus poemas consiguen este propósito puesto que más que explicaciones ellos expresan, a mi entender, sensaciones metarreales, difíciles de llevar a la hoja en blanco si no se tiene el poder de convertir en resplandecientes metáforas todo un mundo interior angustioso y desordenado.
 
El lenguaje que fluye con eficacia y desaforado, acaba por conmover al lector desde un ángulo impredecible, donde la enajenación y hasta un cierto toque de irracionalidad son distintivos fundamentales para una poetisa (o poeta) que intenta desnudarse corriendo todos los riesgos de una  aparente incomunicación (si es que se intenta encontrar una lógica a esta sucesión  de dudas y desasosiegos que son, al fin y al cabo, los elementos de la poesía pura a la que se refiere Aute en la introducción ya mencionada).
     
Dividido en tres secciones de indiscutible unidad (Ni el aire ni el espejo, Cuando alguien me llamaba y Después del punto de cerrada sombra) que se corresponden con los tres libros de la autoría de Älvarez, este poemario nos ofrece una cosmogonía sin referentes en el actual panorama de nuestra literatura al tiempo que consigue establecer con el receptor una sensación de distancia o de impenetrabilidad que solo puede ser superada por el poder avasallador de sus imágenes.
      
Hay mucho de la tradición francesa en esta autora aunque dudo de que se trate de influencias. Pienso que podríamos hablar más bien de confluencias y de un modo de decir que recuerda el lenguaje de la música en tanto que la palabra no le es suficiente para trasmitir todo lo que  ve a través de un espejo en el que no parece sentirse reflejada.
     
Aute señala en estos poemas “un indisimulable discurso afín al surrealismo. Y, en efecto, en muchas ocasiones nos parece asistir a la narrativa de un sueño más que a una experiencia de la vigilia. Pero creo que esta es la manera en que la emisora codifica la realidad, una realidad que parece rebasarla y ante la que se siente indefensa como ese cristal que tiembla y amenaza con hacerse pedazos.
      
Los poemas, escritos en su mayoría en prosa, saben sintetizar con enumeraciones sorprendentes y alucinantes, esas relaciones difíciles entre el yo y su entorno, como si la escritora quisiera defenderse de ese mundo “de afuera” que atenta contra su intimidad.
    
Poesía intimista, donde los elementos de la naturaleza (animales, fenómenos naturales y paisajes) se conjugan en una rara armonía con esos estados raros, sin explicaciones de los que Lilian Álvarez hablara a su prologuista.
     
A él también confesó: “con tanto placer—y dolor—que me causa la escritura, entiendo ese acto como algo íntimo, muy personal, casi terapéutico y solo en pocas ocasiones decido compartir su resultado con otras personas”.
   
Ese, “su resultado”, es, en primer lugar la autenticidad que rezuman los textos de Cómo un cristal temblando pese a las dificultades que encontrará el lector si intenta decodificar esta poesía incodificable o encontrar en ella reflexiones o respuestas al permanente estado de incertidumbre que nos plantea.
    
Porque como bien nos dice Lilian: “dentro nos (y este “nos” podría convertirse en me) habitan solo sombras, silencios, dudas, dentro no se oye a los otros, no se oyen las preguntas que los otros hacen de sus ecos”.
      
En otro poema ella misma se define como “multiplicada y herida”, “pública y callada” y quienes la conocemos sabemos que no miente. Siempre cuando estamos con ella nos invade esa sensación de que tras la trivialidad de algunos encuentros se refugia en sí misma para acceder a sitios a los que los otros nunca llegaremos.
     
Yo, que en algún lugar he manifestado mi enemistad con la poesía que últimamenmte llega a mis manos, me he sentido reconciliada con el género al leer un libro como este. Y no tengo dudas de que se trata de una poesía intensa, que deja huellas quizás un poco dolorosas en quien las lee pero que cumple con los requisitos que debe reunir un poeta para que su obra encuentre una  verdadera resonancia.
     
Y a pesar de esa cualidad un tanto hermética de la autora, creo que muchos compartiremos esa especie de contradicción entre lo que se espera y lo que se recibe, tan bien expresada en los versos que sirven de colofón a este poemario.
     
“Siempre soñé—nos dice la poeta-- que sería este un lugar para la luz, donde la música no cesaría nunca. Mas no hay nada solo un viento frío que me llega en ráfagas y soledad, la soledad”.
    
Al fin de cuentas ya lo dijo de otro modo ese extraordinario poeta italiano que fue Salvatore Cuasimodo: “Cada uno esta solo traspasado por un rayo de sol, Y, de pronto, la noche”.
      
Al leer este volumen no debemos  temer a la noche metafórica que continuamente subyace como la parte más oculta de un iceberg en casi todos sus textos. A fin de cuentas, para todos, ella no tardará en llegar.

Editado por Heidy Bolaños