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El exilio dominicano en Cuba (1944-1948). Parte II.

Jorge Renato Ibarra Guitart, 29 de julio de 2016

Los exiliados dominicanos que sostenían una actitud insurreccionalista ya habían intentado planes para procurar armas a través del gobierno haitiano de Elie Lescot el cual había denunciado públicamente a la satrapía trujillista de preparar un intento de atentado personal destinado a derrocarlo del poder. La revista norteamericana Newsweek de 11 de diciembre de 1944 dio a conocer que “(...) el Presidente de Haití había elevado al gobierno de los Estados Unidos una formal acusación contra el Presidente Trujillo de la República Dominicana por haber intentado asesinarlo”.

Por otro lado, el agregado civil de la embajada estadounidense en Haití reportaba a sus superiores que el emigrado dominicano Juan Bosch, de estancia por ese país, había recibido una importante suma de dinero del ejecutivo haitiano para fines conspirativos. Consideraba que el odio existente entre los presidentes Lescot y Trujillo podría crear una situación complicada ya que “(...) las circunstancias parecen indicar que las relaciones entre los dos países continúan activamente malas”. Una nota del historiador Bernardo Vega indica que Bosch le confirmó personalmente haber recibido esos fondos para utilizarlo en la compra de tres aviones.1 Esta información fue ampliada en un informe del Agregado Militar en Haití donde estableció que Bosch fue recibido por Antoine Bervin, colaborador cercano del presidente Lescot y antiguo Encargado de Negocios de Haití en La Habana.2

La ira del tirano dominicano no se hizo esperar. Fue así que en marzo de 1945, alrededor de la conspiración dirigida por Eleuterio Pedraza para derrocar al gobierno de Ramón Grau, se encontraron indicios de que Trujillo le había ofrecido apoyo logístico y armamentos.3 Tras esta conspiración se sucedieron otras dirigidas a penetrar las filas del ejército cubano con lo cual se captó de manera secreta a su propio Jefe de Estado Mayor, general Genovevo Pérez Dámera. Al propio tiempo en los Estados Unidos un grupo de militares cubanos en retiro produjeron la conspiración de New Orleans la cual acopió un caudal significativo de armas que fueron incautadas por las autoridades norteamericanas.

Ante el fracaso de los intentos pacíficos por transformar la dictadura de Trujillo y teniendo en cuenta los continuos complots fraguados contra el gobierno cubano, el presidente Ramón Grau San Martín decidió apoyar al grupo de insureccionalistas dominicanos en un plan bélico que luego se conocería como expedición de Cayo Confites. A esos efectos Grau designó a su ministro de educación, José Manuel Alemán, para que diera cobertura y apoyo logístico al grupo de expedicionarios conformado mayormente por dominicanos y cubanos aunque también lo integraban miembros de otras nacionalidades.

Un grupo de exiliados residentes en Cuba entonces dirigidos por Manuel “Pipí” Hernández Santana, celebró varias reuniones para definir la postura que debían asumir respecto a la conformación de la expedición insurreccionalista. Se trataba de una organización que asumía posiciones  de izquierda dentro del exilio y recelaba de los miembros de la Junta Revolucionaria dominicana ya que “varios de ellos habían mantenido relaciones muy estrechas y negocios de explotación del pueblo con el mismo dictador, al que habían abandonado a última hora”. No obstante, esta agrupación finalmente acordó que sus miembros quedaban en libertad de integrarse a la expedición por su propia cuenta aunque Pipí Hernández confesó que él personalmente “no se quería sentir responsabilizado con las traiciones y las desverguenzas que podrían suceder”.4

Durante el año de 1947 tendrían lugar importantes cambios en el aparato burocrático de los Estados Unidos con lo cual aquellos ejecutivos que apoyaban un cambio radical del régimen trujillista como Spruille Braden, al frente de la subsecretaría de Estado para América Latina, fueron deplazados de sus cargos. Los cuerpos armados estadounidenses sostenían una postura favorable a las dictaduras latinoamericanas y para ellos resultaba providencial la designación del general George Marshall como Secretario de Estado. La conferencia interamericana de Rio de Janeiro convocada para mediados de 1947 resultó trascendental a la hora de definir el destino de la expedición de Cayo Confites, los Estados Unidos pretendían lograr la unidad de los países de las Américas en el  combate contra el comunismo internacional con lo cual era preciso apoyar las dictaduras. Comenzaba la política de “Guerra Fría” a escala internacional y las dictaduras latinoamericanas eran apoyadas en profundidad por Washington. El régimen trujillista demandaba de un suministro creciente de armas no solo para apoyar los operativos golpistas contra los países vecinos sino también para reprimir internamente a su pueblo y hacer frente a la justa rebeldía de los exilados. De esa manera quería presentarse ante los Estados Unidos como un aliado que debían respetar por su invulnerabilidad militar, económica y política. Al propio tiempo que le hacia peticiones formales a Washington para que depusiera el embargo de armas también lo desafiaba cuando coronaba con éxito operaciones de contrabando en diversas áreas del continente.

Estos hechos comprometieron la salida de la expedición de Cayo Confites ya que Washington presionó fuertemente al gobierno cubano de Ramón Grau para que impidiese la salida de la expedición. El general Genovevo Pérez Dámera, quien ya había dado muestras de simpatía hacia la dictadura trujillista y se había confabulado con militares estadounidenses, cumplió el propósito de detener a los expedicionarios comprometidos con el fin de la dictadura trujillista. El contexto histórico conspiraba contra la salida de la expedición, la “Guerra Fría” le había colocado obstáculos insalvables.En julio de 1948 la embajada dominicana en Costa Rica recibió informes de que un grupo de dominicanos, cubanos y venezolanos que habían estado en Cayo Confites tomaron participación activa en la revuelta militar que llevó al poder en Costa Rica a José Figueres . Entre los dominicanos se mencionaba a Julio Ornes Coiscou, Juancito Rodríguez, Miguel A, Ramírez, Amado Soler y Rafael Mainardi. Se informaba que precisamente el “Pelotón del Caribe” dirigido por Ornes y Juancito Rodríguez había tomado Puerto Limón, acción que determinó el cambio de gobierno. Las armas de los revolucionarios provenían de Cuba y Guatemala.5

 

Notas

1 Ver: “Informe de la División de Inteligencia”, Oficina del Jefe de operaciones navales, Departamento de Marina, 15 de diciembre de 1945. En: Bernardo Vega: Ob. cit., p.300.
2
División de Inteligencia Militar. Informe de Agregado Militar en Haití, 5 de diciembre de 1945. En: Bernardo Vega: Ob. cit., p.295-296 y 297.
3 Enrique de la Osa: En Cuba. Primer tiempo (1943-1948), Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1990, p.95
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4 Humberto Lamothe: “La verdad sobre Cayo Confites. Masferrer: chantajista y tránfuga” (folleto), S/E, S/F, S/P.

5 driana Sang Mu-Kien: "La política exterior del dictador Trujillo 1930-1960", en: La política exterior dominicana 1844-1961, tomo II, p.157.

 

Editado por: Nora Lelyen Fdez