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Fidel Castro y los partidos tradicionales de oposición ante la dictadura de Batista (I)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 09 de septiembre de 2016

El régimen de Fulgencio Batista, que se había consolidado en el poder tras la asonada golpista del 10 de marzo de 1952, tenía como enemigos no solo a los partidos tradicionales de oposición sino también a  las organizaciones revolucionarias emergentes que pugnaban por cambios de métodos de lucha y por una transformación más radical de la sociedad cubana. Después que en 1955 se fundara el Movimiento 26 de julio comenzaron a distinguirse las diferencias de esta organización con los partidos tradicionales de oposición en el enfrentamiento a la dictadura de Batista. A partir de 1955 los partidos de la oposición se adhirieron a los manifiestos de la Sociedad de Amigos de la República (SAR) los cuales procuraban una salida pacífica a la crisis política nacional mediante un entendimiento con el régimen del 10 de marzo. A continuación, pasaremos a analizar las posiciones del Movimiento 26 de julio ante las propuestas de la SAR mediante documentos que exponen sus perspectivas revolucionarias. Estos escritos  tuvieron  la firma de Fidel Castro Ruz, su máximo líder.

En mayo de 1955, antes del llamado que hiciera la SAR el 3 de junio para convocar a toda la oposición en pro de una salida electoral a la crisis cubana, Fidel hizo importantes declaraciones a la prensa. Cuando los periodistas le preguntaron si aceptaría ir a una solución electoral -salida que siempre promovieron los partidos tradicionales-, respondió: “Estamos por una solución democrática. El único que se ha opuesto aquí a soluciones pacíficas es el régimen. La única salida que le veo a la situación cubana es elecciones generales inmediatas”.1 Sin embargo, en julio de 1955 en un mensaje que le envía a la FEU, del cual fue portadora Haydée Santamaría, Fidel discrepaba abiertamente de la tendencia que predominaba en diversos sectores oposicionistas; analizaba la incongruencia de pedir elecciones generales al mismo gobierno cuya legitimidad se negaba.2 Esto podía parecer contradictorio con lo planteado por él con anterioridad, pero al analizar los artículos de Fidel de esos años debemos establecer la táctica que perseguía el M-26-7 ante las gestiones mediacionistas de la SAR. Al respecto, Fidel explicó en una entrevista en 1978:

Cuando nosotros salimos de la prisión, ya teníamos toda una estrategia de lucha elaborada. Pero lo más importante a nuestro juicio en aquel instante era demostrar que no había solución política, es decir, solución pacífica del problema de Cuba con Batista, pero teníamos que demostrar eso ante la opinión pública, ya que si el país se veía forzado a la violencia revolucionaria no era culpa de los revolucionarios, sino culpa del régimen. Entonces planteábamos que estábamos en disposición de aceptar una solución pacífica del problema mediante determinadas condiciones que sabíamos que no se producirían nunca. (…) Siempre estuvimos muy preocupados -y en eso influía también la tradición martiana- de que la guerra es el último de los recursos.3

El apoyo de Fidel a cierto tipo de salida electoral no se basaba en el convencimiento de que esa era la solución al problema cubano. Este apoyo se mantenía con la finalidad de demostrarle al pueblo que acordar un arreglo pacífico con Batista era utópico. Fidel Castro se proponía demostrar que los revolucionarios no estaban obcecados con la vía insurreccional. Ganarse al pueblo era lo que primaba en esta táctica, se debía evidenciar que para derrocar a la dictadura había sólo un camino efectivo: el de la lucha armada.

Sin embargo, en ese mensaje al líder universitario José Antonio Echeverría y a los estudiantes, Fidel manifestó lo que era su convencimiento más pleno y lo hizo de esa forma tan directa porque sabía que al estudiantado universitario no tenía nada que ocultarle. Estaba convencido de que la juventud universitaria como sector de la vanguardia revolucionaria, compartía plenamente sus criterios sobre la componenda que el régimen gestaba.

No todo el pueblo era capaz de reconocer en las gestiones de la SAR un camino incierto para acabar con la dictadura pues hasta entonces acaparaban la atención pública a través de todos los medios de difusión. Una buen parte del pueblo estaba todavía confundido y había que esperar que las maniobras de los políticos se fueran a pique para que la revolución pudiera tener el mayor concurso popular posible. Fidel consideraba  que los partidos tradicionales de oposición al tomar un derrotero equivocado y adherirse a la fórmula de la SAR, fracasarían rotundamente y su descrédito se acrecentaría, momento oportuno para obtener el apoyo popular, emprender la lucha armada y liderar la oposición política a la dictadura golpista.

En la medida en que perdieran prestigio los líderes políticos de los partidos de oposición con los continuados fracasos de sus fórmulas, la tesis insurreccional irradiaría más esperanzas en el pueblo. El Movimiento 26 de Julio no solo se proponía protagonizar los principales hechos insurreccionales en la lucha contra la dictadura sino obtener también la hegemonía política e ideológica. En enero de 1956, Fidel empezó a recoger los frutos de la táctica empleada, hecho que destacó cuando citó en un artículo las palabras del comentarista político Francisco Ichaso. “Los malversadores, aturdidos por los gritos de ¡Revolución! (…) han atendido las prudentes palabras de Ichaso en su ´Cabalgata Política´ de la Bohemia de fecha 4 de diciembre de 1955:

Fidel Castro resulta un competidor peligroso para ciertos jefes de la oposición que durante estos tres años y medio no han acertado a tomar una postura correcta ante la situación cubana. Esos jefes lo saben muy bien. Se sienten ya desalojados por el volumen que va alcanzando el Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la batalla antimarcista. La reacción lógica de los políticos ante este hecho evidente debiera ser enfrentar una acción política resuelta a la acción revolucionaria del fidelismo.4

Notas

1 “Una entrevista con Fidel Castro”, en : Moncada: motor de la Revolución, t. 3, p.348.
2 Sección “En Cuba”, en: Bohemia,  31 de julio de 1955, col 1, p.71.
3 “Realmente yo no pensaba estar allí quince años—“(fragmentos), en: Moncada: motor de la Revolución, t.3, p.351.
4 Fidel Castro: “! Frente a todos!”, en: Bohemia, 8 de enero de 1956, no.2, col. 1, p.89.

Editado por: Nora Lelyen Fdez